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Jorge Carlos Zapata, con 20 años de edad y excarcelado el viernes pasado en un grupo de 50 manifestantes, dice tener sentimientos encontrados porque sus “hermanos de lucha” pacífica continúan en las celdas del Sistema Penitenciario Jorge Navarro, conocido como “La Modelo”.

El universitario no expresa alegría. Zapata estaría cursando ahora el cuarto año en Ingeniería en Sistemas en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), si no hubiera reprimido las protestas iniciadas en abril que han dejado más de 300 muertos y más de 600 presos.

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El joven reafirmó que, aunque es señalado de “terrorismo”, él solo es “un estudiante” que protestó contra la injusticia y eso le costó 8 meses de encarcelamiento.

Zapata es uno de los 9 sobrevivientes del ataque a la iglesia Divina Misericordia, en Managua, efectuado el 12 y 13 de julio por grupos armados no identificados y la Policía Nacional, quienes tenían por objetivo desalojar a los estudiantes que permanecían atrincherados en la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (UNAN-Managua).

El grupo de estudiantes fue detenido el 20 de julio y acusado de “terrorismo”.

Zapata fue capturado en una casa de seguridad que los resguardaba en Managua, junto a más de 16 manifestantes, de los cuales solo quedaron 9 en la cárcel.

De un grupo de nueve atrincherados, que fueron sentenciados a más de 16 años por el delito de “terrorismo”, solo fueron excarcelados 4: Zapata, Martín Josué Jarquín, Bryan Alexander Palma y Pedro Antonio Sánchez, este último recibido en su casa con un pastel y la canción Las Mañanitas porque este viernes cumplía años.

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LA PRIMERA DETENCIÓN

Zapata jamás borrará de su memoria el 20 de julio de 2018, cuando fue capturado. Afirma que “nunca nos habían detenido, ya que no somos delincuentes, somos estudiantes”.

El día de la detención, el universitario fue golpeado mientras lo sacaban por la fuerza de la casa de seguridad. Ralató que los sujetos armados no identificados los llevaron hasta las celdas de la Policía del Distrito I, en Managua, y horas más tarde fueron trasladados a las celdas de la Dirección de Auxilio Judicial, conocida como El Chipote.

“Cuando nos llevaban en las tinas nos golpearon y en El Chipote nos hicieron que nos desnudáramos e hiciéramos sentadillas; además, durante los interrogatorios, me preguntaron por otras personas, pero yo no sabía nada, no conocía a la gente que me mencionaban”, contó el joven.

Por su participación en las protestas sociales antigubernamentales, iniciadas en abril 2018, el universitario sabía que podía ser detenido, pero le resultó “absurdo y a la vez gracioso” que se le acusara por “terrorismo”, por supuestamente quemar las instalaciones del CDI Arlen Siu, lugar que, según explicó, le servía a los estudiantes atrincherados para resguardarse de los ataques de los armados que buscaban desalojarlos.

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“Nosotros no causamos ningún destrozo en la universidad, no fuimos los estudiantes, nosotros protegíamos la universidad y toda Nicaragua lo sabe”, reiteró Zapata.

LAS AGRESIONES EN EL PENAL

Cuando el universitario fue trasladado el 25 de julio a las celdas de La Modelo iba nervioso, porque era la primera vez que los detenían y no sabían qué podía pasar. Su estadía en el penal le causó problemas de ansiedad.

Asegura que le impactaron las tres golpizas que los guardias propinaron a los manifestantes presos.

El ataque del 19 de febrero, que sufrieron todos como castigo porque sus compañeros de la 16-1 cantaron el Himno Nacional, fue una de las agresiones que más lo marcó.

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“Comenzaron a golpearlos y tuvimos que defenderlos aun estando desarmados, nuestra defensa fueron provisiones; bolsas de avena, pinolillo, jabones, todo eso usamos para defendernos, aunque ellos hasta llegaron al extremo de ir a traer baldes de piedra para tirárnosla, además, nos tiraron bombas lacrimógenas y expansivas”, detalló el estudiante.

Zapata resultó con quemaduras tras el ataque del que fueron víctimas en el penal. En su pierna derecha todavía se aprecian las quemaduras superficiales que causaron las bombas expansivas.

CONFUSA EXCARCELACIÓN

El estudiante de ingeniería recuerda que cuando los custodios llegaron a levantarlos para que se alistaran y salieran, les dijeron que se trataba de una “liberación completa”. Sin embargo, cuando fueron subidos a las busetas del penal, les dijeron que después de ser entregados en sus casas, serían llamados y se les indicaría cómo debían presentarse a firmar.

“En realidad, no sé en qué condiciones de libertad estamos, se supone que sería completa, pero no sabemos porque ni siquiera nos dejaron leer lo que firmábamos; le pregunté a uno y dijo que sí era libertad, pero luego nos dijeron otra cosa”, dice Zapata.

El joven está ansioso porque no sabe qué puede pasar. Además, reiteró estar triste por sus compañeros que continúan apresados.