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Tomás Antonio Solano, de 61 años, decidió el pasado 2 de marzo cruzar de noche de Costa Rica a Nicaragua por el paso fronterizo La Guacimada, cerca de Peñas Blancas, en compañía de su esposa y un coyote y fueron interceptados por delincuentes que los asaltaron.

Solano se opuso a los ladrones y recibió una pedrada mortal en la cabeza.

Los testigos aseguran que cuando los asaltantes aparecieron en el camino, a las 8:20 p.m, el coyote optó por abandonar a la pareja y los delincuentes procedieron a asaltar a Solano, quien era originario de Boaco, Nicaragua.

Nicaragüenses llegan a los pasos ciegos en la frontera sur con Costa Rica. Lésber Quintero/END

La nicaragüense Ena Estrella cruza con frecuencia la frontera entre Costa Rica y Nicaragua por La Guacimada, para realizar actividades comerciales y la extorsionaron en ese lugar, el 23 de febrero. También intentaron robarle cuando regresaba de Costa Rica con dos televisores usados y una maleta con ropa y zapatos.

“Esta muerte es lo más grave hasta ahora, pero la situación para las personas que por emergencia y necesidad cruzamos por esta ruta es crítica, porque estamos totalmente desprotegidas; y producto de la ola de robos, solo se escuchan los lamentos de las víctimas cuando llegan a ambos lados de la frontera en busca de transporte público o selectivo”, relata Estrella.

La comerciante cuenta: “ese día, unos hombres me cobraron 20,000 colones (unos C$1,100) para dejarme ingresar con los televisores y de ipegüe, un coyote nicaragüense me estaba robando zapatos que traía en mi maleta, pero con apoyo de mi marido evité el atraco”.

Aunque hay soldados del Cuarto Comando Militar del Ejército de Nicaragua patrullando la zona, personas consultadas por El Nuevo Diario afirman que el lugar se ha vuelto inseguro.

Una joven, que por seguridad decidió identificarse como Vilma, dice que ella y su mamá cruzan con frecuencia por los potreros de La Guacimada y han constatado que nadie brinda apoyo a quienes sufren robos.

Explica que su mamá vive en Costa Rica, cerca de la frontera de Peñas Blancas, y en diciembre pasado, cuando inició la ola de robos, ella fue víctima de ladrones y nadie la auxilió.

“A mi mamá la interceptaron en horas de la tarde, cuando se dirigía a Costa Rica, uno de los delincuentes la intimidó con un puñal para despojarla de dos celulares y dinero en efectivo, y aunque pedí ayuda a un grupo de personas que iba delante de ella, no obtuve repuesta, cuando llegamos al puesto militar del Ejército, tampoco le ayudaron”, afirma.

Muchos transitan ilegalmente entre Costa Rica y Nicaragua para no perder su visa o por falta de ella. Lésber Quintero/END

Agrega que en el puesto policial que está en el complejo aduanero de Peñas Blancas, “a las víctimas las mandan a interponer las denuncias hasta el pueblo de Cárdenas y por esa razón casi nadie reporta los robos”.

Habla un coyote

El joven Evert Lugo Acosta, de 21 años y residente en Costa Rica, dice ser testigo y víctima de los robos a los migrantes al cruzar la frontera.

Lugo regresaba a Nicaragua la noche del 19 de febrero, con su mamá, su hermana y otra persona, tras conocer que un familiar había fallecido y a las 9:00 p.m. tres hombres descendieron de unos árboles, los interceptaron y les robaron cuatro celulares, otros artículos que traían y dinero en efectivo.

Ileana Castillo, familiar de estas víctimas, relató que en la misma noche fueron a poner la denuncia en el puesto del Ejército en esa zona, con la esperanza de recuperar sus cédulas de residencia de Costa Rica, pero no fue posible.

Aunque hay soldados del Cuarto Comando Militar del Ejército de Nicaragua patrullando la zona, personas consultadas por El Nuevo Diario afirman que el lugar se ha vuelto inseguro. Lésber Quintero/END

José Chévez, un nicaragüense que vive en Liberia, Costa Rica, también perdió su cédula de residencia durante un robo que sufrió a las 5:00 a.m. el 9 de febrero cuando ayudaba a cruzar a su suegra, Patricia Flores, por La Guacimada.

Flores recuerda que “cuando hacíamos la travesía, unos hombres armados de machete nos detuvieron y le robaron a José su celular, su cartera con dinero y su cédula de residencia y ahora tendrá que gastar como 150 dólares para reponerla”.

Un coyote del sector, que pidió ocultar su identidad, revela que los robos y extorsiones son cotidianos en los potreros de La Guacimada y a lo largo del muro que divide los dos países.

“Esto, ciertamente, se ha salido de control y la hora más peligrosa para los migrantes es entre las 5:00 p.m. y 5:00 a.m.; y lo que más buscan los delincuentes que han llegado a esta zona son celulares y dinero en efectivo, y se dan el lujo de mantenerse tranquilamente en este sector porque no hay presencia policial”, explica.

El potrero de La Guacimada es un viejo corredor de mercaderías y migrantes que buscan cruzar el muro o llegar directamente al cafetín que está en el puesto migratorio costarricense en Peñas Blancas o al puente Icabalzeta, dice el coyote, quien admite que por cruzar a los migrantes cobra entre 2,000 y 5,000 colones (US$3 y US$8), según la ruta.

Nicaragüenses llegan a los pasos ciegos en la frontera sur con Costa Rica. Lésber Quintero/END

Agrega que entre los migrantes que usan esta ruta se encuentran comerciantes que van a vender productos al lado tico y viceversa, y nicaragüenses que ingresaron a Costa Rica con visa, pero luego se movilizan por puntos ciegos para no reportar su salida y mantener la vigencia del documento hasta su fecha de vencimiento.

Explica que las visas de ingreso a Costa Rica tienen vigencia de tres meses, pero muchos nicaragüenses van y vienen hasta 5 veces en este período y “para no estar pagando visa en cada viaje cruzan por ese punto no habilitado y logran darle vida a su documento hasta que se les vence”.

El “punto ciego”, que colinda con el costado oeste del complejo fronterizo de Peñas Blancas también es la ruta que usan migrantes cubanos y africanos que van hacia la frontera de México y Estados Unidos.