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A sus 8 años, con 120 libras de peso, Sebastián no corre tan rápido como un niño de su edad, se cansa fácilmente cuando junto a sus amigos de la cuadra intenta subir la pendiente que hay en la calle donde vive y, sobre todo, detesta que cuando sale con su mamá sus amigas agarren sus mejillas gorditas en señal de caricia.

A la hora de jugar futbol, pocas veces lo eligen como primera opción porque sus amigos saben que es más lento que los demás y otros no tienen el mínimo reparo en decirle que está muy gordo.

Su mamá señala que a veces no quiere comer porque “no quiere ser gordo”, por lo que optó por llevarlo con un nutricionista para tratar su obesidad.

La creencia de que un niño gordito es sano no es algo del pasado, aún persiste la idea de que esto es símbolo de una buena alimentación, sin embargo pocos nos ponemos a pensar que el menor  pone en riesgo su salud física y emocional.

El sobrepeso y la obesidad se definen como una acumulación anormal o excesiva de grasa que supone un riesgo para la salud.

“La obesidad le impone al páncreas un trabajo extra. AFP/END

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad infantil constituye uno de los problemas de salud pública más graves del siglo XXI y está afectando progresivamente a muchos países de bajos y medianos ingresos, sobre todo en el medio urbano.

La especialista en Nutrición, Verónica Silva, señala que según la FAO, la obesidad infantil en Nicaragua representa el 6.2% de la población infantil, lo que se traduce en  problemas de salud y aprendizaje, debido al consumo en altas cantidades de grasa y calorías que no son saludables.

“El sobrepeso y la obesidad, así como las enfermedades no transmisibles, se pueden prevenir al menos en su mayoría. Sin embargo, es indispensable crear entornos favorables que permitan influir en las elecciones alimentarias de nuestros infantes, de modo que la opción más sencilla (la más accesible, disponible y asequible) sea la más saludable en materia de alimentos y actividad física como hábito práctico”, afirma Silva.

Es necesario hacer algunas de las modificaciones puntuales en los hábitos alimenticios y de vida del niño. EFE/END

Además, señala que para saber si un niño tiene o no sobrepeso debemos centrarnos en el Índice de Masa Corporal (IMC), “un número que se calcula dividiendo el peso  entre la estatura del niño. El IMC es un indicador de la gordura que es confiable para la mayoría de los niños y adolescentes”. 

El impacto físico

El sobrepeso no es solo cuestión de apariencia estética, sino que es también un factor de riesgo para la salud física y emocional.

El especialista en medicina interna, Vicente Maltez, explica que los niños con obesidad no tienen un desarrollo psicomotor normal, no están en capacidad de jugar como los demás porque son retrasados en los movimientos.

“El niño obeso es sometido a la discriminación, sus relaciones sociales serán amputadas desde temprana edad”, refiere el internista.

La obesidad infantil es un trabajo amplio entre profesionales de la salud . EFE/END

Asimismo, desde el punto de vista metabólico, apunta que toda persona obesa va rumbo a la diabetes.

“La obesidad le impone al páncreas un trabajo extra. Cuando el niño come, el azúcar, la proteína y el carbohidrato se quema con la ayuda de la insulina. Un ejemplo claro es que cuando se enciende el carro se dispara una chispa que produce una explosión del combustible y libera energía que mueve el vehículo. El ser humano tiene una chispa que es la insulina, que logra que la glucosa penetre a la célula para ser utilizada.

Al recargarse hay doble trabajo al páncreas que se llega a desgastar y produce la diabetes, una enfermedad crónica incurable, costosa, que puede producir un infarto o un derrame cerebral al niño que será diabético Tipo 1 y va a necesitar insulina”, afirmó el doctor Maltez.

Además, afirma que la obesidad produce artritis en los niños, porque sus huesos son sometidos a un peso mayor para el cual están capacitados.

“El peso se recarga en las articulaciones y en el sistema venoso, por ello el niño  va a tener dolores articulares y eso va a limitar el hecho de que corra y juegue. Al tener este niño una infancia modificada aparece la depresión, también está el que no hallan talla en la ropa y en los juegos mecánicos tampoco alcanzan”, prosiguió.

La creencia de que un niño gordito es sano no es algo del pasado. AFP/END

Por otro lado, el doctor Maltez aduce que otro riesgo que corren los niños obesos es el de desarrollar hipertensión arterial o presión alta, por la afectación cardiovascular, que produce que la grasa vaya cerrando las arterias haciendo que el corazón se esfuerce demasiado y se crezca.

Obesidad y salud mental

Los niños con obesidad tendrían que ir al psiquiatra, pues su condición de salud física se asocia a problemas de salud mental, como el trastorno por atracón (ingerir gran cantidad de alimento en poco tiempo), que desde 2013 es considerado como una patología psiquiátrica, expuso el doctor Mauricio Leija Esparza.

En ponencia dentro del XXI Congreso Internacional Avances en Medicina, que se llevó a cabo en Guadalajara, México, Leija indicó que aunque algunos investigadores habían "ignorado" por décadas el estudio de este problema, el trastorno por atracón es el trastorno alimentario más prevalente en todos los grupos de edad, más que la anorexia y bulimia.

El especialista en psiquiatría infantil mencionó que en una investigación en la que participó junto al Instituto Jalisciense de Salud Mental, se evaluó a niños y adolescentes con sobrepeso y obesidad y los resultados muestran que el trastorno por atracón estuvo presente en 62,5 % de la muestra.

Además, el 95 % manifestó también insatisfacción corporal. En entrevista con Efe, Leija consideró que combatir la obesidad infantil es un trabajo amplio entre profesionales de la salud y de diferentes campos, como antropólogos y sociólogos que estudian el fenómeno y que cada uno, desde su campo, pueda hacer una intervención, incluso política o cultural.

El psiquiatra señaló que existen factores socioculturales que han dificultado la detección del síndrome por atracón en la población infantil, como la creencia popular de que un niño es "de buen comer" porque come en grandes cantidades o no para de comer durante todo el día. Los padres le dicen al médico que el niño come muy bien, en realidad puede estar comiendo muy mal, pues posiblemente esté teniendo atracones", añadió.

Los niños con obesidad tendrían que ir al psiquiatra, pues su condición de salud física se asocia a problemas de salud mental. AFP/END

Cómo enfrentar la obesidad

La nutricionista Silva dijo que es necesario hacer algunas de las modificaciones puntuales en los hábitos alimenticios y de vida del niño.

Asimismo, destacó que con los niños no debe usarse el término “dieta”, porque “lo que tratamos de implementar es que los niños consuman alimentos suficientes pero de calidad, para lo cual debemos modificar sus hábitos alimentarios, lo cual se puede realizar en cualquier momento, a cualquier edad, bajo cualquier circunstancia”.

Uno de los principales consejos que brinda la especialista es que debemos generar cambios desde las compras de supermercado, por lo que podemos empezar por  eliminar del consumo habitual del niño alimentos cargados de energía, como chocolates, paletas, dulces, frituras, bebidas artificiales, chiverías. ¿Y si hay piñata? Que coman sin excesos, la intención no es crear fobia a los alimentos, sino que aprendan a controlarse.

Por otro lado, cualquier tipo de ejercicio o actividad física que les genere a los niños un gasto calórico adicional, que mejore la autoestima y que les guste será la indicada. Se aconseja incorporar poco a poco la actividad y se deben priorizar ejercicios de bajo impacto, como natación o caminatas.

Recomendaciones

Tomar un desayuno sano y equilibrado: ofrecer un desayuno compuesto por alimentos que sean de absorción lenta, en lugar de uno rico en azúcares,  y aporten una cantidad de energía suficiente durante el día para mejorar el rendimiento escolar.

Controlar las cantidades de azúcar ingeridas: La Organización Mundial de la Salud (OMS) revela que la cantidad de calorías diarias recomendada no debe ser mayor del 10%, ni menor del 5%. Debemos tener mayor cuidado con los alimentos con el etiquetado: “concentrado de zumo de fruta, miel, lactosa, glucosa, jarabe de maíz de alta fructosa, sacarosa, dextrosa, jugo de caña, malta, melazas, etil maltol y maltodextrina”.

Incorporar 1 hora de ejercicio diario y beber mucha agua: Se debe realizar actividad física deportiva al menos cuatro veces a la semana durante una hora al día. No se debe obligar a realizar ejercicios, sobre todo cuando el deporte exige demasiado esfuerzo, sino motivarlos y crear el estímulo de la práctica de actividades deportivas y juegos en equipo que ayuden a la socialización.

Rescatar la implementación de la merienda saludable: en los diferentes kioskos escolares nuestros pequeños están expuestos a alimentos pocos nutritivos, los cuales sin duda son tentadores a ellos. Rescatando la merienda escolar ayudamos a que ingieran alimentos más nutritivos e higiénicos.