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Bombi, el artesano costarricense que añora al Güegüense

Foto por: Mario Misael Centeno

Su casa está llena de figuras curiosas como amuletos, figuras indígenas, máscaras de diablos y objetos pequeños con formas de animales.

A Luis Fernando Vargas le llaman Bombi. Es un hombre que nunca ha visitado Nicaragua, pero conoce mucho sobre el Güegüense y las gigantonas.

A 22 kilómetros de San José, Costa Rica, está ubicada una pequeña ciudad llamada Barva. Está rodeada de cordilleras y goza de un clima fresco. Sus calles son peculiares porque hay máscaras en cada esquina. En lo alto, junto a las señales de tránsito, se pueden ver los “muñecos”.

Los habitantes dicen que es un pueblo de “mascaradas”.

Un artesano costarricense que se encarga de elaborar esas máscaras no solo contó la historia que guarda esa tranquila y pequeña ciudad de Costa Rica, sino que dijo estar obsesionado con El Güegüense y con las Gigantonas, lo raro es que nunca ha viajado a Nicaragua.

El artesano se llama Luis Fernando Vargas, pasa todo el año elaborando máscaras en su taller, llamado “Mascaradas Bombi”.

Su casa está llena de figuras curiosas como amuletos, figuras indígenas, máscaras de diablos y objetos pequeños con formas de animales.

El obrero de la creatividad vive a tres edificios de la Alcaldía de Barva, frente a la plaza central. Su mente no guarda la tranquilidad de su pueblo, ya que las ideas de monstruos mitológicos toman forma a través de sus manos sobre los materiales plásticos.

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Desde febrero inició a crear las decenas de mascaradas que serán usadas el 24 de agosto en la festividad de San Bartolomé, santo patrono de Barva.

En esa fiesta, los habitantes se disfrazan de diablos y de figuras llenas de colores. Bailan al son de las “cimarronas” que son bandas musicales muy parecidas a los chicheros de Nicaragua.

Vargas encontró muchas similitudes entre las tradiciones de su ciudad con las de Nicaragua, en especial con las gigantonas y los enanos cabezones, que son muy populares en León.

Él dice que las fiestas en Barva son muy parecidas porque se hacen disfraces y se baila al son de la música tradicional.

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“Desde los siete años elaboro máscaras. Antes las hacíamos en papel y ahora en fibra de vidrio. La tradición de elaborar las máscaras tiene 120 años en Barva, fue traída desde Cartago, con la pasada de la Virgen de los Ángeles. Tenemos el compromiso de mantener esa cultura”, explica el artesano.

Vargas dice estudiar mucho sobre las danzas, los trajes y los disfraces tradicionales en Centroamérica. Confesó que el Güegüense es la tradición que más lo ha impresionado en la región, no solo por la forma de las máscaras sino por el significado que tiene en la historia cultural de América Latina.

Este hombre tiene en el centro de su casa una colección de máscaras de todo tipo que ha traído de varios lugares de Costa Rica. Tiene tres máscaras del Guegüense, que sobresalen en el centro de una pared llena de figuras de animales, artes indígenas y amuletos.

“Lo que hemos podido investigar es que el Güegüense es la mofa a los reyes de España, es una forma de reírse sobre los españoles que vinieron a Centroamérica. Es la burla de la clase pobre. Lo que me gusta de las máscaras de Nicaragua es que son muy bien elaboradas, los nicas trabajan muy bien el papel y las formas que tienen son perfectas”, dijo Vargas.

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El artesano costarricense comentó que tiene muchos amigos de Nicaragua con los que intercambia conocimientos e historias sobre la cultura de ese país.

Vargas cuenta que atesora las miniaturas de máscaras del Güegüense, siendo su favorita la del Macho Ratón, cuyas figuras obtuvo porque sus amigos se las enviaron desde el país de lagos y volcanes.

“He tratado de encontrarme alguna figura sobre las Gigantonas, para tener en mi colección, porque me parece que es un excelente baile. Aquí en Costa Rica hay muchos nicaragüenses, ellos me preguntan sobre mi trabajo y me traen cosas de Nicaragua”, explicó el artesano.

El nombre del taller Bombi guarda una historia muy graciosa que data desde que Luis Fernando Vargas comenzaba la escuela, época en la que también inició a trabajar máscaras junto con su familia.

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“Cuando uno está en primer grado de la escuela empieza a escribir ideas sencillas. Me pidieron que escribiera el nombre del director de mi escuela y me confundí. Un compañero de clase me dijo: ‘Vos sos más cerrado que un bombillo’. De ahí me quedé como Bombi para toda la vida”, contó entre risas el artesano.

A Vargas le gustaría visitar Diriamba, León y Masaya, para conocer los talleres de los artesanos de Nicaragua.

Desea tener un acercamiento directo con quienes elaboran las máscaras del Guegüense. Le brillan los ojos cuando cuenta de que su sueño es ir a Nicaragua y traer una Gigantona para adornar su colección de máscaras y figuras tradicionales.