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El sicólogo clínico y escritor Róger Alfredo Martínez, de 35 años, excarcelado el pasado viernes bajo el régimen de convivencia familiar, recuerda los momentos difíciles en la prisión y confiesa que pretende escribir un libro sobre esa triste experiencia.

¿En qué circunstancias te capturó la policía?

Yo fui apresado el 15 de julio del año 2018 en el puesto médico de Xalteva, donde estábamos curando a los jóvenes heridos de las manifestaciones pacíficas que se hicieron en Granada. La policía y parapolicías entraron sin orden de captura, sin orden de allanamiento y prácticamente fui secuestrado esa mañana.

¿Cuál era tu función en las manifestaciones?

Trasladar heridos en mi vehículo, insumos médicos de un lugar a otro para que pudieran atender a los muchachos, realizaba ayudas humanitarias.

¿Adónde te trasladaron y cómo fue tu proceso judicial?

Primero fui trasladado a las celdas preventivas de Granada y de allí hasta el 3 de septiembre me llevaron al Sistema Penitenciario La Modelo, en Tipitapa. En Granada tuve audiencia preliminar, audiencia inicial, un par de audiencias especiales. No tuve juicio en Granada, la primera audiencia de juicio ya fue en el Complejo Judicial de Managua. Estando en el penal recibí la notificación de que se iba a dar la audiencia de preparación de juicio.

Róger Alfredo Martínez, el sicólogo de Granada, afirma que en la cárcel unos cien presos se apoyaban mutuamente.  Cortesía/END

¿ Qué delitos te atribuyeron?

Fui condenado a 4 años y medio de cárcel. El delito que me imputaron en esa causa que cerró con sentencia condenatoria fue fabricación y tráfico de armas, municiones y explosivos. Lo más chistoso de eso es que las evidencias eran, 56 chibolas (pequeñas bolas de vidrio) y una hulera que estaban ahí en el lugar donde me encontraron. Prácticamente yo fui el preso de las chibolas.

¿Cómo fue tu experiencia mientras estuviste preso?

Los primeros días fueron pocos complejos porque era algo que no estaba dentro de las posibilidades de algo que pudiera pasarle a uno, porque sabía que no estaba haciendo nada malo. Fue un poco complejo para poder digerir lo que estaba sucediendo y trataba de comprender la dimensión de hasta dónde podía llegar. Ya la experiencia en el penal fue mejor, en el sentido de que estaba acompañado de un grupo de más de cien presos políticos y entre todos nos pudimos apoyar.

¿Imaginaste que ibas a pasar 8 meses detenido?

Ciertamente no pensé que se fueran a extender tantos meses, porque lógicamente no tenían ninguna prueba ni una evidencia en mi contra, nada con lo que me pudieran acusar y pensé que solamente iban a ser un par de días.

¿Tu preparación como sicólogo te ayudó a enfrentar tu proceso?

Bueno, creamos un grupo de autoayuda dentro de la celda donde estábamos para apoyar a aquellos que lo necesitaban, algunos se sentían tan mal que venían donde mí y conversábamos acerca de sus situaciones, de manera individual, también atendí a varios. Esa sensación de utilidad y de ser alguien que puede brindar ayuda, a pesar de las circunstancias que propiamente estamos viviendo, poder brindar ese tipo de auxilio dentro de las celdas, fue algo que me asistió para poder soportar día tras día, porque ciertamente yo estaba viviendo mi propio proceso.

¿Qué fue lo que más te afectó?

El dolor de no poder estar con mis hijos, mi esposa, mi familia, estarlos viendo cada 21 días era lo que me afectaba. Sin embargo, ya en las celdas los demás presos políticos compartieron conmigo experiencias más duras y más difíciles de las que yo viví y, pues, me dieron el ánimo y el aliento para soportar día tras día.

¿Cuántos hijos tenés?

Dos, una niña que el día de hoy (ayer) está cumpliendo 6 años, se nos cumplió el poder estar con ella, y un niño de 2 años.

¿Sabés cómo enfrentaron este proceso tus familiares?

Ellos se unieron en torno a mí, se acompañaban, porque hubo cierto asedio, las circunstancias mismas vinieron a propiciar la unidad familiar.

Mi familia viajaba cada 21 días desde Granada (hasta Managua) para visitarme.

Róger Alfredo Martínez. Archivo/END

¿Además de tu familia, había otros motivos que te mantenían firme?

Además de eso, conocer la situación de la población afuera que nunca nos abandonó, la situación exterior, que siempre estuvieron pidiendo por nuestra libertad, fue algo que nos motivaba. Sabíamos que en algún momento tenía que terminar, que en algún momento tenían que ceder, no sabíamos cuándo, pero el saber que estaba luchando por nosotros, fue parte del combustible que utilizábamos para resistir.

¿Cómo te enteraste que tu nombre formaba parte de la lista de excarcelados?

Estaba dormido y llegaron como a las 2:30 a.m., escuche voces que decían: “Vamos al portón”, así que me levanté de mi camarote y fui al portón y ya en los últimos escuché mi nombre.

 Róger Alfredo Martínez, sicólogo clínico y escritor. Archivo/END

¿Cuál fue tu reacción?

Fue una mezcla de alegría, pero también de nostalgia saber que muchas de las personas que se quedaban eran de los que asistía porque estaban bastante ansiosos, se deprimían un poco, pero también, después de estar alejado tanto tiempo de la familia, me causó alegría porque sabía que ya podía ir donde ellos y que en unas horas iba a estar con mis hijos.

¿Aunque estás bajo el régimen de convivencia domiciliar, tenés planes?

Sí. Durante la mayor parte del tiempo que estuve en La Modelo me dediqué a escribir, a leer muchísimos libros que podían entrar, pude gracias a Dios sacar un manuscrito que estoy trabajando para poder escribir un nuevo libro acerca de mis experiencias. Ya tengo publicado dos libros, este sería el tercero, en el que contaré sobre las experiencias, las emociones en medio de la diversidad, la inteligencia emocional para poder ir a través de momentos difíciles en nuestra vida.