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Ante la posible reapertura del diálogo nacional en Nicaragua, el Centro por la Justicia y el Derecho Internacional (Cejil) instó al Estado nicaragüense a reconocer la crisis de derechos humanos que afecta al país desde abril de 2018.

El Cejil pidió al Gobierno de Nicaragua poner bases sólidas y de respeto a los derechos humanos para la reanudación de un diálogo, porque “no pueden seguir existiendo” casos como el del campesino Medardo Mairena, quien “enfrenta condenas a partir de procesos irregulares, sin garantías al debido proceso”.

El organismo sugirió que las próximas negociaciones requieren la libertad de los nicaragüenses que están “detenidos injustamente”.

En ese sentido, el Cejil apoyó la posición del secretario ejecutivo de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), Paulo Abrão, de que “no es posible que en nuestra región tengamos y podamos aceptar que personas estén retenidas arbitrariamente, sin fundamentación”.

Por su lado, el relator para la libertad de expresión de la CIDH, Edison Lanza, valoró los esfuerzos de una posible reanudación del diálogo nacional, pero instó al Gobierno a cumplir con los principios recomendados por esta comisión y “liberar a los presos políticos, devolver medios privados y garantizar libertad de prensa y protesta”.

Paz y justicia

A nivel nacional, la iniciativa de diálogo fue apoyada por el Instituto Nicaragüense de Desarrollo (INDE) y el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep).

El INDE instó a todos los actores involucrados a realizar sus mejores esfuerzos para que esta iniciativa de entendimiento rinda los frutos anhelados por todos los nicaragüenses, y alcanzar el restablecimiento de la paz, la justicia y la democracia en Nicaragua.

Además, agradeció a la Iglesia católica por sus gestiones y disposición de seguir ejerciendo su labor de mediación para el restablecimiento de un clima de estabilidad y paz en Nicaragua.

La Asociación Nicaragüense pro-Derechos Humanos (ANPDH) advirtió, en conferencia de prensa desde Costa Rica, que para la reapertura de un diálogo se deben “presentar signos de buena voluntad”, que se podrían ver reflejados en acciones como el desarme de los parapolicías y la libertad inmediata de todos los manifestantes presos, bajo la verificación de todos los organismos internacionales.