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“Nicaragua necesita desesperadamente una solución política lo suficientemente creíble como para restablecer la confianza en los mercados financieros, los inversionistas y los consumidores”, asevera el informe “La Tragedia nicaragüense: del consenso a la coerción”, presentado en Washington esta semana por Richard Feinberg, profesor de la Universidad de California, en San Diego, Estados Unidos, y Beatriz Miranda, científica e investigadora del Índice de Progreso Social.

Según estos expertos, los temas políticos más urgentes para Nicaragua son la reforma del sistema electoral y la fecha de las elecciones, así como la restitución de las libertades civiles y la libertad de los presos políticos. Luego, recomiendan, se deben implementar reformas integrales de Gobierno.

En cuanto a la recuperación económica, Feinberg y Miranda señalan que “inicialmente, es probable que avance lentamente, a medida que la nación se recupera del trauma severo de la confrontación violenta; los actores económicos esperan a ver si los nuevos acuerdos políticos son sostenibles”.

“La crisis política (de Nicaragua) fue el resultado lógico de las contradicciones entre una economía en gran parte privada y dirigida por el mercado, incrustada en una cultura de individualismo y rebeldía estudiantil y los esfuerzos de los líderes sandinistas por construir un sistema de partido político autocrático y único”, señalan los especialistas.

En el informe “La tragedia nicaragüense: del consenso a la coerción”, expuesto el martes pasado en el Centro Internacional Woodrow Wilson para Académicos de Washington DC, señala que “si bien la combinación de economías privadas y políticas autocráticas puede prosperar en algunas sociedades de Asia, aún no existe un ejemplo exitoso y duradero en el hemisferio occidental” y que “es poco probable que Nicaragua sea una excepción a la regla”.

Según Feinberg y Miranda, antes de abril de 2018 había un amplio consenso sobre asuntos económicos, pero la sociedad nicaragüense se fragmentaba fuertemente en temas de gobernanza política, una contradicción que a la larga resultó insostenible, porque cuando las reformas al seguro social del año pasado detonaron la crisis sociopolítica, el presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo descartaron “el modelo de toma de decisiones consensual que había producido éxito económico” y “reaccionaron ante las protestas populares generalizadas (…) con fuerza letal, protegiendo su control autocrático que se volvía cada vez más estricto”.

El presidente Daniel Ortega y la vicepresidenta Rosario Murillo. Archivo/END

El profesor Feinberg, de la Universidad de California, ha seguido de cerca a Nicaragua en los últimos 15 años y su visita más reciente al país fue en diciembre de 2018, en medio de la crisis sociopolítica que a mediados de abril cumplirá un año. 

Desempeño económico

“El exitoso modelo económico de Nicaragua fue llevado a cabo, tanto por las administraciones ‘neoliberales’ (1990–2006) como por los sandinistas ‘izquierdistas’ (2007–presente)”, expresa el informe.

Feinberg y Miranda consideran que la economía nicaragüense se había desempeñado “razonablemente bien” en los últimos 25 años, con tasas de crecimiento económico y reducción de la pobreza que superaban las tasas promedio de América Latina, pero durante la última década, Nicaragua retrocedió con el deterioro en la calidad de la gobernanza democrática.

La estrategia “compartida” incluía una economía orientada hacia el mercado, favorable hacia los negocios e integrada en los mercados comerciales y financieros globales. La economía nicaragüense antes de la crisis se basaba en las exportaciones de mercancías y de zonas francas, cada vez más diversificadas en el turismo internacional, la recepción de remesas, la inversión extranjera y nacional y la asistencia de los bancos multilaterales de desarrollo.

Richard Feinberg (izq) expone sobre la crisis de nicaragua,  en el Wilson Center de Washington. Cortesía/END

“Incluso, durante el gobierno sandinista, un diálogo constructivo entre líderes empresariales y altos funcionarios gubernamentales generó un amplio consenso sobre las políticas económicas. Por un momento en la historia, la sociedad nicaragüense superó lo que posiblemente ha sido el principal obstáculo para el progreso socioeconómico en Centroamérica: los puntos muertos entre el Gobierno y las empresas, cuyo efecto sobre las políticas públicas del país ha sido la discontinuidad”, explicó.

Punto crítico

Para el profesor de la Universidad de California y la investigadora del Índice de Progreso Social, hoy Nicaragua se encuentra en un punto crítico. La crisis sociopolítica ha traído un panorama económico sombrío para el país.

De acuerdo con el reporte, la crisis provocó un colapso del gasto en consumo y la baja en la confianza empresarial, lo que ha conducido a un marcado descenso en la economía.

Por otro lado, las empresas reaccionaron a la disminución de las ventas mediante el despido de trabajadores, lo cual redujo aún más los gastos de consumo. Como producto de la crisis, Feinberg recuerda que también el turismo internacional se desplomó, los precios inmobiliarios cayeron y los proyectos de construcción fueron suspendidos; miles de nicaragüenses migraron y comenzaron a llegar las sanciones y presiones de Estados Unidos, que alcanzan al crecimiento económico.

En 2018, se cree, Nicaragua experimentó una contracción económica de alrededor del 4%, después de varios años de crecimiento por encima del 4.5%.

“Al momento de la redacción del presente informe en enero de 2019, el sector financiero estratégico presentó fugas masivas de depósitos y su cartera de préstamos se deterioró debido al aumento masivo en los préstamos improductivos, los cuales generaron un riesgo de liquidez a corto plazo y un riesgo de solvencia a medio plazo. A falta de una resolución sostenible de la crisis política, el panorama económico es sombrío”, sostuvieron.

Bases para recuperación

Ambos expertos confían en que una vez que se restablezca la estabilidad, Nicaragua puede aprovechar sus éxitos económicos anteriores, al mismo tiempo que corregir las deficiencias.

“De cara al futuro, Nicaragua ya ha demostrado que puede alcanzar tasas de crecimiento del 4% al 5% anual, que de ser sostenidas podrían triplicar el PIB per cápita del nivel del 2017 de US$2,161 a unos US$6,700 para el 2050”, explican.

Para el profesor Feinberg y la investigadora Miranda, Nicaragua es una prueba viviente de que el crecimiento económico no es sostenible sin un consenso funcional sobre las instituciones políticas.

Consideran que en una economía más firmemente respaldada por instituciones políticas más sólidas, con una tasa de crecimiento sostenido del PIB de por lo menos un 7% al año, cada nicaragüense podría disfrutar de un PIB per cápita seis veces mayor que el monto actual o aproximadamente US$12,600.