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“No quiero vivir en otro lugar que no sea Cuba. Incluso, una celda cubana la preferiría al exilio, porque las historias que cuento están allí. Como periodista, es muy importante la materia prima de la que te nutres; vivo de la realidad cubana en el sentido de que mis historias están allí”, dice Yoani Sánchez mientras conversamos en un receso de la reunión de medio año de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Contra la adversidad, inició su labor periodística independiente dentro de Cuba con el blog “Generación Y”. Después, creó con otros colegas el periódico digital 14ymedio.com.

¿Qué ha cambiado en cuba desde que Barack Obama hizo el acuerdo con Raúl castro para normalizar relaciones?

Hemos pasado por diferentes etapas desde ese 17 de diciembre de 2014, cuando públicamente se anunció lo que se ha dado en llamar, de manera periodística, el deshielo diplomático entre Washington y La Habana.

Es importante marcar esa fecha porque antes de ese momento mi generación, la generación del hombre nuevo, la generación de los adoctrinados, la generación de los crecidos bajo un modelo educativo, informativo y propagandístico, era tendiente a crear una burbuja de somos una plaza sitiada, el enemigo está en el norte, tenemos que tener mucho cuidado de Estados Unidos.

Yoani Sánchez conversa con Douglas Carcache, de El Nuevo Diario. Cortesía/END

A partir de ese 17 de diciembre algo se fracturó en ese ecosistema, en esa cosmogonía de ver la vida, y era que ya el enemigo no aparecía como enemigo porque el oficialismo lo estaba abrazando, invitaron a La Habana a Barack Obama, que llegó en marzo de 2016; entonces, a partir de allí se dio un proceso que ya no existe, se ha revertido prácticamente, pero que casualmente coincidió con otro proceso interno, que no tiene nada que ver con Estados Unidos, y es la llegada a la escena pública cubana de lo que podemos llamar una mentalidad milenial, de gente más joven, con otros intereses, con otras fuentes informativas.

Obama llegó pero ya había un proceso interno de cambio de mentalidad, menos recalcitrante, menos dogmática, una manera más amplia de mirar la vida desde la sexualidad, desde la economía, desde el aprendizaje de la tecnología y desde otros puntos de vista; y esto es importante saberlo, porque no fue que Barack Obama catalizara esos fenómenos.

Esos fenómenos ya estaban allí, había un agotamiento del sistema, había un agotamiento de la retórica oficial que ya estaba llena de poros por donde entraba la modernidad. Cuba es una isla y, bueno, se logró hacer un aislamiento. Había un poeta cubano, muy bueno, Virgilio Piñera, que decía: “La maldita circunstancia del agua por todas partes…”. Y el castrismo aprovechó mucho esa maldita circunstancia, que éramos una isla sin frontera directa, para mantenernos separados de las influencias mundiales.

Nos perdimos desde The Beatles, The Roling Stones hasta los hippies y las primaveras árabes. Lograron cauterizar un país. Cuando Obama aterriza en Cuba en 2016, ya ese proceso de cauterización no es muy efectivo, la influencia está llegando a través de las nuevas tecnologías. A pesar de que la gente no tenía el Internet integrado a los móviles, se enteraba. ¿Qué ha cambiado? Diría que el cubano es un ser mucho más abierto, más influido por el mundo.

¿Eso significa más crítico?

Más crítico con el sistema y con el régimen y, sobre todo, más difícil de complacer con respuestas monolíticas. Es más cuestionador.

¿Y eso qué implica para el régimen, en términos de su control de la sociedad?

Un cuestionamiento constante. Por ejemplo, desde hace unos pocos meses se ha orientado, orientado es el término que se utiliza cuando se ordena desde arriba hacia las castas de funcionarios, hacia los niveles intermedios del poder; se ha orientado a los ministros y funcionarios intermedios que tengan cuentas en Twitter y en Facebook, que le respondan a la gente.

Yoani Sánchez, bloguera cubana. Douglas Carcache/END

Se está dando una interacción muy interesante porque hay tantos problemas en Cuba, desde el desabastecimiento, la falta de productos, la falta de libertades, las injusticias, el mal funcionamiento de los tribunales; la gente dice “bueno, por primera vez puedo interactuar con un servidor público”, y digo servidor público entre comillas porque en realidad ellos se definen a sí mismo como “dirigentes”, lo cual es un posicionamiento diferente; ellos están allí para decirnos cuál es el camino, no para escuchar nuestras críticas. Aun así, la gente está volcando en las redes sociales su inconformidad. ¿Qué es lo que pasa? O no tienen respuesta o bloquean a los que cuestionan, o simplemente responden agresivamente con consignas. ¿Está cambiando esto el mapa de la relación de poder en Cuba, con las nuevas tecnologías? Sin lugar a dudas. Es un proceso lento, sí.

El internet facilita la expresión de la gente, y también la posibilidad de una democratización producto de esa presión social. ¿Cómo se da esta experiencia en Cuba?

Soy una gran impulsora del uso de las nuevas tecnologías en Internet, pero tampoco me dejo llevar por el entusiasmo total. Las tecnologías no tienen una ética en sí misma, son prisioneras de la ética del que las maneja. Se puede usar la tecnología para liberar y para reprimir, para mentir y para difundir una verdad; para proteger a un activista y también para lapidarlo.

El régimen cubano ha sido muy hábil en su momento en detectar ese poder de las nuevas tecnologías y en crear todo un aparato que va desde troles, ciberpolicías, medias verdades, ‘fake news’, lapidación de la reputación de los críticos, de los disidentes on line, y una serie de mecanismos más que ya en el mundo se conocen.

Pero, una de las características del régimen cubano es que ha podido aplicarlo por un largo tiempo; a diferencia de otros sistemas que alternan los Gobiernos, en la isla tenemos básicamente el mismo régimen desde hace 60 años.

Entonces, cuando aprenden una nueva tecnología la mantienen; por ejemplo, tenemos en Cuba la Universidad de Ciencias Informáticas que es un gran nido de ciberpolicías. Por un lado me alegra que la ciudadanía, la gente común, esté logrando acceder a todo esto para plantear su inconformidad, para convocarse desde las cosas más nimias, un grupo de vecinos que desde hace 2 meses no recibe agua en su edificio y a través de Facebook denuncian: tenemos este problema, por qué no llega el agua, hasta asociaciones de respeto a los animales, disidentes; o sea, una serie de fenómenos, algunos tienen que ver con la política y con la vida social, y otros sencillamente tienen que ver con la organización cotidiana y todos esos están usando las redes.

Por otro lado, hay una realidad oscura; esas mismas redes son usadas por el oficialismo para crear medias verdades, para difundir titulares triunfalistas para agredir a sus críticos y, sobre todo, para proyectar una imagen de un paraíso que no existe. (Imagen referencial) Archivo/END

Por otro lado, hay una realidad oscura; esas mismas redes son usadas por el oficialismo para crear medias verdades, para difundir titulares triunfalistas para agredir a sus críticos y, sobre todo, para proyectar una imagen de un paraíso que no existe.

¿El gobierno controla mensajes? ¿Cómo es la censura?

Tiene varias capas, es una censura de cebolla, podríamos decir. Está en primer lugar la censura que parte del adoctrinamiento inicial del ser humano, el niño que va a la escuela y su madre, como me lo dijo a mí la mía, el primer día que parte a la escuela, dice: “Cuidado con lo que dices”.

Esa es la primera censura que es el policía interior. Tienes que saber que no puedes decir lo que compras en el mercado negro; estamos hablando de una sociedad que depende mucho del mercado informal y no puedes decir que tu familia compra salsa de tomate, harina, huevos o camarones en la puerta, porque estás delatando a tu familia. Eso no lo puedes decir y un niño, desde que va a la escuela, sabe las cosas que no puede decir.

Es muy doloroso, porque es la edad de la inocencia, pero ya en Cuba tenemos conciencia de eso. Además, aprendes desde muy temprano, y eso lo he contado en mi blog “Generación Y”, que siempre hay un colega que puede ser el delator. En un texto escribí, se llamaba “Yo sospecho, tu sospechas, todos sospechamos”, sobre el día que a mi hijo, en su escuela primaria, un profesor les dice: “No se los he contado, pero mientras yo me fui había uno de ustedes que estaba apuntando el nombre de los que se portaban mal”.

Yo decía, manera de aprender la vigilancia desde pequeños; hay uno de nosotros, que nadie sabe el nombre, nadie sabe dónde se sienta, cuál es su rostro, si es niña o niño, que está anotando los nombres; pero, además, eso sigue y después viene en los centros de trabajo lo que es un mecanismo de clientelismo, zanahoria y garrote, te premio y te doy un estipendio, una mejoría económica, una bolsa con un kilogramo de pollo, pasarte dos días en la playa, a cambio de fidelidad. Si rompes eso, viene el castigo, no asciendes laboralmente, etcétera, etcétera. Después viene un grado más allá, si eres periodista te bloqueo el sitio, te arresto, te amenazo; son muchos escalones de la represión.

Te escuché decir la frase “vivimos en una casa de cristal”. Explicámelo.

Todo disidente sabe que en el lugar donde vive los teléfonos están intervenidos. La telefónica es una y es un brazo represivo de la Seguridad del Estado. Incluso, yo utilizo mis teléfonos como una especie de línea roja con la Policía Política, cuando les quiero decir algo lo digo por allí. Ya que te están oyendo, aprovéchalos. Además, lo que podríamos llamar el confidente, el informante… micrófonos colocados.

Tengo un texto que escribí un día de San Valentín, hace un montón de años, “no lo saben, mi amor, no lo saben”. Es un texto que yo le dirijo a mi esposo, en ese día, diciéndole: nos han escuchado, nos vigilan, pero no saben ni una palabra de ese lenguaje que tú y yo compartimos después de tantos años de vivir juntos.

Con levantar una ceja ya tenemos un vocabulario, porque en estos regímenes totalitarios y de vigilancia, la Seguridad del Estado cubana es heredera de la Stasi alemana, formados por la Stasi, con más años de experiencia que la Stasi, porque estos llevan 60 años.

Todo disidente sabe que en el lugar donde vive los teléfonos están intervenidos. (Imagen referencial) Archivo/END

Ellos parten de una tesis: el ser humano es conocible; el ser humanos, si lo observas, puedes saber cómo va a proceder. Yo descreo de esa frase y de esa tesis; creo que el ser humano es incognoscible y es impredecible.

El 9 de abril de 2007, cuando yo salí de mi casa con un ‘memory flash’ colgado en el cuello y me hice pasar por extranjera, para conectarme en el único cibercafé del país, en el capitolio nacional, para abrir mi blog “Generación Y”, ellos no lo sabían. ¿Cómo puede ser que no lo sabían? ¿Cómo puede una seguridad de un país no darse cuenta de lo que iba a hacer ese día? Porque el ser humano no es conocible, porque el ser humano tiene impulsos, arranques, instintos, torceduras, misterios insondables que una seguridad, por mucho que te vigile, no puede predecir.

¿Cómo has logrado que sobreviva 14 y medio?

Ha sido muy duro por varias razones. Primero, estamos ilegalizados como prensa independiente; eso nos trae que no podemos tener acreditación para ningún evento público, muchos de nuestros periodistas, incluyéndome a mí, hemos sido interrogados, reprimidos, amenazados, confiscados nuestros bienes de trabajo.

La historia es larga pero, sobre todo, ha sido un reto económico porque cómo hacer periodismo en un país donde no está permitido que la prensa independiente se financie. Cuando nosotros surgimos en mayo de 2014, teníamos dos retos; uno era tratar de hacer un periodismo mejor cada día, creo que es lo que se propone todo medio; el segundo era no depender de ningún gobierno, partido o grupo en el poder, ni fondo de ayuda a la democracia en ningún país del mundo.

Eso ha sido un camino de espinas que orgullosamente hemos transitado. ¿Cómo nos sostenemos? “Catorce y Medio” comenzó con un grupo de inversionistas, después ha pasado a tener un programa de membresía en que los propios lectores nos sostienen económicamente, de gente que se ha dado cuenta que hacemos un periodismo de calidad, que mantenemos una información desde adentro de la isla y dicen quiero apoyar.

¿Quiénes son? Mayoritariamente cubanos que viven en el extranjero y gente interesada en el tema cubano, pero también tenemos intercambio de contenido entre medios. Tenemos publicidad en nuestra página y, por otro, mi trabajo y el trabajo de otros colegas. Nosotros trabajamos por las arcas comunes, mi columna de El País (España), yo como presentadora en la Deutsch Welle (Alemania), otros colaboradores que trabajan en columnas.

Nutrimos para tener un proyecto. ¿Será sostenible a largo plazo? No sabemos. Pero, nos permite decir que somos un medio absolutamente independiente de los vaivenes políticos sobre la línea editorial. Podemos escribir en nuestra página cualquier cosa sin censura; claro, los límites son no a la agresión verbal, no usar la lengua para denigrar ni para la violencia verbal.

¿Cómo hacen los cubanos para tener acceso al internet que, además de difícil en lo técnico, debe ser difícil en lo económico allí?

Es muy limitado. Hasta el 6 de diciembre de 2018, hace pocos meses, los cubanos pudimos tener la posibilidad de conectarnos a Internet desde nuestros móviles. Antes de eso había que ir a una zona wifi; o sea, las personas escribían en su casa un mensaje, cargaban con su laptop o su teléfono móvil y se iban a conectar a una zona wifi donde una hora de conectividad equivale más o menos a un dólar, en un país donde el salario promedio mensual no supera los 30 dólares o 35 dólares.

Los que más ganan son los médicos y no superan los 50 dólares al mes. Estamos hablando de algo que realmente cuesta mucho para el bolsillo; además, una zona wifi es un lugar que no tiene el mínimo acondicionamiento para hacer un trabajo profesional, estás sentado en una acera, en un banco duro de un parque, bajo un árbol, te expones a la lluvia, a los ladrones y a la Seguridad del Estado que te puede venir a apresar.

Solamente desde el 6 de diciembre pasado hemos empezado a vivir la experiencia de, uy, tenemos algo muy positivo en nuestro bolsillo que nos puede llevar en Internet a todas partes. No es el Internet soñado ni deseado, estamos hablando de un Internet con muchas dificultades, con muchos cuelgues, 3G. Un paquete de 4 GB de conectividad en un móvil cuesta 30 dólares, el salario de un profesional durante un mes.

Solamente desde el 6 de diciembre pasado hemos empezado a vivir la experiencia de, uy, tenemos algo muy positivo en nuestro bolsillo que nos puede llevar en Internet a todas partes. (Imagen referencial) Archivo/END

De todas maneras, así abre una posibilidad. ¿Cuáles son los frutos? Muchos medios independientes han aprovechado el acceso a Internet en los móviles para poder tener un tiempo más pequeño entre que obtienes una noticia y la logras publicar, tener más reacciones inmediatas de la gente en la calles, más videos, y también poderle contestar más a los lectores.

Antes no podíamos hablar con los lectores porque no estábamos conectados; decir un me gusta, gracias por leernos, me encanta tu recomendación… ¿Es suficiente? No. Este es un Internet, como diríamos en Cuba, de palo. Es rústico, rústico, 3G, mala conectividad, pero abre un potencial.

Aprobaron en Cuba una nueva constitución hace poco. ¿Qué contiene con relación al ejercicio del periodismo independiente?

El 24 de febrero pasado fue ratificada en un referendo la nueva Constitución cubana, con el 78% del Padrón Electoral. Parece un número bastante grande, pero lo cierto es que 2.5 millones de cubanos se desmarcaron de la Constitución, ya sea no votando, no asistiendo a las urnas, diciendo NO, anulando o dejando en blanco.

Para los números que se manejan internacionalmente puede parecer poco, pero, créame, para una isla donde se impuso casi por decreto la unanimidad, que 2.5 millones de personas no hayan apoyado una Constitución es un número bastante grande.

¿Qué significa eso en términos políticos, para el régimen?

Es una señal, decirle que los tiempos de la unanimidad se terminaron. Tengo que decir que ellos lograron colar una Constitución que intenta dejar el sistema atado y bien atado. Es la contribución que Raúl Castro le deja a sus herederos políticos para que no puedan cambiar nada.

Raúl Castro. Archivo/END

Es como decirles, esta es la camisa de fuerza que no les va a permitir cambiar el modelo, la estructura social ni económica. Entonces, es un trago muy amargo; creo que ya estamos viendo las reacciones de los cubanos de a pie, hay un aumento del éxodo porque la gente dice, bueno, esto va a seguir así por mucho tiempo más, así que nos vamos.

¿Y en cuanto al periodismo?

Esta es una Constitución que en el tema de la prensa mantiene y consagra la propiedad estatal y social sobre los medios, pero no acepta la propiedad privada sobre los medios de difusión.

Tiene algunas zonas grises porque de alguna manera consagra la libertad de información y de prensa, pero todavía eso no se ha regulado; tiene un artículo 5 y un artículo 4 que son como unas espadas de Damocles. El artículo 5 consagra el carácter rector del Partido Comunista como fuerza superior de la sociedad, y el artículo 4 es una especie de consagración del matonismo político que dice que los cubanos tienen derecho a responder, incluso con las armas, a aquel que intenta cambiar el sistema.

¿Un periodista independiente puede ser agredido?

Exactamente. Si un periodista cuenta una zona que no le gusta al oficialismo y encaja en aquellos enemigos del artículo 4, nunca se sabe… Lo cierto es que ellos han generado una Constitución que podría prolongar la mordaza periodística “ad infinitum”.