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Cuando Engel Arce empezó a sentirse inseguro por la crisis en Nicaragua y empezó a recibir amenazas por trabajar en un medio de comunicación en Estelí, decidió exiliarse en España.

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Pero en aquel país encontró una realidad muy diferente a la que tenía en Estelí, porque se dio cuenta que su título universitario no es válido en Europa y encontrar trabajo es muy difícil.

“Mientras trabajaba en radio ABC Stereo, en Estelí, recibí muchas amenazas y la única opción que vi fue venirme a España. No fue una decisión sencilla, allá tenía mi empresa, que estaba creciendo y la tuve que cerrar cuando mejor estaba; eso es un golpe duro”, afirma Arce.

Engel Arce.

Ramón Navarro, originario de Managua, dijo que su salida de Nicaragua fue intempestiva e injusta. “Tenía mi trabajo y un pequeño negocio familiar. Por la naturaleza de mi trabajo no anduve en marchas ni tuve ningún tipo de conexión con los protestantes, más que haberles dejado agua en la rotonda de la Unicit. Después de hacer eso, comencé a recibir mensajes amenazantes, tomaban fotos de mi casa y por temor renuncié”, relata.

“Me vine con mis hijas. Venía consciente de que encontrar trabajo aquí (España) es muy complejo, pero cuando llegué vi que el contexto real era más difícil aún de lo que pensaba”, dice.

Arce y Navarrete no se conocen, pero están viviendo la misma realidad. Ellos forman parte de los 1,365 nicaragüenses que, según la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), solicitaron asilo durante el año 2018, en contraposición con los 31 casos de 2017.

“En España tus estudios y la experiencia que hiciste en Nicaragua no valen nada. En los últimos dos meses he logrado hacer uno que otro trabajo, pero nada estable. Sin embargo, las mujeres pueden cuidar niños, cuidar ancianos, pueden ir internas a una casa y no les exigen documentos. No obstante, para el hombre todo se complica por las multas que son muy altas para una empresa que dé trabajo a un ilegal, pueden ser hasta 30 mil euros”, comenta Arce.

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Ni de barbero

Navarro dice que aunque tenía un buen trabajo en Nicaragua, también aprendió barbería. Pensó que en España podía vivir de ese oficio, pero pronto descubrió que en Europa no podés poner un rótulo improvisado de “se corta pelo” y empezar a laborar.

“Para poder poner ‘se corta cabello’ necesitás un permiso como servicio autónomo y por este se tiene que pagar impuesto y declarar ingresos y al no tener estatus legal me es imposible. He ido a tres barberías a cortarme el pelo y les he dicho que sé del oficio, pero piden papeles en regla para evitar una multa. Hay otras fuentes de empleo, como recolección de frutos, pero también necesitás un permiso de trabajo, porque llegan a hacer inspecciones para ver si todos están de alta en la seguridad social”, cuenta.

Ante una depresión

Navarro dice que su esposa llegó el 10 de septiembre de 2018 y a los 4 días ya estaba trabajando de interna en una casa, donde tiene asignados todos los quehaceres y recibe su salario y algunos beneficios, aunque no está en el seguro social.

“Ella encontró trabajo rápido y yo nada. Aquí mi vida ha cambiado por completo, me he quedado de encargado de la casa, soy papá y mamá de las niñas, limpio, cocino, las llevo al colegio. Si me preguntan si es frustrante respondo que sí, como un profesional que soy en mi país, porque estudiamos y algunas veces tenemos la experiencia y nos colocamos, pero aquí tenés que hacer un cambio brusco de cultura y social. Adaptarte es difícil”, prosigue.

Lo más difícil aquí es que venís y no sabés cómo funciona este país, si no sabés cuál es la lógica, cuáles son los lugares que tenés que visitar para ciertas solicitudes”.

Navarro relata que muchas personas le han escrito y le preguntan cómo está y él les dice que bien, porque no le falta techo ni comida, pero algunos le manifiestan que desean irse a España, a lo que él responde que no lo hagan.

“Es falacia creer que en un mes vas a estarle enviando a tu familia 400 o 500 euros; eso es una utopía, eso no va a pasar, conozco personas que tienen hasta ocho meses sin trabajo y su familia la está pasando mal porque prestaron dinero para venirse”, explica.

“A un varón yo le digo: no te vengás. Aquí te dicen que dan ayuda, pero hay que ver el nivel de entereza para pedirlo; yo solo lo haría en caso de extrema necesidad, porque siempre he trabajado para ganar mis cosas”, dice Navarro. “Aquí he visto a hombres llorar porque no tienen dinero y sus familias están mal en Nicaragua, cualquiera puede deprimirse”, afirma.

Según las encuestas, España está en los principales destinos para migrar que tienen los nicaragüenses, junto a Estados Unidos, Costa Rica y Panamá.

“Yo no le recomiendo a nadie salir de su país, no es por querer meter en miedo a las personas o que no quiera que otros vengan, todo depende de la actitud que tiene cada uno; en mi caso, me la estoy jugando y es cosa de moverse a través de contactos, pero he conocido hombres que pasan meses sin trabajo y no les queda más que regresar a Nicaragua, perdiendo la inversión que hicieron en el viaje”, manifiesta Arce.

El permiso laboral

Navarro solicitó en noviembre de 2018 un asilo y le dieron cita para mayo de 2019.

En ese primer encuentro con las autoridades deberá llevar pruebas de por qué pide el asilo, le darán una tarjeta roja de residencia temporal, pero seguirá sin poder trabajar y después de seis meses de evaluar las pruebas sabrá si obtendrá o no un permiso laboral, pero no es algo seguro.

“Para estar legal necesitás tres años ininterrumpidos para solicitar tu primer permiso bajo arraigo. Con asilo político, debo cumplir un año, hay posibilidad”, dice este joven, a quien también amenazaron porque su negocio cerró en los días que hubo paro en Nicaragua.

n España tus estudios y la experiencia que hiciste en Nicaragua no valen nada. Archivo/END

Libro guía

Engel Arce dice que eligió ir a España porque es un país que ofrece muchas oportunidades y sobre todo porque vio viable el idioma y la solicitud de asilo político.

“Lo más difícil aquí es que venís y no sabés cómo funciona este país, si no sabés cuál es la lógica, cuáles son los lugares que tenés que visitar para ciertas solicitudes, es muy difícil adaptarte. El horario, la comida, la moneda, el transporte, son totalmente diferentes. Tardé tres meses en adaptarme y en ese período cometí muchos errores, perdí mucho dinero, pero fue equivocándome que fui aprendiendo”, confiesa.

Arce, debido a su difícil experiencia, decidió escribir un manual sobre las rutas que pueden tomar los nicaragüenses y los centroamericanos para llegar a España y hacer las gestiones necesarias, incluido cómo debe comportarse ante los funcionarios de Migración para no echar a perder tu esfuerzo.

En la guía, Arce destaca cuatro páginas sobre la situación laboral y expone que las mujeres tienen más oportunidades y que “los trabajos de construcción, de albañilería, todo el trabajo pesado que no hacen los españoles, es lo que nos queda a los migrantes, de eso deben estar claros”.