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Los nicaragüenses que viven en Panamá describieron que la situación se ha complicado en los últimos años no solo por la reducción de la permanencia como turista, que se limita a tres meses, sino por el aumento de migrantes de otros países que compiten por obtener trabajo.

Desde abril de 2018, cuando inició la crisis sociopolítica en Nicaragua, muchos nicaragüenses se aventuraron a migrar hacia el país canalero.

Llegaron con la esperanza de encontrar empleo y mejores oportunidades, pero se han encontrado con un escenario muy difícil por las restricciones migratorias y la competencia laboral.

Vista panóramica de una avenida en la ciudad de Panamá. Mario Misael centeno/ END

Los cambios más fuertes para el migrante nica comenzaron el 31 de mayo de 2017, cuando el gobierno de Panamá anunció un decreto ejecutivo que afectaba a personas con tres nacionalidades.

El presidente Juan Carlos Varela anunció que los nicaragüenses, colombianos y venezolanos que viajaran como turistas hacia Panamá permanecerán en el país únicamente por 90 días, reduciendo la restricción a la mitad, ya que antes se establecían 180 días.

Así el año siguiente, en 2018, las personas de esos tres países lideraron la lista con mayores deportaciones en Panamá.

De hecho, Nicaragua se ubicó en el puesto número 3 en la tabla de países con más migrantes deportados de Panamá en 2018.

Rosaura Castillo, originaria de Rivas, tiene 13 años de vivir en Panamá. Mario Misael Centeno/ END

El Servicio Nacional de Migración (SNM) de Panamá ubicó a Venezuela en primer lugar, con un registro de 3,474 migrantes deportados; en segundo lugar a Colombia, con 1,222; y en tercer puesto quedó Nicaragua, con 1,066.

La rivense Rosaura Castillo tiene 13 años de vivir en Panamá. Dijo que en los últimos dos años hubo muchos cambios en las reglas migratorias que han afectado mucho a los nicaragüenses que viajan al país para mejorar sus condiciones de vida.

“Lo difícil no solo es poner los papeles en orden, buscar trabajo se está volviendo más complicado que hace un par años. Así como en Nicaragua, en estos tiempos, hermanos de otros lugares están sufriendo malas situaciones. Vemos a muchos venezolanos, dominicanos, colombianos y peruanos migrando hacia Panamá, generalmente buscan los mismos trabajos que los nicas”, señala Castillo.

“Conozco de muchos paisanos míos que han iniciado a trabajar en empresas que los aceptan sin papeles, pero les cuesta porque no son trabajos estables. Viven con el temor de que los descubran y los deporten. Se puede ver la explotación, les dan la oportunidad de trabajar, pero se ve cómo los maltratan por el simple hecho de que ellos aguantan todo trabajo pesado”, dijo Castillo.

Nicaragüenses caminan sobre una calle de Panamá, durante el evento de la llegada del papa Francisco en enero pasado. Mario Misael Centeno/ END

La rivense explica que desde que inició la crisis ha visto a más nicaragüenses en Panamá y siempre les pregunta por su situación migratoria.

Escucha que muchos pinoleros están trabajando sin papeles, que se han movido de Costa Rica, al ver que la vida es más cara y otros se encuentran huyendo de problemas políticos.

CAMÓ POLÍTICA MIGRATORIA

Rosaura Castillo contó que arregló sus papeles de residencia en 2010, cuando participó en una feria llamada “Crisol de raza”.

En ese tiempo “habían otras políticas para el migrante”, las autoridades migratorias de Panamá promovían jornadas especiales para arreglar el estatus de quienes no contaban con antecedentes policiales.

La feria “Crisol de raza” se llevó a cabo bajo la presidencia de Ricardo Martinelli, presidente anterior a Juan Carlos Varela.

La jornada se realizó entre los años 2010 a 2014 y un total de 11,745 nicaragüenses lograron obtener permisos migratorios, legitimado por un carnet que les brindaba residencia para vivir entre 2 a 10 años en Panamá, según datos del SNM.

Castillo dijo que la ventaja de haber solicitado papeles migratorios en “tiempos donde las leyes de Panamá eran un poco mejor para los migrantes” le cambió la vida porque obtuvo mejores trabajos. Su primer empleo consistió en cuidar a una persona anciana y luego era empleada doméstica.

Pero al tener la residencia logró poner un modesto negocio de entrega de comida a pequeñas empresas en la ciudad de Panamá.

Hay solidaridad entre la comunidad nicaragüense

Aleyda Velásquez es una nicaragüense que emigró a Panamá en el 2016, buscando mejores oportunidades para su familia.

Actualmente trabaja en la organización, cuido y mantenimiento de una iglesia. Dice que se siente bien porque el ambiente laboral es muy tranquilo, tiene mucha amistad con las personas que trabajan con ella y no ha tenido ningún problema.

Velásquez dijo que desde que inició la crisis en Nicaragua, cuando surgieron las protestas antigubernamentales, ha pasado muy atenta y preocupada por la situación de su familia.

Aleyda Velásquez emigró a Panamá en el 2016. Mario Misael Velásquez/ END

También ha mirado en Panamá un alto crecimiento de migrantes pinoleros, a quienes encuentra en las calles, de camino a su trabajo y conversa con ellos.

“En medio de todo, siempre hay solidaridad entre nosotros cuando estamos de migrantes. Nos reconocemos porque generalmente andamos algo de Nicaragua, como llaveros o pequeñas banderitas azules y blancas, a veces por el acento. Es fácil abrir contacto entre nosotros. Siempre nos contamos las dificultades que pasamos”, dice Velásquez.

Aleyda cuenta que muchos nicaragüenses llegaron a Panamá sin tener contactos que los asesoren. Ha sufrido al escuchar que algunos quedaron en el desempleo a los dos meses de establecerse y luego los deportaron porque no pudieron renovar la visa.

“Aquí, si no tenés tus papeles en regla no podés trabajar. La estadía en Panamá antes eran seis meses, ahora son tres. Es muy poco tiempo para encontrar un trabajo. Si te pasás de ese periodo, Migración te busca, te atrapa y te deporta del país. Son muy estrictas las reglas migratorias”, señaló Velásquez.

Viajó teniendo a familiares en Panamá

José Ángel Morales, de 34 años, explicó que está por cumplir tres meses viviendo en Panamá. Llegó al país porque tenía dos años de no tener empleo en Nicaragua. Según contó, él ya sabía del panorama que existe en el país canalero porque tiene a familiares viviendo allí. Ellos le buscaron un empleo como conductor en un centro religioso.

José Ángel Morales emigró a finales del 2018 a Panamá porque no tenía empleo en Nicaragua. Mario Misael Centeno/ END

“Primero tuve que sacar todos los documentos para conducir y así empezar a trabajar. Vine para ayudar a mi familia. Desde que llegué no he tenido problemas. Mis empleadores catalogan a los nicas como trabajadores, gente honesta, nos tienen como personas humildes, honestas y de buenas costumbres”, explicó Morales.

Según Morales, si hubiera viajado sin ningún contacto en Panamá, difícilmente hubiera encontrado un trabajo estable. Dijo que no en todos los lugares son muy abiertos con los migrantes y en su caso no ha tenido problemas porque sus familiares tienen muy buena relación con sus empleadores.

Morales dijo que con un trabajo fijo y legal tiene más oportunidades para aspirar a una residencia. El trabajo de conductor le da ciertos beneficios para continuar su proyecto final, obtener la residencia panameña.

Los nicaragüenses varones que emigran a Panamá encuentran trabajo en el sector construcción. Mario Misael Centeno /END

Para ello tiene que mantener su empleo, renovar la visa de turista por lo menos dos veces y no tener problemas con la justicia panameña.

Es oportuno explicar que el Decreto 167 sobre la regulación migratoria en Panamá describe que para obtener la residencia, debe tener 18 años o más, haber residido, al menos, un año en Panamá, el récord policial; así como la afiliación a la caja del seguro social, un permiso de la Dirección General de Ingresos, y no tener en trámite ningún tipo de legalización ante el SNM.

Migrante sin papeles en orden

Otro nicaragüense, quien se identifica con el nombre ficticio de “Juan Esteban”, vive de forma irregular en Panamá.

Llegó al país canalero hace seis años en busca de trabajo para mantener a su familia. Al inicio pagó la visa de turista y luego se le venció el pasaporte. Por miedo a ser deportado, viajó a una zona rural a trabajar en el campo en una pequeña empresa que procesa pasto.

“Aquí trabajo en el campo, produciendo grama. Aquí no me molesta la migración ni la policía. Por eso es que yo he aguantado tanto tiempo sin solucionar mi estatus migratorio. Si estuviera en la ciudad, ya me hubieran agarrado. Gracias a Dios aquí no me molesta donde yo trabajo”, dijo Juan Esteban.

Vista panorámica de la ciudad de Panamá. Mario Misael Centeno/ END

“Mi jefe sabe que no tengo documentos, no me los pide. En este lugar llegan muchos trabajadores que no tienen papeles, la única parte en Panamá que no andan pidiendo papeles y por eso he estado tanto tiempo así”, dijo Juan Esteban.

El nicaragüense, quien tiene una edad de 41 años, dice mantener comunicación con su familia en Nicaragua. Relató que le envía dinero a través de un compañero de trabajo que también es nicaragüense, pero quien tiene los papeles migratorios en orden.

Juan Esteban vive en incertidumbre, porque en cualquier momento pueden llegar las autoridades de migración y deportarlo, pero es un costo que ha asumido por mantenerse un tiempo más en Panamá, sin arreglar sus papeles migratorios.

En el 2018 el SNM registró que 53,572 nicaragüenses ingresaron al país canalero, una cifra que los ubica en el puesto número 13 entre todos los viajeros hacia Panamá.

En ese mismo año se aprobaron 714 permisos de residencias para nicaragüenses, según datos del SNM.

La llegada de nicas a Panamá ha tenido su efecto en la economía de Nicaragua.

Desde tres a cuatro años, el país canalero se posicionó como el cuarto país emisor de remesas en Nicaragua, después de Estados Unidos, Costa Rica y España.

Según cifras del último informe del Banco Central de Nicaragua, en el tercer trimestre de 2018, desde Panamá se enviaron U$19.8 millones en concepto de remesas familiares; lo que representó el 5.3% de todas las remesas recibidas en ese periodo.