•  |
  •  |
  • END

Washington / EL PAÍS
La amenaza de un nuevo tipo de terrorismo ha obligado al Pentágono a dotarse de un nuevo y novedoso comando digital. En línea con la nueva estrategia del presidente Barack Obama de reforzar la protección de las redes informáticas de Estados Unidos, el Ejército estadounidense decidió diseñar una nueva unidad operativa que asuma las tareas de ataque y defensa en la Red, creando el primer cibercomando de la historia militar del país.

El Departamento de Defensa de Estados Unidos recibió, sólo en 2008, 360 millones de intentos de intrusión en sus redes informáticas. Un grupo de ciberterroristas chinos tuvo un acceso casi total al programa Joint Strike Fighter, el más caro de la historia militar de Estados Unidos. Lograron copiar miles de gigas de información sobre la construcción de una nueva generación de aviones militares.

En otros episodios separados, un grupo de atacantes penetró en el sistema de control de la Fuerza Aérea, y otro dejó un rastro de software maligno con el que podría haber llegado a tomar control del suministro eléctrico de Estados Unidos, del que dependen 300 millones de personas.

“Pearl Harbor” electrónico

Para evitar lo que diversos medios en internet han bautizado como un posible “Pearl Harbor electrónico”, la Administración de Barack Obama ha decidido crear un nuevo comando militar en el Ejército dedicado a la lucha contra los ataques cibernéticos, según reveló recientemente el jefe de la Agencia de Seguridad Nacional (NSA, por sus siglas en inglés), el teniente general Keith B. Alexander.

“Mantener libertad de acción en el ciberespacio en el siglo XXI es tan importante para los intereses de Estados Unidos, como la libertad marítima en el siglo XIX, o aérea y espacial en el siglo XX”, dijo en una comparecencia ante un subcomité de Servicios Armados de la Cámara de Representantes el pasado 6 de mayo.

El nombre de Keith B. Alexander suena, de hecho, como candidato para liderar este equipo que estará bajo la tutela del Comando Estratégico, encargado de la defensa espacial e informativa, del escudo de misiles y de la detección de armas de destrucción masiva.

En los últimos años, en los pasillos del Pentágono ha crecido la inquietud por un tipo de terrorismo al que no se ha prestado mucha atención. En una comparecencia ante el Comité de Fuerzas Armadas del Senado, el teniente general William Shelton, de la Fuerza Aérea, declaró: “Las amenazas del ciberespacio aumentan a la velocidad de la luz”.

Según un informe de la Oficina de Control Gubernamental, de junio del año pasado, un 70 por ciento de los ordenadores de las 24 agencias de inteligencia y de seguridad de Estados Unidos no disponía de codificación adecuada que pudiera proteger frente a un posible ataque externo.

En general, la inmensa mayoría de estas agencias carece de la seguridad necesaria en muchos de sus dispositivos, especialmente los móviles.

A pesar de sufrir ataques y filtraciones constantes y de haber sido incapaz de blindar a todas las agencias de inteligencia, sólo en el último semestre el Pentágono se gastó 74 millones de euros en responder a ataques y reparar daños provocados por estas agresiones cibernéticas, según reveló en abril el general John Davis.