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Como si se tratara de lavar la oscuridad que el lugar encierra, todo ha sido pintado predominando el blanco y, quienes no saben la historia de la Loma, actualmente caminan por el adornado mirador de la laguna de Tiscapa admirando el bello paisaje, sin saber que bajo sus pies aún están los sótanos donde los gritos de dolor por tortura se han ahogado durante 85 años en la oscuridad.

En noviembre pasado las autoridades municipales, como oferta turística, inauguraron la remodelación del mirador, desde el cual se puede ver al norte el Lago de Managua, y al sur una linda cordillera, así como edificios.

Los visitantes seguramente no se percatan de que a unos cuantos metros, tras la valla oeste, al menos 50 personas denunciaban que padecían condiciones inhumanas y torturas en la Dirección de Auxilio Judicial (DAJ), mejor conocida como El Chipote.

La Loma de Tiscapa es una pequeña elevación de origen volcánico situada en lo que hoy es el centro de la ciudad capital, Managua. Conocido como la Loma, este sitio significa poder, pero también muerte.

Desde que fue poblada Managua, dada su posición estratégico militar, sus orillas siempre estuvieron rodeadas de complejos militares y en su cumbre, por 41 años, dominó el palacio presidencial y la casa del director de la Guardia Nacional.

Fue en 1894, durante la presidencia del general José Santos Zelaya López, que se construyó la primera fortaleza en este lugar, pero la elegancia llegó durante el gobierno del presidente José María Moncada, quien decidió construir en la cumbre su centro de gobierno.

La inauguración

Así, en 1931 Moncada inauguró un palacete de techos altos, con ventanales de arco, amplias escalinatas que conducían a la entrada principal, con dos leones de piedra para recibir a los visitantes que accedían a esta arquitectura con influencias árabes, coronada por el escudo de Nicaragua.

Decenas de personajes históricos estuvieron presos en El Chipote. Archivo/END

El orgullo que daba al gobierno esta casa presidencial se eclipsó apenas tres meses después de la inauguración.

El terremoto de 1931 sacudió con furia los cimientos y, si bien la estructura sobrevivió, las bases quedaron debilitadas, pero continuó en pie con algo de maquillaje.

Con el General Anastasio Somoza García en el poder, el llamado Palacio de La Curva fue la residencia del Jefe-director de la Guardia Nacional (GN), y es en 1934 cuando dio a construir los tenebrosos sótanos, destinados a infringir sufrimientos inimaginables a los opositores del régimen, mientras en la parte superior se hacían recepciones diplomáticas y grandes galas con la alta sociedad de la época.

Los sótanos estaban prácticamente bajo el edificio y más se les podría denominar como mazmorras, a las que se ingresaba por una escalinata de piedra que bajaban terminando frente a dos enormes puertas de madera. Las celdas, incluso, tenían algo de medieval, con las orillas frontales arqueadas con sus respectivos barrotes y pequeños ventanales.

Fue en 1894, durante la presidencia del general José Santos Zelaya López, que se construyó la primera fortaleza en este lugar, pero la elegancia llegó durante el gobierno del presidente José María Moncada, quien decidió construir en la cumbre su centro de gobierno. Cortesía/END

La funesta cárcel se destinaba principalmente para los enemigos del régimen, donde el hijo menor de Somoza García, el entonces coronel Anastasio Somoza Debayle, y otros militares de la GN, practicaron la tortura.

Los castigos no se limitaron a gritos y golpes de todo tipo, pues el “tratamiento” también incluía grandes felinos, que hambrientos rugían a los presos, quienes hablaban por temor a ser devorados.

Incluso existen fotos en las cuales el general Somoza García admira a estos animales, que consideraba sus mascotas.

Allí terminó un grupo de rebeldes que pretendieron retar a Somoza y ese 4 de abril de 1954 conocieron el dolor, tras fracasar en sus planes de emboscar al general en la Carretera Panamericana, cerca de Jinotepe, Carazo.

En esa ocasión uno de los célebres personajes de la vida política nacional fue alojado en esos calabozos: Pedro Joaquín Chamorro Cardenal. El periodista fue enviado a la Loma, posteriormente pasó por un Consejo de Guerra y lo condenaron a dos años de cárcel.

Con el asesinato de Somoza García (1956), Chamorro Cardenal volvió a ser detenido.

En sus memorias de los horrores que vivió durante su cautiverio en El Chipote, Chamorro Cardenal narra en su libro La Estirpe Sangrienta de los Somoza, como era el cuarto de costura, del Palacio Presidencial, llamado de esa forma porque la llave estaba sobre un letrero que así decía.

Pero en el lugar no había una máquina de coser, ni un canapé para la abuela, sino una serie de aparatos usados para la tortura, desde luces que quemaban la piel, palos, látigos, hasta aparatos para choques eléctricos, entre otras cosas.

La Dirección de Auxilio judicial fue trasladada este año a otro edificio. Archivo/END

El palacete no soportó la segunda sacudida del terremoto de 1972, y la debilitada estructura se vino abajo; pero los sótanos quedaron y continuaron funcionando.

Encima de donde estuvo "La Curva", Anastasio Somoza Debayle, ya convertido en general y en presidente de Nicaragua, construyó su famosa residencia. Se trataba de un moderno edificio de una sola planta y una extensa terraza.

Somoza Debayle también dio a construir un nuevo edificio, denominado "El Búnker", donde funcionó hasta 1979 la Escuela de Entrenamiento Básico de Infantería (EEBI), encargada de la formación de la fuerza élite de la GN.

Fue en 1894, durante la presidencia del general José Santos Zelaya López, que se construyó la primera fortaleza en este lugar, pero la elegancia llegó durante el gobierno del presidente José María Moncada, quien decidió construir en la cumbre su centro de gobierno. Cortesía/END

A la par también había unas formas “disuasivas” para los investigados. A este se le llamaba El Hoyo. El castigo era introducir a la persona en ese agujero, donde el calor era insoportable en el día, mientras por la noche helaban la sangre las corrientes de viento que golpeaban la loma.

La doctora Vilma Núñez, presidenta del Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), indicó que en 1979 ella estuvo allí brevemente, tras el triunfo de la revolución.

La doctora Núñez dijo que en su momento el gobierno sandinista deploró esa cárcel, pero nunca la eliminó como tal.

Sobre el terreno de la casa presidencial se hizo el Mirador Tiscapa y a la par construyeron otras instalaciones no tan tenebrosas, pero igual de terribles: lo que se conoció como Dirección de Investigaciones Criminales (DIC) y posteriormente Dirección de Auxilio Judicial (DAJ).

De estas, el Cenidh recopiló una serie de denuncias de actos de tortura por parte de los carceleros, mucho antes de la crisis de abril del 2018, período en que los casos se multiplicaron.

“Si no me equivoco, en las memorias de Pedro Joaquín (Chamorro) se menciona que Somoza incluso tenía tigres o leones, y estaban a la par de las celdas de los prisioneros políticos, a los que amenazaban con ser su comida, si no daban información que la Guardia quería”, dijo Núñez.

La doctora Núñez señala que muchas personalidades pasaron por esas cárceles en tiempos de Somoza. Desde Clemente Guido, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal, el propio presidente Daniel Ortega, quien todavía guarda cicatrices producto de las torturas infringidas en 1967, cuando fue encarcelado por el asalto a la sucursal Kennedy del Banco de Londres, en Nicaragua.

La presidenta del Cenidh recuerda un caso que la conmovió y fue el de Gustavo Adolfo Argüello, hermano del doctor Roberto Argüello, quien en la Revolución sería el primer presidente que tuvo la Corte Suprema de Justicia.

Cuando la familia logró sacarlo de La Loma, agonizante lo llevaron al antiguo hospital Militar, pero no sobrevivió a las torturas que le aplicaron.

Figuras que han estado en El Chipote

La doctora Núñez recuerda que al único que conoce de haber escapado de El Chipote es Fabián Ruiz, leonés del Partido Liberal Independiente, al que vincularon con el ajusticiamiento de Somoza García (1956), quien logró bajar por las laderas de la laguna y cruzar el espejo de agua hasta salir a la carretera.

Durante el primer gobierno Sandinista, Enrique Bolaños, quien dos décadas después sería presidente de Nicaragua, fue encarcelado en tres ocasiones y guardó prisión en El Chipote en 1982, por ser crítico delas autoridades.

Víctimas también de las paredes de El Chipote son los periodistas del canal 100% Noticias, Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau, encerrados en celdas oscuras, apestosas, insalubres, plagadas de cucarachas, ratas y alacranes. Archivo/END

El hoy diputado de la Alianza por la República (Apre), Byron Jerez, exdirector General de Ingresos (DGI) de Nicaragua, durante la presidencia de Arnoldo Alemán, también estuvo en esas celdas, en 2002, por fraude y asociación ilícita para delinquir, en el caso mejor conocido como “Los Checazos”.

A Arnoldo Alemán, entonces dirigente de los cafetaleros de Nicaragua en la década de los 80, lo llevaron a El Chipote, bajo acusaciones de contrarrevolucionario.

Un año después de terminar su gobierno (2003), Alemán volvió a ser llevado a El Chipote, bajo cargos de lavado de dinero durante su mandato, sin embargo contó con una serie de privilegios en un cuarto que parecía una oficina acondicionada, según testimonios.

Se trataba de un entorno totalmente diferente a los padecidos horrores que otros han denunciado.

El excontralor Agustín Jarquín Anaya estuvo preso en esa cárcel durante el régimen sandinista de la década de los 80 y, posteriormente, en 1999, por el caso conocido como “Ramón Parrales”, lo que consideró una pasada de cuentas por realizar una serie de investigaciones que afectaron a altos funcionarios públicos. Uno de estos fue Los Checazos, que salpicó al entonces presidente Alemán.

Jarquín Anaya recuerda que en ese lugar estuvo en dos ocasiones, en tres tipos de celdas: la conocida como El Ropero, en la cual el prisionero permanece de pie; la Subterránea, oscura y con poca ventilación; y Arriba, en un área como Covacha de madera.

Sobre este lugar Jarquín Anaya comentó: “El cierre definitivo del centro de oprobio y torturas El Chipote atenderá las demandas que nacional e internacionalmente se manifiestan desde hace décadas, incrementadas en los últimos meses por la represión que quería acallar el clamor por la democracia y la justicia, que inició en abril".

A partir del 2015, la Policía remodeló “El Chipote”. Pero sus centenares de prisioneros que pasaron desde abril del año pasado denunciaron torturas, tratos inhumanos, crueles y degradantes.

Los organismos defensores de los derechos humanos han incluido en sus reportes este tipo de denuncias.

Víctimas también de las paredes de El Chipote son los periodistas del canal 100% Noticias, Miguel Mora y Lucía Pineda Ubau, encerrados en celdas oscuras, apestosas, insalubres, plagadas de cucarachas, ratas y alacranes.

En el caso de Pineda Ubau en un día la llevaron 30 veces a interrogatorios y tuvo que dormir en una loseta de concreto, aunque tuvo suerte porque a muchos les tocó dormir en charcos de aguas podridas.

Miguel Mora estuvo por aproximadamente 2 meses sin ver luz y, junto a su colega, estuvieron 2 meses incomunicados en El Chipote.

Recientemente el Gobierno inauguró una nueva cárcel de Auxilio Judicial, en el barrio Memorial Sandino. Familiares de los detenidos han dicho que al llegar a las nuevas instalaciones, en las cuales se invirtieron 5.6 millones de dólares, se encuentran con guardas groseros.