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El padre Juan Domingo Gutiérrez Álvarez, vicario de la iglesia San Agustín en Managua, fue una de las 165 personas detenidas el sábado pasado y trasladadas a la cárcel del Complejo Judicial Evaristo Vásquez.

El sacerdote fue a la protesta del sábado, se colocó su estola presbiteral y llevaba en sus manos los santos óleos para acompañar de manera espiritual a cualquier manifestante que lo requiriera.

Horas después de ser liberado por la Policía, Gutiérrez habló con El Nuevo Diario y afirmó que en la cárcel vio al nuncio apostólico Waldemar Stanislaw Sommertag bastante sensible, cuando nombraban los manifestantes que serían liberados la noche del sábado 16 de marzo.

¿Cuál era su misión en la protesta convocada por la Unidad Nacional Azul y Alanco?

Siempre he participado en las manifestaciones. Ese día tenía la tarea de ir a las 4:00 p.m. a confesar a unos jóvenes en un retiro y de manera jocosa les dije que si no llegaba es porque estaba en El Chipote. Sin pensarlo, eso se cumplió. Me capturaron con un grupo de laicos alzando una bandera de color amarillo y blanco que representa a la Iglesia. Como siempre he acompañado, más allá de hacer protesta, como un guía espiritual, llevaba ese día una estola clerical y los santos óleos.

¿Qué le dijeron los policías al momento de detenerlo?

Me preguntaron qué eran esas cosas que yo tenía (la estola y los óleos), les dije que era sacerdote. En el momento que me detienen me dicen “golpista”, después nos llevaron a otro lugar para cambiar de vehículo, íbamos como cinco personas. Gracias a Dios en ese momento no nos golpearon.

¿Qué sucedió  estando en las celdas del nuevo Chipote?

Estando allá, digamos que la canción cambió. Me dijeron que no anduviera de vandálico, aunque nos dijeron los oficiales que a nadie se iba a golpear, me di cuenta que a dos de los que iban conmigo los golpearon. Pienso que ellos creen que el proceder del pueblo desestabiliza la economía y eso, según el Gobierno, causa un “golpe de Estado”. Son cosas que si lo estudiamos con lógica, pues no calzan.

Vicario de la iglesia san Agustín de Managua, Juan Domingo Gutiérrez Álvarez. Bismarck Picado/END

¿Hay más manifestantes presos en las celdas del complejo? ¿qué observó?

Sí hay. Lo más gratificante es que los demás presos que estaban en el lugar, desde hace meses, entre ellos recogían galletas, pinolillo, avena y compartían con los que estábamos llegando, ellos nos decían: “Bienvenidos, porque aquí vamos a estar”.

¿Cómo fue la llegada del nuncio apostólico al auditorio donde concentraron a los detenidos?

Nos dijeron que todos íbamos a salir como a eso de las 6:00 p.m., luego de eso nos llevaron a todos al auditorio. En ese momento nos dicen que el nuncio iba a llegar. Hubo como tres personas que abuchearon al señor nuncio, pero Sandra Ramos, Azahalea Solís y algunos jóvenes dijeron “respeten”.

¿Cuál fue la reacción del nuncio?

Él dijo que llegaba a ayudar a los que deseaban su ayuda. Recordemos que la misión de él es, como diplomático y pastor, al servicio del pueblo y sí lo demostró, cuando dijo que todo lo que estaba haciendo era por amor a Nicaragua. Además, dijo: “Si ustedes piensan que yo me vendo a cualquiera, pues no tengo partido, porque en primer lugar no soy nicaragüense y no puedo opinar a favor de uno ni en contra de otro, porque no es ese mi papel. Mi servicio es velar por la justicia”.

Luego de esas palabras, ¿se calmaron quienes abuchearon al nuncio?

Sí, desde que empezó a hablar. Algo muy curioso es que cuando la gente gritaba ¡Viva Nicaragua!, el nuncio también en micrófonos abiertos se unía respondiendo “Viva”. Al nuncio, cuando estaba llamando a uno por uno, a los que estábamos apresados para que abordáramos los buses, se le salieron un par de lágrimas mientras varias personas lo abrazaban.

El padre Juan Domingo Gutiérrez dijo que al nuncio se le rodaron las lágrimas cuando se producía la liberación de los detenidos. Bismarck Picado/END

¿Qué significó para usted que en el trayecto, muchos nicaragüenses acompañaron a los detenidos?

Al final, la gente se manifestó, ellos se solidarizaron con nosotros y expresaron querer libertad para el pueblo. El recibimiento no era solo familiar, habían personas desconocidas alegrándose de la libertad de otros.