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Como Ulises intentando regresar a Itaca, la nostalgia oprime a Dennis Martínez. 

“Me duele ver al país así. Nunca esperé ser testigo de todo lo que he estado viendo a distancia, pero no indiferente. Eso nunca lo he sido. De pronto, nos parece que el país, severamente golpeado, no es de todos ¡Por Dios! ¿qué es lo que está pasando? Las imágenes de lo ocurrido permanecen tercas, como repitiéndose golpeando conciencias y corazones: ahí están esos chamacos valientes, ese reclamo cívico de democracia, la posición decidida y sacrificada de la Iglesia, la necesidad de un cambio en beneficio del presente y el futuro del país, algo que debe ser visto objetivamente por todos, incluidos los que gobiernan”, dice el tirador de Juego Perfecto, consciente de lo difícil que es buscar una solución perfecta con todo lo que ha pasado. Quisiera contribuir directamente pero… ¿cómo conseguir espacio y ser incidente?

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Todo parecía estar bien

 “Yo salí de Nicaragua rumbo a los 19 años, en busca del futuro que pude lograr estableciéndome como pelotero y dándole forma a una familia, aplicando correcciones, pero aún con el interés limitado por mi trabajo, nunca me desconecté de lo que ocurría en el país. Cuando salí en 1974, yo veía que todo estaba bien, pero no veía lo otro, de lo que me fui percatando aquí en Estados Unidos, es decir, la desigualdad, los vicios, las causas de una rebelión y me apenó ver los toros de largo, pero ¿qué iba a hacer en aquel momento? Cuando triunfó la revolución me sumé al optimismo de toda la gente, soñando con el 'ahora todo será diferente'. Fue algo excitante, aunque yo estaba con los Orioles, distante, pero siempre cercano. Por eso me alegró cuando el embajador de Nicaragua en Estados Unidos, Rafael Solís, me contactó en 1980 para formar parte de la gestión que llevó a los Orioles a Nicaragua. Cuanta satisfacción sentí al subir al montículo en el estadio de Granada, la ciudad en la que nací y vivía mi familia. Un momento sublime en que todos pensaban en poder estructurar otro país”, expresa Dennis, sin dejar de mirar el techo. Como siguiendo la trayectoria de aquel batazo de Chris Gwynn, en el Dodger Stadium.

Dennis Martínez durante la inauguración del nuevo estadio nacional que lleva su nombre, en 2017. Archivo/END

País difícil de gobernar

“Estuve al tanto de todas las dificultades que se vivieron en los años 80, preguntando y aprovechando las ocasiones de viajar a Nicaragua. No se me olvida que cuando los Orioles llegaron a León, la gente le gritaba al bus ¡gringos, go home! No era posible si se estaba tratando de ayudar, pero existía mucho rechazo. Durante esos años, escuché sobre distorsiones que se cuestionaban el delicado asunto del Servicio Militar, la agresión externa y los problemas de abastecimiento. Llegué para aquel juego entre veteranos contra Cuba y comprobé que la fiebre por el beisbol continuaba intacta más allá de las dificultades. Más adelante, observé el arreglo de adelanto de elecciones bien garantizadas, que permitió el ascenso de doña Violeta (Barrios de Chamorro) y su esfuerzo por la pacificación; después el doctor (Arnoldo) Alemán envuelto en tantas acusaciones de corrupción y el gobierno del ingeniero (Enrique) Bolaños, muy preocupado de los índices económicos. Fueron tres períodos en los que se habló de paz, desarme, crecimiento de la economía y otras cosas de utilidad, pero se descuidaron aspectos esenciales para el desarrollo de un país en lo formativo, en lo humano, en las oportunidades, en la mejoría de la sociedad. Nicaragua siempre ha sido un país difícil de gobernar. Lo dice la historia”, agrega en la exposición de su racha de pensamientos, más larga que las registradas de victorias con Orioles y Expos.

La reelección, ese problema

“En esos tiempos, conversaba con diferentes personas y me decían que todo iba bien, mostrando cifras económicas, construcciones y la agitación del comercio. Pero abajo, los problemas seguían y cuando Daniel (Ortega) regresa a la presidencia con el liberalismo dividido en forma insensata, pienso que la historia le está ofreciendo una excelente oportunidad para hacer historia. Eso no ocurrió por el empeño en aferrarse a los resortes de poder, superior a la posibilidad de democratizar Nicaragua. Y se procedió a la reelección, ese serio problema. En lugar de cambiar la mentalidad del nicaragüense, se dejaron atrás las leyes, lo ideológico se debilitó casi por completo, la dignidad fue carcomida y, lo que  es más  grave,  el deterioro  de los valores no pareció preocupar. Cuando se pierden los valores, una sociedad naufraga. Yo aprendí mucho sobre eso en mi familia, con los regaños y las orientaciones de mi madre. Los gobernantes deben tener esa misma tarea, para eso asumen responsabilidades. Es triste ver cómo los intereses de los políticos los hacen mirar hacia otros lados, donde se encuentran las conveniencias personales, sin importar las del país”, apunta, como cuando venía hacia el plato con esas curvas envenenadas.

Dennis Martínez. Archivo/END

Me impactó el estallido

“Hay muchas personas que consideré honestas, con criterio, incluso apropiadas para ser dirigentes de este país, pero que finalmente me decepcionaron por ese oportunismo antipatria que es tan dañino. Puedo citar ciertos nombres que no sorprenderían, pero prefiero no hacerlo por ahora. Soy de los que no se esconde para opinar, mucho menos si se trata de un tema tan doloroso como el de esta crisis. No querer soltar el poder es grave. Involucrados en una lucha de egos, se les olvida que se deben al pueblo. Por eso es prioritario entre tantas necesidades legales, lo de las reformas electorales. El estallido de abril nos hizo ver muchas cosas que no estaban ocultas, pero que no las queríamos ver. No es posible que se encuentren presos en forma injusta tantos nicaragüenses que desean un país mejor. Me impresiona ver su valentía y determinación. ‘Prefiero seguir en El Chipote que negociar mi salida’, dijo un muchacho recientemente ¿Cómo no se puede valorar eso y reaccionar? Lo mismo digo de la gente de la Iglesia. No se les puede exigir más. Han sido esenciales. Cuando vi cómo eran agredidos, me sentí tan mal que casi exploto. Yo soy cristiano, católico y sé lo que han significado los sacerdotes, como lo sabe todo el país”.

Dennis Martínez. Archivo/END

En ese momento emotivo, se levanta del sillón como si fuera a quitarse la gorra en el terreno para inclinarse, en un reconocimiento a la incidencia de la gente de la Iglesia, indoblegable.

Es obvio que se necesita un cambio

—Después de todo lo que has visto ¿se puede dudar al fijar responsabilidades del sostenimiento, crecimiento y falta de soluciones en esta crisis?

“No hay duda, porque la respuesta es obvia, como lo demuestran todos los señalamientos de organismos internacionales y de las personas conscientes. Sería tonto colocar eso a discusión…”

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—¿Si fueras Daniel Ortega, qué harías en este momento?

“Él es él y yo soy yo. Así que no puedo colocarme en su lugar, porque yo nunca hubiera llegado a este punto”.

Dennis Martínez. Archivo/END

—¿Qué le queda a Dennis Martínez a distancia, viendo el crecimiento de esta crisis?

“La esperanza de que se produzca una reflexión patriótica. Me resisto a creer que con lo apretada que está la situación, no se pueda conseguir un entendimiento”.

—¿Te agregás a los que consideran que se necesita un cambio de sistema?

“Por supuesto, eso se impone por el bienestar del país. Se necesita urgentemente. Nada es eterno, excepto Dios. Perder eso de vista es imperdonable”.

Cierro libreta y apago la grabación en el celular. Espero pasar algunas partes en Doble Play. Por ahora, el cambio de impresiones con el pícher retirado, pero capaz de seguir tirando strikes con sus señalamientos, ha terminado.