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Tiene 28 años de ser sacerdote y le ha tocado vivir en Masaya la crisis desatada tras las protestas de abril de 2018. El miércoles último fue retenido y agredido por policías y luego difamado en redes sociales afines al Gobierno, en las que publicaron una foto de él en la mesa de un bar rodeado de cervezas.

“Uno observa a este Gobierno y ve cómo ellos mismos están tan arrinconados por las demandas del pueblo nicaragüense y la comunidad internacional, que todo les sale mal… Hablan de cristianismo y atacan a la Iglesia; entonces no es creíble lo que hablan o prometen”, reflexiona el párroco Edwin Román, quien niega lo divulgado en esa campaña sucia.

“Yo quiero que no se vuelva a levantar nunca ni una barricada, que no haya ni un preso, ni un herido, pero sí, las veces que me necesite el pueblo a mí, ahí voy a estar en trabajo humanitario”, expresa el religioso en esta entrevista con El Nuevo Diario.

¿Ha vuelto Masaya a ser la misma, después de las protestas?

No está normal. Se refleja en el comercio, en muchos jóvenes que no quieren ir a estudiar. El folclor está ahí, guardado. En el mes de septiembre iniciaron las fiestas de San Jerónimo y la gente que tiene sus bailes no salió. Lo que pasó, nos marcó a toda la sociedad nicaragüense; al rico, al pobre, al que tiene el poder, al que estuvo en la barricada. Podemos decir que Nicaragua ya no es y no volverá a ser la misma desde el 18 abril (2018).

¿Cómo ve y siente Masaya, a varios meses de las protestas?

Al inicio, las familias, totalmente replegadas en sus casas. Muchos jóvenes se han marchado y el comercio está caído totalmente. En la mañana hay cierto movimiento, principalmente aquí frente a la iglesia (San Miguel Arcángel), que es la calle del comercio.

Los sábados hay movimiento, quizá porque viene gente de otros departamentos a hacer compras o visitas. Pero los otros días las actividades son muy bajas. En el Mercado de Artesanías tengo amistades que trabajan y me dicen que las ventas son nulas, pero, a pesar de eso les exigen que mantengan sus tramos abiertos y pagar mensualmente lo de la Alcaldía. Y si es el otro mercado (municipal), lo que se mueve más son los perecederos, comida. Lo que es ropa y calzado, hay pocas ventas. Hubo movimiento en la época de Navidad y ahorita, por el regreso al colegio.

El nivel de desempleo lo veo altísimo. Hasta tengo casos de feligreses que los han llamado en sus trabajos para escoger si sus empleos o la iglesia. Pero yo les digo, sigan trabajando, que hay que comer.

¿Cómo están los jóvenes en Masaya?

Algunos padres de familia me han expresado que ven a sus hijos mal. Cuando están saliendo del instituto o colegio, a la media cuadra están los policías rodeándolos. Pasan los jóvenes en medio de policías. Dicen los padres que da la impresión como que los chavalos estuvieran en la cárcel. Jóvenes, no veo la cantidad de antes; se han marchado, están escondidos en otras ciudades. Algunos vienen a la parroquia y veo una Masaya como más despierta. Llegué a un lugar a hacer unas compras y alguien me quedaba viendo y veía alrededor, y cuando no había nadie se me acercó y me dijo: padre discúlpeme lo vengo a saludar hasta ahorita porque no me quería comprometer. Hoy en día, siento que no es así, veo más despierta a la gente en las calles, con menos temor. Inclusive, yo había dejado de asistir a una clínica o visitar algunas amistades porque, por ejemplo, las veces que llegaba donde una familia o una persona, los vecinos de ellos que simpatizan con el sandinismo, ya decían que llegaba a hacer reunión o dejar bombas. En diciembre, hubo familias de Masaya que me trajeron juguetes o paquetes de comida para que le diera a la gente más pobre y recuerdo que el 24 de diciembre llamé a algunas personas de escasos recursos y vinieron a traer unos paquetes de comida. Al rato me enteré que ya estaban hablando que yo estaba dando bombas.

¿Se siente vigilado?

Siempre. Mi salida aquí en Masaya es ir a un supermercado, a pagar teléfono, ir a la farmacia, ir a una ferretería. Ya me acostumbré, pero no me molesta que mi vigilen, que me tomen fotos.

¿Se siente más amenazado con el evento que sucedió la noche del miércoles?

No me siento más amenazado porque estoy como siempre, desde que empezó esta crisis, es decir, desde que atendí el trabajo humanitario he sido asediado. A la iglesia vienen personas desconocidas a realizar grabaciones, me han retenido y me han golpeado; entonces, esto no me sorprende.

Edwin Román, párroco de Masaya. Archivo/end

¿Qué tipo de amenazas ha recibido?

Las amenazas y asedio han sido constantes, pero no dejo de salir porque me gusta hacer mis mandados. En diciembre, en dos ocasiones me tuvieron retenido como tres horas cuando iba para Rivas a visitar a un sacerdote amigo; y la otra cuando iba a un almuerzo, al que me invitó una familia. Esto no fue público, pero se lo comuniqué a los obispos y sacerdotes. En esa ocasión me liberaron porque llegaron unas personas a bordo de una camioneta blanca, sin placas y con una bandera roja y negra; aparentemente, ellos ordenaron que me liberaran. En otra ocasión cuando venía de Niquinohomo, mi pueblo, donde andaba en un taller arreglando una custodia. Fui perseguido por un motociclista, también venía una camioneta blanca sin placas con oficiales. Al comprobar que me seguían entré a Catarina y me metí varias veces en una misma calle, para comprobar que me seguían; entonces decidí bajarme y preguntarle al hombre por qué me estaba siguiendo. Solo me dijo: siga, siga, siga. Era un sujeto que portaba un pasamontañas bajo el casco.

La policía sacó un comunicado, en el que afirma que la noche del miércoles usted conducía en estado de ebriedad ¿es cierto? ¿Lo multaron?

Eso no es cierto. Yo no estaba en ningún lugar tomando licor, estaba en mi casa. Esas imágenes que según ellos son de ayer, son todo un montaje, demuestran que me persiguen y que como tienen maldad, tienen la creatividad; por algo le hicieron también un montaje al obispo (Silvio) Báez. A mí, ellos no me multaron, no me dijeron nada de una prueba de alcoholemia. Si fuera cierto que estaba conduciendo en estado de ebriedad, me hubieran multado y llevado por 12 horas a la estación policial para poder devolverme mi vehículo.

¿Por qué cree que le hicieron esto cuando se habla de diálogo?

A veces uno observa a este Gobierno y ve cómo ellos mismos están tan arrinconados por las demandas del pueblo nicaragüense y la comunidad internacional, que todo les sale mal. Por un lado hablan de cristianismo y atacan a la Iglesia, entonces no es creíble lo que hablan o prometen.

Padre Edwin Román. Nayira Valenzuela/END

¿Cómo cambió su vida después de la “operación limpieza” que hizo la policía en Masaya?

Desde ese evento me siento con más coraje, siento que mi vocación sacerdotal en el ministerio la estoy viviendo más consolidada, con más pasión. Siento que mi labor como sacerdote no solo se debe a Cristo, sino a la sociedad, más que nada en el contexto que estamos viviendo, todo bajo la palabra de Dios. Hay gente que piensa que uno está conspirando, porque me junto con el pueblo, más no saben que eso es amor al pueblo nicaragüense, jamás conspiraría contra nadie, porque mi labor es el servicio a Dios.

¿La crisis sociopolítica, cómo impactó en los Masayas?

Masaya es un pueblo católico. En tiempo de crisis, de guerra, tiempos difíciles, la gente busca a Dios. A veces hay mucha devoción. Incluso personas de la Iglesia protestante (evangélica) han venido y te puedo dar testimonio de varias personas que han venido siendo protestantes. Dicen que no vieron a sus pastores y sí a la Iglesia católica. Gente que se ha confesado, que ha querido su bautismo, es decir, han vuelto a la iglesia. Yo vi una realidad enfrente de mis ojos y abrí las puertas de la casa cural, vi tanta cantidad de jóvenes heridos, buscando agua para refrescarse de las bombas lacrimógenas. Después, al siguiente día recuerdo que vinieron unos muchachos diciéndome: padre, se llevaron a unos amigos de nosotros. O las mamás, diciendo: padre, a mi hijo lo echaron preso.

Poco a poco fueron viniendo los heridos, los estudiantes de Medicina, después llegaron las madres a interponer una denuncia porque no hallaban a sus hijos o porque estaban presos. Las personas que deambulan en las calles y que se quedaban durmiendo en el parque o el mercado, cuando había balacera se metían a la iglesia para refugiarse, se quedaban y se les daba comida. Si alguien moría, lo traían aquí y se llamaba a los familiares; ese fue mi apostolado humanitario. Jamás fue como se me ha querido incriminar a mí o la Iglesia, poniéndonos como golpistas. Yo quiero que no se vuelva a levantar nunca ni una barricada, que no haya ni un preso, ni un herido, pero sí, las veces que me necesite el pueblo a mí, ahí voy a estar en trabajo humanitario.

¿Cómo hará los próximos días, que coinciden con las fechas en que estallaron las protestas?

Normal. Jueves y Viernes Santo orando por Nicaragua, como lo hago todos los días. No se puede confundir liturgia, la iglesia, con otra expresión.

¿Qué pasaría si a usted le dicen que va a cambiar de parroquia?

El sacerdote es como el soldado del Ejército; donde nos mueva el superior, que es el obispo, tenemos que ir. Yo tengo 28 años de ser sacerdote y en Jinotepe estuve 17 años, aquí llevo 4 años, pero Masaya ha marcado mucho para mí.