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Más de 180 kilómetros de distancia recorrió Rosa Martínez para estar este miércoles en el Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino, de Managua y poder recibir a su hijo y dos familiares más, quienes llegaron en un vuelo con más de 90 nicaragüenses deportados de Estados Unidos.

La mayoría de los deportados que llegaron este miércoles tenían entre 6 y 8 meses de haber ingresado a Estados Unidos, pero no duraron mucho tiempo en esa nación, pues fueron capturados por permanecer en el país del norte de manera ilegal.

Rosa Martínez es originaria del municipio de El Sauce, León, y esperó más de cinco horas bajo el sol, en las afueras de la salida número 9 del aeropuerto para recibir a  su hijo.

Encontrar trabajo es un desafío para los deportados. Nayira Valenzuela/END

El hijo de Martínez, de 23 años, había decidido probar suerte en Estados Unidos para ayudar económicamente a su familia, la cual se dedica al cuido de ganado en el municipio leonés. 

En octubre, al intentar cruzar la frontera entre México y Estados Unidos fue capturado y puesto en prisión.

“Me avisaron ayer (martes) que mi hijo y dos sobrinos venían hoy (miércoles) y me vine desde temprano a esperarlos, Ellos nos ayudaban con el ganado en la finca, pero querían ir allá (a Estados Unidos) a trabajar y buscar mejor futuro”, relató Martínez.

El vuelo que trasladó a los indocumentados llegó a Nicaragua a eso de la 12:30 del mediodía, sin embargo, fue hasta las 3:40 p.m. que salieron de las instalaciones del aeropuerto en dos buses, dejando a grupos en ciertas paradas estratégicas de transporte público.

Por trabajo

“En el mes de noviembre me  fui a probar suerte, pero no tuve tanta. Tengo familia y esperaba aportar un poco más desde allá. Aquí no hay oportunidades de trabajo, lamentablemente me deportaron”, contó José Francisco Orozco González, de 37 años, a quien lo esperaban desde tempranas horas su esposa e hija, quienes no dudaron en abrazarlo cuando bajó del autobús.

Orozco, quien es originario de la carretera vieja a León, relató que vivió los peores momentos de su vida intentando cruzar fronteras por un futuro mejor, “aguantar hambre, sol, cansancio, desesperación y estar largo de los míos, me dolía”.

José Francisco Orozco Guerrero, de 36 años, y Luis Alfredo Orozco, de 23, ambos hermanos, tampoco alcanzaron a vivir el “sueño americano”. Los dos salieron del país en el mes de agosto del 2018.

“Nos regresaron. Ahora a echarla toda aquí, aunque esta situación está difícil”, dijo a El Nuevo Diario Francisco Orozco, quien salió en septiembre de 2018 de la comarca Cuajachillo, si pensar que corría peligro tratando de cruzar de manera ilegal.

Deportados son recibidos por sus familias. Nayira Valenzuela/END

En las afueras del aeropuerto estaba Marina Martínez, quien desde el municipio de San Isidro, departamento de Matagalpa, viajó en bus para probar suerte, porque en realidad no tenía confirmado que su hijo, identificado como Kennet Guardado Martínez, estaría en el grupo que llegaría al país, pero este no llegó.

“Él se fue escondido de nosotros, solo quería trabajar y ayudarnos. Siempre decía que a pesar de que no seguía estudiando, allá iba a estudiar y trabajar”, dijo Martínez.

El pasado 9 de enero, las autoridades migratorias de Estados Unidos deportaron a 63 nicaragüenses indocumentados y el 20 de febrero llegaron 78 nacionales, de los cuales algunos pasaron meses detenidos en el país norteamericano a la espera de su retorno, al igual que los más de 90 deportados de este miércoles.