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Beber agua del lago Xolotlán, bañarse y pescar en sus aguas frente a Managua, bajar a la laguna de Tiscapa para recoger agua para consumir, ir a la laguna de Nejapa para cubrirse con su lodo volcánico o caminar por las escasas calles que existían y que eran alumbradas por faroles a base de gas, son algunas cosas que han cambiado en más de 200 años de historia de la capital.

Este 24 de marzo se cumplen 200 años de que Managua fuera elevada a Leal Villa por el rey de España, Fernando VII. Así dejó de ser un poblado más del Reino de Guatemala, pero con contadas casas de pared y tejas y chozas donde vivían los indígenas.

La elevación ocurrió cuando en Granada y León, las agitaciones ciudadanas de los movimientos independentistas estaban en crecimiento.

Un grupo de capitalinos hace fila antes de entrar a ver una película en el teatro Margot. Cortesía / END

Sin embargo, el tranquilo pueblo de pescadores se mantenía leal al rey.

“Por eso el título de leal”, señaló el historiador Nicolás López Maltez, un personaje que ha retratado a Managua con sus fotografías.

De acuerdo con la obra Managua en sus 40 años de existencia, de Lola Soriano y Julián Guerrero, dos intelectuales que realizaron las obras históricas sobre la capital, en los movimientos libertarios de 1811, 1812 y 1814 contra la corona, los managuas permanecieron leales. Estas revueltas provocaron luchas armadas en el tranquilo pueblo.

Una vez sofocadas las manifestaciones independentistas en Managua, el obispo Nicolás García Jerez, quien gobernaba en ese momento por una disposición de un movimiento insurgente,  pidió a la corona el favor de elevar Managua a villa, según los historiadores. La corona aceptó.

Tras el terremoto de diciembre de 1972, la capital creció de forma desordenada en dirección sureste. Archivo/ END

El hecho de ser elevada a “leal villa” le da a Managua el derecho de consolidar un ayuntamiento que se había creado en 1814.

Por primera vez los managuas conformaron una administración y eligen a sus primeros alcaldes, un español llamado José Rovira en 1820 y Timoteo Moreira en 1821.

CIUDAD SIN RECUERDO

López Maltez afirmó que “para mi es la ciudad con raíces más antigua de Nicaragua. El nombre que quedó de la ciudad es indígena”.

Aseguró que quizá llegó a ser el pueblo indígena más grande que se extendía desde Tipitapa hasta la península de Chiltepe.

“Había cerca de 40,000 habitantes y 10,000 de ellos eran guerreros”, apuntó.

Algunos aspectos históricos de Managua:

Agregó que lo único precolombino que queda son: una piedra en Asososca pintada con la serpiente emplumada y las huellas de Acahualinca.

El historiador afirmó que es difícil que la capital tenga una tradición cultural, ya que en el siglo XIX se destruyó dos veces y en el siglo XX también.

“Nunca va a poder ser histórica, porque los monumentos no perduran, los terremotos destruyen lo que hagamos aquí. Estamos reconstruyendo sobre ruinas”, dijo.

Según Soriano y Guerrero, en 1819 solo había 11,000 habitantes en Managua y la villa contaba con un poco más de 1,000 casas.

Antigua avenida Bolívar en Managua. Archivo/ END

Los apuntes históricos de Gratus Halftermeyer, otro historiador especializado en Managua y quien redactó varias obras, menciona que los managuas tomaban agua del lago o laguna de Tiscapa.

Incluso, destaca que para 1846 no había ni siquiera médicos, ni se conocía el nombre de las enfermedades y estas se curaban con infusiones de plantas como purga de fraile, sardinillo, hoja de uña de gato, achopaste, entre otros.

DE GAS A ELECTRICIDAD

En 1852 Managua fue declarada capital, sin embargo, fue hasta 1875, bajo el gobierno de Vicente Cuadra, que pasó a ser departamento. Antes se mantenía como un distrito de Granada.

Vista aérea del antiguo centro de Managua, del que solo sobrevive el edificio del Banco de América. Cortesía/END

Halftermeyer menciona que para 1872 las pocas calles de Managua no tenían alumbrado público y algunas casas se alumbraban con faroles. Entonces el gobierno de Vicente Cuadra ordenó el establecimiento de alumbrado público a base de gas.

El historiador afirmó en sus apuntes, que una patrulla de hombres se encargaba de arreglar y encender los faroles de gas que estaban colocados en un poste.

Cada alumbrado estaba puesto en una esquina. Los candileros salían con una escalera por las mañanas y en la tarde a encender, apagar y preparar los candiles.

En 1888 se creó el servicio de agua potable, que permitió a varios managuas poder bañarse a diario sin tener que ir al lago o la laguna de Tiscapa o bien mandar a traer el líquido desde estos lugares, precisa Halftermeyer.

La antigua catedral de Managua, cuyo edificio aún se mantiene en pie, a la espera de una definitiva restauración. Archivo/ END

El historiador explica que el agua se  tomaba de “un pozo frente al lago donde está ahora el Cuerpo de Bomberos. Por medio de una bomba, esta agua es enviada a las pilas que están al pie de la loma  de Tiscapa y de allí bajaba por su propio declive a llenar la cañería en la población”.

La compañía que hizo posible este avance era dirigida por los extranjeros Pablo Giusto y Carlos Nical. En 1902 se dio otra mejora en Managua, tras 28 años de alumbrado público a base de gas; se hizo posible que el alumbrado público cambiara al sistema eléctrico.

La avenida Roosvelt de la vieja Managua. Archivo/ END

De acuerdo con el historiador, los managuas empezaron a salir de noche y quedó atrás a la costumbre de irse a acostar al atardecer.   

EL LAGO SE ENSUCIA

Los historiadores destacan que a finales de los años 1800 e inicios de 1900, ocurrieron algunos avances como la construcción y ampliación del tren y Managua empezaba a desarrollarse como ciudad.

Incluso, había la necesidad que tuviera un sistema de alcantarillado, lo que llevó a que en 1926 se construyeran las primeras colectoras de alcantarillado sanitario en el sector que ahora es la antigua catedral y se comenzara a descargar aguas residuales sin tratamiento hacia el lago Xolotlán.

En ese momento se estima que la capital no tenía más de 30,000 habitantes y que ésta llegaba hasta donde está el cementerio San Pedro. 

De acuerdo a documentos oficiales de 1944, en esa época dichas colectoras ya habían dado su vida útil y no se daban abasto. Después de varios años de recibir desechos orgánicos por el alcantarillado, basura y sedimentos por cauces, el 19 de noviembre de 1969 el Gobierno declaró insalubre la costa del lago de Managua.

Vista panorámica del parque Darío, de la vieja Managua. Archivo/ END

“Se declara insalubre la costa del lago de Managua, en toda la extensión comprendida entre los lugares conocidos como Miraflores y la altura del Kilómetro 13, Carretera Norte, así como los cauces que rodean la ciudad capital, en todo el perímetro de su extensión”, dice el decreto.

Así terminaron muchos años de aprovechamiento de este cuerpo de agua.

TERREMOTOS

Los historiadores señalan que en la historia de Managua ha habido cuatro sismos que la han afectado significativamente.

Según el libro “Desastres Naturales de Nicaragua”, de Jaime Incer Barquero, el 28 de abril de 1881 un terremoto que duró al menos 50 segundos, provocó que varias casas de taquezal y adobe se cayeran. El fenómeno provocó tres réplicas.

El 11 de octubre de 1885 un terremoto, que también afectó a León y Chinandega, causó daños serios al edificio de la sede de Gobierno, a un seminario y el palacio arzobispal, y la mayoría de casas de adobe se partieron.

Incer Barquero afirma en su libro que en 1916 se registra por primera vez con un instrumento técnico un sismo al sur del lago de Managua. Unos 15 años después, ocurre el terremoto del 31 de marzo de 1931, 5.6 grados en la escala de Richter y que provocó la muerte de más de 1,000 personas y 15 millones de córdobas en perdida.

El cuarto y más mortal de la historia, es el sismo del 23 de diciembre de 1972, de 6.2 grados y que cobró la vida más de 10,000 personas.

Según los historiadores, Managua era un santuario de paz donde los políticos y ciudadanos cansados de la vida en Granada y León, querían retirarse.

Sin embargo, con las tensiones independentistas, los conflictos internos de los partidos, esa virtud se fue perdiendo poco a poco.

En el siglo XX también se fue desapareciendo más y actualmente las rebeliones cívicas recuerdan que lo más importante que se perdió fue la paz.