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  • EFE

Opositoras Nicaragüenses piden a la Organización de Estados Americanos (OEA) que se involucre en la crisis de su país al margen de otros conflictos en la región, como del de Venezuela, con el que reconocen una clara "conexión".

"Almagro (secretario general de la OEA) tiene que responder al clamor de la mayoría del pueblo nicaragüense y de la sociedad civil. Es su responsabilidad", afirma la opositora feminista María Teresa Blandón, en una entrevista con EFE en Madrid.

Blandón, junto a la líder campesina Francisca Ramírez Torres y la abogada ambientalista Mónica López, integrantes de la opositora Unidad Nacional Azul y Blanco, han comenzado en España una gira europea para denunciar la situación política que vive su país y la falta de justicia, democracia y libertad.

La activista nicaragüense insiste en la "enorme responsabilidad" de la OEA "por no haber atendido oportunamente las denuncias que hicieron distintos grupos de la sociedad civil nicaragüense" durante años.

Blandón coincide con otros opositores de su país en la conexión que existe entre Nicaragua y Venezuela, que habría sostenido económicamente al actual gobierno en su "política de populismo irresponsable y desbocado", al que acusa además de haberse "enriquecido ilegalmente" con el dinero venezolano. 

La activista nicaragüense considera que la OEA priorizó el conflicto de Venezuela respecto a otros de la región, como el de su país, pero no solo esa organización, también incluye a otros actores, como el gobierno de Estados Unidos.

"La estrategia sería desmontar el Gobierno de Venezuela para que otros gobiernos como los de Nicaragua y Cuba dejen de tener apoyo", argumenta. "Nicaragua no tendría que volver a ser víctima de estos conflictos geopolíticos (...) No nos gustaría ser como corderos sacrificiales en esa estrategia", dice.

"Quisiéramos y demandamos eso a la OEA, una atención particular, porque somos un pueblo soberano y porque en Nicaragua se están violando sistemáticamente los derechos humanos", concluye Blandón.

Además, considera que Naciones Unidas tiene también una deuda pendiente con Nicaragua porque durante doce años "desoyeron abiertamente" las denuncias que hizo la oposición. 

La líder feminista, que continúa viviendo en Nicaragua, reconoce que los opositores sufren "una tensión permanente" y se sienten "estrechamente vigilados, pero esperanzados de que van a "lograr salir de esta nueva dictadura".

Esta socióloga, nacida en 1961, que como otros muchos de su generación se enfrentó a la dictadura de Anastasio Somoza en los años setenta, reconoce que es "casi como una broma de mal gusto de la historia" tener que volver a luchar, pero admite que lo que le "duele profundamente" es que las nuevas generaciones tengan que enfrentarse a lo mismo.