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  • Redacción web

Sandra Hernández Potosme es bióloga y realizó una investigación para crear el corredor del jaguar en Nicaragua, el más grande de Centroamérica.

Este corredor conecta con 18 países de América y fue creado para preservar al felino más grande del continente.

La bióloga afirmó que pasó dos meses metida en las selvas de Bosawás e Indio-Maíz.

“Me sentía grande cuando me felicitaron porque había terminado, y lo hice primero que muchos coordinadores de otros países”.

Aseguró que fue muy difícil recorrer toda la costa Caribe ya que tenía que caminar días enteros para llegar a una comunidad y tuvo que viajar en cayucos.

Laguna de Perlas, Tasba Pauni, Wawashán, fueron algunos de los lugares donde se internó. Hernández Potosme comenzó dicha investigación en 2009 y la finalizó en 2013, en 2014 presentó los resultados.

“Es uno de mis mayores logros”, dice.

Luego firmó un convenio de trabajo con el Gobierno de Nicaragua para desarrollar la investigación en estos lugares.

El corredor de jaguar que ayudó a crear la científica forma parte de otros que se extienden desde México hasta Argentina.

Sandra Hernández, bióloga. Cortesía/END

“Con este trabajo descubrimos que en los territorios indígenas, lo colonos se están metiendo. Sobre el estado del jaguar es preocupante porque al seguir la deforestación se reduce el hábitat porque necesita espacio”.

Su carrera científica comenzó como estudiante de biología de la Universidad Nacional Autónoma de Nicaragua (Unan-Managua).

Aunque sus primeras investigaciones las realizó con aves, como una caracterización de la calidad de vida de pájaros en cautiverio en el zoológico nacional.

Después unos expertos de Estados Unidos llegaron a la universidad preguntando sobre alumnos que estaban haciendo investigaciones y fue seleccionada, afirmó.

“Como no teníamos dinero nos invitaron a hacer investigación en el Mombacho, el Chocoyero y el jaguar en Jinotega”.

En el 2009 fue contratada por la organización Panthera, de la cual actualmente es coordinadora. Este año tiene planeado presentar una propuesta para crear una nueva unidad de conservación del jaguar, entre los territorios de Lagunas de Perlas, Awaltara, Prinzu Awala.

Hernández Potosme afirmó que también está terminando una maestría en manejo y conservación de bosques tropicales.

“La mujeres podemos igual que los hombres. Somos capaces, fuertes y campeonas. Solo hay que poner esfuerzo, no hay que dudar”.

LA PAJARERA

Salvadora Morales es ecóloga y realizó una investigación para la selección de las áreas importantes para aves en América. Por cada país se seleccionó un área y Morales escribió el capítulo para Nicaragua.

“Recorrí distinto lugares e identifiqué distintas amenazas y qué especies de aves habían en estos lugares”, explica.

Salvadora Morales, ecóloga. Óscar Sánchez/END

En paralelo, estuvo trabajando en proyecto de investigación en el volcán Mombacho. “Fui una de la primeras investigadora cuando el volcán no tenía la estación biológica, dormíamos entre las baterías de la antenas de comunicación y fui una de las que construyó los primeros senderos”.

Pero unos de sus grandes logros fue conseguir que una investigación que realizó cuando trabajaba para la organización Fauna y Flora Internacional, ayudara a que la isla de Ometepe fuese declarada reserva de la biosfera.

Por el 2007, la isla tenía el problema legal entre las alcaldías y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena), las municipalidades querían aprovechar las tierras y el Gobierno afirmaba que toda la isla era un área protegida.

“La alcaldía decía que le tocaba a ella dar los permisos y Marena decía que esto le tocaba porque era una área protegida”. Morales afirmó que en ese contexto empezaron a analizar qué soluciones podía haber, e iniciaron un programa de capacitación a los jóvenes para conocer la naturaleza y que se convirtieran en guía.

Además, comenzaron hacer investigación de animales como la salamandra endémica de la isla, mamíferos y aves. “Fue un proyecto integral donde justificamos por qué Ometepe tenía todas la condiciones para entregarle el título de una reserva de biosfera y poder separar, esto es para trabajar y esto para conservar”. 

Todo el proceso de investigación llevó alrededor de 7 años. “Cuando empecé el proyecto de investigación no pensé que nos llevara como resultado tener una reserva de biosfera”. El 20 de febrero de 2013 la isla fue declarada reserva de biosfera.

En mayo de 2016, el delta del Estero Real, ubicado en Chinandega, fue declarado sitio de importancia mundial para las aves playeras, por la Red Hemisférica de Reservas para Aves Playeras.

“Se conocía bien las áreas para aves en México y Estados Unidos, pero no en Centroamérica, no se sabía nada y la ONG Birdlife International nos contactó para hacer una investigación”.

Durante meses buscaron un sitio con aves y encontraron el delta. Morales es originaria de la comunidad misquita de Wawa Bar, en el Caribe Norte y ha hecho varios cursos de ornitología.

GUARDIANA DE TORTUGAS

Heydi Salazar es una bióloga de 34 años que realiza nuevas investigaciones sobre la conservación de tortugas marinas para mejorar el éxito de nacimientos en nidos de estas especies.

Fauna y Flora Internacional para quien labora, trabaja en mejorar la salud de algunas tortugas en peligro crítico de extinción.

Heydi Salazar, bióloga. Nayira Valenzuela/END

Dos de estas tortugas que ella investiga son las tortuga tora (Dermochelys coriacea) y la tortuga carey (Eretmochelys imbricata).

Salazar afirmó que al cuidar e investigar dos especies que están desapareciendo, se siente en una posición muy especial. “Son especies que posiblemente no vayamos a ver dentro de unos años, en teoría los científicos con 30 años de investigación hablan que dentro de 10 años”.

Las investigaciones la realizan en playas de anidación ubicadas en las costas del Pacífico, Padre Ramos y  Aserradores en Chinandega, en la Isla Juan Venado en León, en Salamina en Villa El Carmen y Veracruz de Acayo y Chacocente en Carazo.

“Me siento orgullosa porque puedo ver esta especies que mucha gente no lo va a poder ver y siento que estoy contribuyendo para que mi país sea uno de los puntos en el futuro, donde podamos tener estas especies”.

Salazar afirmó que son contadas con los dedos las mujeres que hacen conservación e investigación de tortugas. “Hay bastantes varones, la gente de las comunidades la mayoría de los voluntarios son hombres, sino me equivoco apenas son cinco mujeres las que trabajamos en conservación”.

Contó que empezó como voluntaria en 2007 y tiene alrededor de 12 años trabajando con tortugas. “No fui la primer mujer que trabajaba con tortugas, pero cuando entré la participación de las mujeres era mínima.”

Considera que se debe a que el trabajo es muy fuerte y con pocas condiciones. No obstante, el sistema machista es lo que hace más difícil que las mujeres se involucren en este trabajo, aseguró la bióloga.

“Los nicaragüenses deberíamos de impulsar más la investigación, más datos para poder hablar con datos e invito a más mujeres que se sumen porque tenemos que dejar un legado para la conservación”.