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La iglesia Católica, que participa con el Nuncio Apostólico en la mesa de diálogo en Nicaragua, para resolver la crisis que comenzó en 2018, tiene una larga trayectoria como mediadora en conflictos tan difíciles como el de Venezuela, o tan históricos como los de Estados Unidos y Cuba.

Caso Nicaragua

En este momento, la Santa Sede participa a través del representante del Papa en Nicaragua, el Nuncio Apostólico Stanislaw Waldemar Sommertag, en un diálogo que trata de evitar una mayor crisis, que ya ha dejado saldos inimaginables, como 325 muertos, miles de exiliados, más de 600 manifestantes presos y una economía debilitada.

El Nuncio es parte de la mesa de negociaciones que se realiza desde el 27 de febrero en el Incae entre miembros de la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia y representantes del gobierno.

El religioso fue invitado por ambas partes como observador internacional y ha sido el único personaje de la iglesia que ha logrado mantenerse en las negociaciones. También vio de cerca las condiciones de los manifestantes presos en las cárceles.

Waldemar Sommertag  junto a un representante del gobierno de Nicaragua y la Alianza Cívica. Archivo/END

Stanislaw Waldemar Sommertag entró en el  servicio diplomático del Vaticano en el 2000, fue ordenado como sacerdote en 1993 y tiene doctorado en Derecho Canónico. Nació en Polonia en 1968 y domina el idioma inglés, italiano, ruso, alemán y español.

Las funciones que realiza el nuncio en Nicaragua son orientadas desde el Vaticano, órdenes del Papa Francisco, quien en el mensaje de Navidad del 2018 pidió que los nicaragüenses se redescubrieran como hermanos y que se disiparan las divisiones y las discordias.

El duro conflicto en Venezuela

Las autoridades vaticanas también han trabajado por años para bajar tensiones entre el gobierno de Nicolás Maduro y la oposición.

Monseñor Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano y quien fue  nuncio en Venezuela, puso en marcha sus dotes de diplomático no solo para evitar un mayor enfrentamiento civil, sino para alejar la posibilidad de que la caída de Venezuela en el caos pudiese arrastrar a Cuba.

El esfuerzo de Parolin se centraba en convencer a Maduro de que orientara su revolución, con ideales bolivarianos, a modelos más suaves, más integradores, parecido al de Evo Morales de Bolivia.

En el año 2016 el presidente venezolano Nicolás Maduro se reunió con el papa Francisco para que mediara en los conflictos sostenidos con la oposición.

Las autoridades vaticanas junto con los opositores apostaban por la discreción extrema, sin embargo Nicolás Maduro, con la televisión en directo, hizo todo muy público: “¡Que venga Pietro Parolin! ¡Que venga!”.

Maduro se refería al actual secretario de Estado del Vaticano y nuncio apostólico en Venezuela de 2009 a 2013.

Maduro terminó por romper la discreción que buscaba El Vaticano y su portavoz, el jesuita Federico Lombardi, quien dijo después que “la Santa Sede está dispuesta a hacer todo lo posible por el bien y la serenidad de Venezuela”, pero que era necesario en ese momento profundizar y tener más elementos para verificar cuáles eran las expectativas para desempeñar un papel útil.

Papa Francisco, líder de la Iglesia Católica. Archivo/END

En 2013, el papa Francisco recibió en la Santa Sede a Maduro y al líder opositor y excandidato presidencial, Henrique Capriles.

A este último le dio seguridades de que seguía con atención los eventos en Venezuela y que para ello había nombrado a uno de sus mejores hombres, el italiano Aldo Giordano, como su representante en Caracas.

La crisis en Venezuela continúa.

Una larga batalla: EEUU y Cuba

Uno de los trabajos más finos del Vaticano lo hizo en persona el papa Francisco, cuando se involucró para lograr avances en las relaciones entre EEUU y Cuba, distanciados por años y enfrentados públicamente.

El papa argentino, Jorge Mario Bergoglio, puso en el año 2014 a disposición de Cuba y Estados Unidos una colaboración diplomática para solucionar en su momento los conflictos que enfrentaban esas naciones, dirigidas en ese tiempo por Barack Obama y Raúl Castro.

El apoyo directo ofrecido por el papa Francisco fue demostrado al reunirse de manera privada con el expresidente de Estados Unidos durante casi una hora en el Vaticano, forjando una alianza que incluyó asuntos sensibles y distantes como el cierre de Guantánamo, reformas migratorias y a la vez abordar el tema de la crisis venezolana.

Cabe destacar que en ese momento de pláticas entre el papa Francisco y Obama también el prelado agendó temas sobre la colaboración de Turquía en la lucha contra el terrorismo y el precario escenario en países de Oriente.

Ese ha sido uno de los acontecimientos de mediación donde ha participado de manera directa el papa Francisco, acción que fue catalogada como un encuentro de buena química.

Obama logró en ese momento decirle al Papa que “la voz suya es una voz que el mundo debe escuchar”.

Mientras se daba ese encuentro, el papa Francisco delegó a Monseñor Pietro Parolin, secretario de Estado del Vaticano, para trabajar con todo en respuestas a la solución de conflictos urgentes.

En aquel momento, el papa Francisco tuvo un detalle que pudo marcar el avance en las negociaciones: envió a ambos mandatarios (Obama y Raúl Castro) cartas personales ofreciendo como sede neutral del encuentro la ciudad del Vaticano, los cuales se hicieron en pocos momentos de manera pública.

Obama y Castro en su momento agradecieron la mediación del Papa en el restablecimiento de las relaciones diplomáticas entre Estados Unidos y Cuba.

Por su parte la secretaría de Estado del Vaticano hizo público un comunicado en el que confirmaba que en el transcurso del tiempo el Papa había escrito a ambos mandatarios “invitándolos a resolver cuestiones humanitarias de común interés, como la situación de algunos detenidos”.

Papa Francisco y Nicolás Maduro en el Vaticano. Archivo/END

Barack Obama dijo respecto a la intervención del Papa en los conflictos que “él nos desafía, el Papa nos pone ante los ojos el peligro de acostumbrarnos a la desigualdad. Y su autoridad moral hace que sus palabras cuenten. Con una sola frase, él puede focalizar la atención del planeta”. 

Argentina versus Chile: El derramamiento de sangre que no fue

Hay un viejo capítulo en la historia de América que es poco conocido, pero que representó uno de los primeros conflictos para el papa Juan Pablo II: Las repúblicas de Argentina y Chile estuvieron el 22 de diciembre de 1978 a pocas horas de entrar en guerra por el llamado "conflicto del Beagle".

Los expertos vaticinaban una guerra total en la cual se estimaban 20,000 fallecidos en apenas la semana uno.

Un mensaje de la Secretaria Vaticana del papa Juan Pablo II evitó la calamidad.

La corona británica había entregado a los embajadores de Chile y Argentina el "Laudo Arbitral sobre el Canal de Beagle", el 2 de mayo de 1977, fecha que podría autodenominarse como el inicio del caos en América del Sur.

Esa resolución la hizo pública una corte integrada por cinco jueces de diferentes países consultada por el Gobierno Británico sobre la disputa que enfrentaba a ambos países. La discusión era por  un brazo de mar que en el extremo austral comunicaba a los dos océanos y pasaba por tres islas, Lennox, Nueva y Picton.

La resolución que dictaron los jueces daba ganancia al país chileno, lo que provocó descontento entre militares argentinos, y no aceptaron el fallo.

El Papa Juan Pablo II decidió tomar cartas sobre el asunto y envió como mediador al cardenal Antonio Samoré, quien a lo inmediato abordó un helicóptero para detener el avance del conflicto, porque los soldados argentinos ya estaban en la frontera con el objetivo de poner en marcha el denominado "Operativo Soberanía".

En ese entonces, el nuncio apostólico en Argentina, Pio Laghi, fue quien a último momento alertó al Papa Juan Pablo II del inevitable enfrentamiento bélico.

Cuando Pio Laghi observó que la guerra podría ser inevitable, utilizó una clave secreta que solo se podía usar en emergencias internacionales, aunque se narra que desde las oficinas de la nunciatura los fax fallaron.

Por ello, Laghi se dirigió a la embajada  norteamericana, donde tenía buenas relaciones y pudo enviar varios télex desde allí, los cuales terminaron en manos del Papa.

Un tercer mensaje suplicaba: “Santo Padre, intervenga”.

Todo comenzó cuando en mayo de 1977 la Reina Isabel II de Gran Bretaña, con un  fallo, ratificaba la posesión chilena de las islas Picton, Nueva y Lennox, provocando el rechazo de Argentina.

Tras  la firma del Acta de Montevideo, el 24 de enero de 1978, El Vaticano anunció que el Papa Juan Pablo II aceptaba mediar en la divergencia del Beagle.

Las partes de la negociación revelaron al mediador sus posiciones para que  en septiembre de 1979, el Sumo Pontífice recibiera a las dos delegaciones para mostrar las pautas de trabajo, a fin de facilitarles las operaciones para alcanzar la paz.