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Las mujeres de la familia Gutiérrez sienten que mueren día a día y señalan que es un martirio lo que viven desde hace 6 meses, cuando siete de sus parientes fueron trasladados a las celdas de la estación policial de Jinotepe, Carazo.

Antes de comenzar la entrevista con El Nuevo Diario se mostraron temerosas, revisaron que no hubiera nadie frente a la casa, cerraron las ventanas y comenzaron a reunirse en la sala las cinco mujeres y unos nueve niños. Todos portaban pulseras y cadenas de plástico.

Josefa Gallegos, de 50 años, recuerda que ese viernes, 10 de agosto de 2018, estaba frente a su casa con la venta de productos varios que oferta en el colegio Pedro Joaquín Chamorro, ubicado en Las Esquinas, Carazo, cuando la policía llegó en un operativo.

Josefa Gallegos, madre del policía antimotín.Óscar Sánchez/END

“A eso de las 8:00 a.m. miré que había muchas camionetas y eran policías, pero como el que no las debe no las teme, nosotros no le pusimos importancia. A las 9:00 a.m. llegó una patrulla policial y preguntó por mí en mi casa. Yo escuché y me acerqué, en eso me dijeron que iba detenida. Nos llevaron a todos los que estábamos en la casa, menos a una nuera que estaba recién criando. Ella se quedó con los niños atacados en llanto”, recuerda Gallegos.

Ella fue detenida por agentes de la policía y grupos armados no identificados, junto con seis miembros de su familia: su hijo, el policía antimotín Julio César Espinoza Gallegos, de 30 años; su esposo Alejandro Bermúdez López, de 40 años; su hija Lisseth Espinoza, de 32; su nuera Mildred Quintero, esposa del antimotín; y sus yernos Raymundo Gutiérrez y Wilmer Antonio Baltodano Salinas.

“Me agarraron, me montaron en la patrulla y también agarraron a mi hijo que estaba en la puerta. Cuando entraron a la casa se llevaron a mi esposo, que estaba viendo televisión; lo agarraron y le doblaron las manos como si fueran a quebrárselas. Nosotros no entendimos la violencia porque no hicimos nada malo, lo demuestra el hecho que aún estábamos en nuestra casa; simplemente nos agarraron por haber levantado una bandera azul y blanco, eso no es un arma. Mi hijo, el policía antimotín, fue detenido porque se negó a reprimir”, lamentó Gallegos mientras las lágrimas vuelven a su rostro.

Las tres mujeres fueron liberadas cuatro días después, la Policía no les presentó orden de captura, pero los cuatro varones quedaron presos y fueron trasladados el 15 de agosto a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Chipote.

“El mismo día que los trasladaron fueron llevados ante un juez, sin abogado defensor dispuesto por la familia y les realizaron audiencia en la que los señalaron de ser terroristas”, relata Josefa.

La acusación

Las mujeres buscaron el apoyo de la Comisión Permanente de Derechos Humanos (CPDH) y el abogado Julio Montenegro asumió la defensa de los cuatro acusados de nueve delitos que la judicial resumió en uno: terrorismo.

Los cuatro hombres, el antimotín Julio Espinoza, el triciclero Alejandro Bermúdez, el comerciante del mercado Oriental, Raymundo Gutiérrez y el agricultor Wilmer Antonio Baltodano Salinas, fueron declarados culpables y la Fiscalía pretende que les apliquen 20 años de prisión.

La situación legal del antimotín fue peor. La Fiscalía también lo acusó de traición a la patria y por este supuesto delito le quieren aplicar 3 años más de cárcel.

Julio Montenegro. Archivo/END

Mildred Quintero, esposa del policía, afirmó que cuando logró verlo en una de las audiencias, le dijo que se sentía decepcionado de la institución a la que sirvió durante 5 años.

“Me dijo que creía que no iba a aguantar, que lo habían interrogado una vez, pero que no lo golpearon, que insistían en preguntarle quiénes financiaban los tranques. Antes él me había dicho que los policías no mataban, pero luego se dio cuenta que la orden sí era matar porque sus compañeros le contaron y le decían que querían salirse, pero no les daban la baja”, relata Mildred, madre de dos varones de 10 y 16 años de edad.

Los cuatro ciudadanos siguen a la espera de la lectura de sentencia, la cual estaba programada para el 10 de diciembre de 2018, pero cada vez que el abogado pregunta, las autoridades judiciales le dicen que “no está lista”.

Se negó hacer “limpieza”

Josefa Gallegos rechaza las acusaciones contra sus cuatro familiares, especialmente contra su hijo, el policía antimotín, quien sirvió 5 años en la Policía.

Afirma que es falso todo lo que las autoridades atribuyen a su hijo para condenarlo. “Está preso, pero ante Dios él tiene limpias sus manos, eso es lo que más me enorgullece”.

Lisseth Espinoza, hermana del agente de la Policía y esposa de Raymundo Gutiérrez, denunció que la detención de su hermano fue porque “lo llamaron para el ‘plan limpieza’, pero él se negó; además, estaba de subsidio porque salió lesionado el 19 de abril en Monimbó, Masaya, donde le dieron una pedrada en la cabeza que lo dejó incapacitado y los médicos le dieron tres meses de subsidio”.

Dijo que su hermano debía entrar a trabajar el 13 de agosto, pero se lo llevaron preso el 10, porque desde antes le habían llamado para que se reintegrara.

Sobre Alejandro Bermúdez, afirma que es un hombre trabajador, que salía de su casa todos los días a las 7:00 a.m., a bordo de su triciclo, para conseguir dinero para la comida.

“A eso de las 10:00 a.m, me venía a dejar unos C$60 o C$70. Me decía tomá para que ajustés el almuerzo. Luego volvía a las calles a rebuscarla y regresaba con unos 100 pesitos, así luchábamos juntos todos los días por nuestra hija de 10 años”, relató Lisseth.

Admite que su esposo, cuando pasaba por los tranques, regalaba agua o gaseosas a los manifestantes antigubernamentales.

Es “absurdo” que digan que son “financiadores de los tranques”, porque “nosotros no somos personas de dinero ni nada de eso, lo que sucede es que somos personas humanitarias y mirábamos las injusticias”, comentó Lisseth.

Abusos en el penal

Espinoza, Gallegos y Quintero afirmaron que también deben lidiar con abusos en el sistema penitenciario. Por ejemplo, hace tres semanas se enteraron que la comida que habían llevado a los reos fue robada y echada a perder. 

Lisseth dice que ellos enviaron mensajes con otros presos que tenían audiencias, informando que en las galerías 16-1 y 16-2 los custodios entraron a buscar supuestas armas y se les llevaron las provisiones y algunas fueron revueltas con detergente y quedaron incomibles.

“La grosería que le hicieron de robarle los alimentos, de revolverle la avena, pinolillo y cebada con detergente, nos hizo salir corriendo para prestar dinero y volver a llevar provisiones, para que no pasaran hambre nuestros presos”, denunció la esposa de Gutiérrez.

Quintero, esposa del policía, cuenta que en una de las visitas, hace 2 meses, a su hijo de 16 años no lo querían dejar salir del penal. Desde entonces el muchacho sufre por no poder ir a ver a su padre, pues Julio César decidió que no lo volvieran a llevar para evitar que fuera apresado sin razón.

Añadió que, durante la visita del jueves 31 de enero, se enteró que los regalos que los reos dan a sus familiares ya no pueden ser azul y blanco. Se trata de pulseras, protectores de lapiceros y cadenas hechas con el plástico de las bolsas en que les llevan las provisiones.

Las mujeres de la familia explican que esos regalos los usan todos los días en forma de protesta, porque su familia fue fracturada. Mildred recibió de su esposo una pulsera rosada por el próximo Día del Amor y la Amistad; y una de las niñas de Raymundo recibió una mochila hecha de plástico, porque su padre lamentaba no haber podido comprarle una en el mercado.

Raymundo Gutiérrez, padre de cuatro niñas de 4, 12, 13 y 15 años, trabajaba como comerciante. “Mis tres hijas saben que su papá está preso injustamente, pero la pequeña no sabe, le hemos hecho creer que su papá está trabajando y cuando lo vamos a visitar le dice que no trabaje, que se venga, esos momentos son difíciles”, comentó Lisseth.

“Vamos a seguir exigiendo libertad por nuestros presos, lo hacemos donde podemos, lo hacemos dentro del penal y en las redes sociales, daremos todo por libertad hasta los últimos días de nuestra vida, y si nosotras faltamos, serán sus hijos los que los reclamen”, expresó.c