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“Esos palmares eran algo bonito antes del huracán en 2016, pero el fuego le fue a dar el toque final a estas áreas”, dice José Velásquez, guardabosque comunitario de la Reserva Biológica Indio- Maíz, mientras recorremos la zona.

El paisaje es “desolador”, describe Velásquez, quien lleva 30 años en la reserva. “Hay partes que están seriamente afectadas, no se ve nada verde; el suelo está puro fango”.

El 3 de abril de 2018 se informó de un fuerte incendio en la reserva que afectó más de 5,500 hectáreas de bosque, matando o ahuyentando a una cantidad incalculable de la fauna.

El Nuevo Diario constató en la zona afectada sitios dañados como New Road, a 7 km del origen del incendio; Fish Creek y Top House, de los últimos puntos alcanzados por el fuego.

Velásquez muestra que en New Road no se ve recuperación de árboles, apenas hay maleza y plantas de yolillo, más las palmas reales que se recuperan, pero lentamente. En este punto hicieron un trabajo de reforestación, pero no hay árboles.

“Posiblemente las llenas del río mataron esas plantas”, afirmó el guardabosque. Se aprecian las bolsas negras en las que estuvieron sembradas las matas.

En Fish Creek los yolillales y palmas reales se ven con rebrotes y uno que otro árbol en pie que sobrevivió al paso del huracán Otto y al fuego de 2018.

En Top House y Fish Creek la imagen que dejó el incendio es trágica. A lo largo solo se observan troncos carbonizados. “Es como que le dieron una segunda pasada con el fuego”, explicó Velásquez.

Algunas especies de árboles tumbados o en pie en la zona siniestrada son almendros, cativo, palo de agua, cedro macho, ceiba, gavilán, leche maría, santa maría, sangre grado y jobo.

“El fuego pudo haber quemado las semillas de todas esas especies”, afirmó Velásquez. Añadió que con el huracán, los animales comenzaron a desaparecer y el incendio terminó alejándolos.

Aseguró que desde hace un año no se ven dantos, guatusas, guardatinajas, chancho de monte, jaguares y culebras.

“En Fish Creek había bastantes perezosos. De los frutos del yolillo se alimentaban los venados, las ardillas, el chancho de monte y otros animales, pero todo eso se quemó”, dijo el guardabosque.

Invasiones

Paty Beckford, vicepresidenta del Gobierno Comunal Kriol de Greytown (GCKG), afirmó que un problema es que el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena) está otorgando permiso para el corte de madera, sin el aval de las comunidades creoles e indígenas.

Dice que han reclamado, pero son ignorados por las autoridades. “Ya no hay comunicación, ni coordinación; debemos estar incluidos, nos sentimos excluidos dentro de los planes de recuperación. No nos permiten ningún tipo de diálogo”, aseguró.

También han denunciado la pesca ilegal de gaspar, guapote, mojarra y camarón de río, capturados con redes y trasmallos, en vez de la forma tradicional, con caña y anzuelo.

“Le dijimos que debería de prohibirse la pesca, porque a corto tiempo pueden desaparecer los peces. La pesca debería ser para consumo de los pobladores y no para comercio”, explicó Beckford.

Incendio que ocurrió el año pasado en la reserva natural Indio Maíz. Archivo/END

Otra situación que han denunciado los protectores del bosque es que un área restringida llamada Caño Negro, afluente del río Indio, muy especial por sus lagunas y fauna, ya tiene colonos llegados de otras regiones que están derribando árboles.

Agustín Joseph, otro guardaparque comunitario en la zona de Caño Blanco, un brazo o ramal de Caño Negro, afirmó que han entrado tomatierras con el objetivo de reactivar una mina de oro que fue explotada hace 40 años y es conocida como “Mina de Marenco”.

“Hay bastante gente allá, no preciso cuántos. Hace días vimos un bote con tres personas que iban a este lugar; su intención es buscar oro”, relató Joseph.

Precisó que en el cerro El Diablo, muy adentro de Indio-Maíz, también hay indicios de que tomatierras hicieron huecos con el propósito de buscar oro.

Incendio severo

El incendio ocurrido hace un año en una parte de Indio-Maíz, ha sido uno de los más severos que se haya conocido en la reserva biológica, la más importante del país junto con la Reserva de Biosfera Bosawás.

Las llamas devoraron más de 5,500 hectáreas de bosque, yolillos y palma real, según datos oficiales.

El Gobierno Comunal Kriol de Greytown y el Gobierno Comunal Rama de Indian River indicaron que durante el incendio derribaron 400 metros de árboles maderables, para dar más espacio al aterrizaje de aviones que ayudaron a sofocar el siniestro, y ese recurso se está aprovechando para reparar las viviendas de algunos comunitarios.

Los árboles tumbados por el huracán Otto en 2016 en esta zona habrían sido el combustible para el fuego del año pasado, más la supuesta quema agrícola que realizó un campesino, según informaron las autoridades.

Según la información oficial, el incendio inició en la comunidad Siempre Viva, a 6 kilómetros de San Juan de Nicaragua.

Princess Barberena, una joven creol, estaba sentada en su casa y miraba desde largo el humo y pensaba que era una quema normal.

Adonis Coulson, quien trabaja en un proyecto de conservación de tortugas, recordó cómo se enteró que la reserva se estaba quemando. Eran la 4:15 p.m. del 3 de abril, y pensó que el fuego se iba a controlar, pero en la noche vio el bosque muy iluminado. “Parecía Las Vegas”, dijo.

A las 8:00 p.m., Princess Barberena, con miembros de la junta directiva del Gobierno Comunal Kriol de Greytown (GCKG) y el Gobierno Comunal Rama de Indian River (GCRIR) y guardabosques (rama-kriol) empezaron a buscar botes, motores y combustible, para ir a ver dónde estaba el incendio, tomar las coordenadas e informar.

Incendio que ocurrió el año pasado en la reserva natural Indio Maíz. Archivo/END

Partieron a las 8:30 p.m. y llegaron en media hora a la comunidad Siempre Viva, donde el fuego había empezado. Vieron llamaradas que sobrepasaban las copas de las plantas de yolillo, que pueden superar los 10 metros de altura.

“Quisimos entrar, pero fue imposible, porque el acceso estaba obstruido y el viento soplaba fuerte y sentíamos el golpe del calor”, relató Barberena.

Ahí estuvieron alrededor de 35 minutos y regresaron a San Juan. Barberena, quien es secretaria del GCKG, recordó que informaron primero a la principal representante del gobierno central en la comunidad, quien respondió que en cualquier momento activaban el Comité Municipal de Prevención de Desastres (Comupred).

El siniestro avanzó y penetró la selva para consumir durante 10 días árboles centenarios y yolillales.

Un año después del incendio, la zona afectada prácticamente sigue igual, troncos carbonizados y solo los yolillos y las palmas reales presentan rebrotes. Barberena asegura que antes del incendio, afros e indígenas luchaban contra las actividades ilegales de colonos.

“Llegaron hasta el punto de desplazar a los propios comunitarios con el pretexto de que necesitan tierras para los familiares”, destacó.

Barberena aseguró que han escuchado rumores de investigadores que exploran la selva, que hay cultivos de arroz en la reserva.

Han confirmado que están sacando madera tumbada por el huracán Otto, en el 2016, pero no saben quiénes están extrayendo esa madera.

“La madera que encontramos que están sacando es cativo”, dijo Barberena y agregó que la están extrayendo de Fish Creek o Caño Pescado, a 12 kilómetros de la cabecera municipal, San Carlos, y uno de los puntos alcanzados por el fuego.