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El sentimiento de libertad aún no es asimilado por Julio César Espinoza Gallegos, de 30 años, expolicía a quien la tarde de este sábado le cambiaron el régimen carcelario por el de “convivencia familiar”.

Espinoza pensó que sus días iban a terminar en las celdas del Sistema Penitenciario, conocido como La Modelo, por negarse a reprimir a los manifestantes.

El exantimotín fue detenido el 10 de agosto en la salida de su casa, en las Cuatro Esquinas, Carazo, porque había pedido la baja. Fue sentenciado a 23 años de prisión por los delitos de terrorismo y traición a la patria, aunque él afirma que en realidad lo condenaron “por amar a su patria”.

Espinoza asegura que no se siente traicionado, sabe que los policías y custodios “solo estaban jugando su papel y sabía que un día eso se iba a terminar”. Sin embargo, resalta que “me dolió ver que la institución en la que laboré cinco años de mi vida me humillaba como a un delincuente, me dolió que se llevaran a mi mamá presa y escuchar que desde otra celda me decía, ‘ya comiste hijo’, ese fue el momento que sinceramente me partió el alma, fue lo más duro ver que la institución a la que yo serví humillaba a mi madre de esa forma”, lamentó el expolicía en medio de lágrimas.

Espinoza denunció que en esos casi seis meses de encierro en las celdas de La Modelo fueron “un infierno”; en ese lugar casi pierde la vida. Fue peor que la semana que pasó en las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Chipote.

En medio de lágrimas, relata que lo más difícil de estar encarcelado fue estar enfermo, pues su vida dependía de los custodios y en una ocasión casi se muere.

Julio César Espinoza . Oscar Sánchez/ENDEl expolicía dependía de los custodios porque fue encarcelado tres meses después de haber sido enviado de subsidio por una pedrada que recibió en la cabeza, mientras acompañaba el traslado de uno de sus compañeros heridos en las protestas de Monimbó, Masaya.

“Yo fui herido el 20 abril de una pedrada en la cabeza durante las protestas en Monimbó, eso hizo que me enviaran de subsidio por 90 días. Esa lesión me causó un trauma craneoencefálico severo y me faltaban tres días de subsidio cuando me llegan a traer porque había enviado mi solicitud de baja por dos razones; una porque mi lesión ya no me permitía seguir y dos porque miraba lo que le estaban haciendo a mi pueblo”, pormenorizó el ahora expolicía.

Cerca de la muerte

Espinoza señala que lo más duro de estar encarcelado en el penal no es el encierro, las golpizas, insultos y amenazas, sino, la falta de tratamiento médico necesario.

“Lo más difícil fue mi enfermedad, pues pasé varias crisis convulsivas porque no me daban las medicinas, incluso, una vez me les quedé medio muerto durante unos minutos, mis compañeros buscaron cómo reanimarme, se llamaba al médico y nada que llegaba, eso fue al comienzo, en los primeros días de  mi traslado al penal”, denuncia, mientras mueve sus manos como si estuviera pasando nuevamente esos momentos de zozobra.

Además, indica que durante la golpiza que les propinaron el 19 de febrero, luego que los reos de la galería 16-1 y 16-2 se negaran a ser trasladados de celda y protestaran cantando el Himno Nacional sufrió dos convulsiones, perdió parte de una pieza dental y su voz, que aún se escucha ronca por los gases lacrimógenos.

Ese 19 de febrero, según el testimonio del expolicía, entraron unos 400 agentes vestidos de antimotines, los golpearon con saña y les lanzaron indiscriminadamente bombas lacrimógenas. 

Los reos se defendieron colocando tranques en las entradas de las celdas, utilizaron  tablas, puertas y varillas de hierro que arrancaron del techo, pues buscaban protegerse porque todos habían sido golpeados, algunos quedaron con rajaduras de cabezas y fracturas en sus huesos.

“Fue una agresión que pensábamos que ese era el último día de nuestras vidas, pero gracias a Dios todo se calmó y llegamos a acuerdos”, asegura Espinoza.

El exantimotín fue detenido el 10 de agosto en la salida de su casa. Oscar Sánchez/END

El momento en que el exantimotín fue declarado culpable, con una sentencia de 23 años de prisión, su reacción no fue de llantos o deseos de suicidarse, como cuenta le sucedió a otros reos políticos, la reacción de Espinoza fue burlarse y decirle a sus familiares que no lloraran porque “esto es ficticio, yo voy  a salir de aquí porque yo fui condenado por amor a mi patria, eso yo lo tengo y lo sostengo”, les dijo en ese momento.

Libertad

Sus anhelos de libertad  se cumplieron este sábado en horas de la tarde, aunque no completamente. Un microbús del penal lo fue a dejar hasta la puerta de su casa, donde su madre Josefa Gallegos, familiares y amigos lo esperaban, cuenta que, aunque al inicio no podría hablar de la emoción, fue hermoso el recibimiento y que desde las 6:00 p.m hasta a las 12:00 a.m. dejó de recibir a amigos que llegaban a abrazarlo y ponerse a sus órdenes para lo que necesitara.

Ahora, los deseos de la familia Gallegos y, especialmente, los del exantimotín es que todos los manifestantes apresados junto a sus otros tres parientes encarcelados; Alejandro Bermúdez López, Raymundo Gutiérrez y Wilmer Antonio Baltodano Salinas sean dejados en libertad o que por lo menos se les de casa por cárcel.

El exantimotín explicó que ahora que está en una especie de libertad, pues no sabe si tiene que ir a firmar como le han dicho a algunos de los más de 100 reos excarcelados, verá cómo sobrevivirá económicamente y buscará tratamiento sicológico porque siente que toda la experiencia lo impactó fuertemente, tanto que ahora que está fuera no se acostumbra a dormir en colchón,  tener la comida los tres tiempos, que no salga vidrio o metal en la comida y tener la zozobra de que cualquier día los podían llegar a agredir.