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Primera Parte

Rigoberto Benjamín Reyes Herrera tendría unos 17 años en 1959, cuando su abuelo, el general J. Rigoberto Reyes Aráuz, le encargó que fuera a los matorrales de una de las fincas de “Ranchería” en las frescas y nubladas montañas de Muy Muy, y matara a un danto que se estaba comiendo una de las huertas.

Rigoberto, un joven espigado y laborioso en asuntos del campo de aquellos años, no titubeó. Tomó un rifle y fue hasta el sitio donde, según su abuelo, estaba el animal, y al notar el movimiento en los arbustos haló el gatillo en esa dirección.

Su sorpresa fue que al acercarse para verificar que había cumplido con su misión, se encontró que el que estaba en el sitio era un burro Kentucky, el cual yacía inerte tras una enramada que se encontraba cerca de la huerta.

“Maté al burro sin querer, y cuando le dije a mi abuelo, ¡ay mamita!, se puso furioso, pero entendió que no lo había hecho por gusto, y además, él fue quien me dijo que era un danto sin verificar y yo le creí; y me fui a lo directo a apretar el gatillo”, dice jocoso hoy don Rigoberto, un hombre de gran estatura, de 66 años y bigote cano.

Origen de esos burros

Los Kentucky son unos enormes animales originarios del norte de África, donde los burros salvajes se transportaban a Europa y el Mediterráneo, y se hicieron los primeros cruzamientos para desarrollar un burro grande y fuerte capaz de hacer las pesadas labores del campo como barbechar y rastrear.

Lo extraño es que ese mismo burro Kentucky que mató por accidente don Rigoberto, 37 años después, en 1996, fue incluido en una indemnización que el primo de Rigoberto, el hoy presidente del Consejo Supremo Electoral (CSE) Roberto Rivas Reyes, cobró en la Oficina de Cuantificación de Indemnizaciones (OCI), como representante de su madre, Josefa Reyes Valenzuela, mejor conocida como doña “Chepita”, la eterna asistente del cardenal Miguel Obando y Bravo.

El 14 de abril de 2000, el Ministerio de Hacienda y Crédito Público mandó a publicar un campo pagado de cuatro páginas en los medios escritos, en una de las cuales aparece que en 1996 fue indemnizada la señora Josefa Reyes de Rivas o Josefa Reyes Valenzuela, como parte del reclamo de “Ranchería Reyes & Cía. Ltda.”. Ahí entre otros bienes, se incluyó al burro Kentucky.

Documentos de la indemnización en poder de EL NUEVO DIARIO, demuestran que Rivas Reyes en nombre de su madre, uno de los 11 hijos y herederos del general J. Rigoberto Reyes, cobró 9 millones 217 mil 272 córdobas, equivalentes en esa fecha a un millón 83 mil 110 dólares (8.51 córdobas por cada dólar en agosto de 1996).

Con ese monto se pagaba todo lo que supuestamente estaba en finca “La Garnacha”, una propiedad que formaba parte de la sociedad Ranchería, cuando fue tomada en los años 80 y repartida entre beneficiarios de la Reforma Agraria.

“Fueron esos nueve millones de córdobas más dos millones más, en total (a Roberto) le dieron once millones”, asegura con su gruesa voz don Rigoberto Reyes Herrera, mientras orienta a uno de los mandadores de su finca “El Zapote”, ubicada a unos 7 kilómetros de Muy Muy, que se busque un “pollito de campo” para el almuerzo.

No fueron bonos, fue de contado

De ese dinero, dice don Rigoberto, siete millones de córdobas le fueron entregados en dólares, por lo que Rivas, recibió aproximadamente un millón de dólares, más cuatro millones de córdobas, ya que actuaba como reclamante con un poder otorgado por su progenitora.

EL NUEVO DIARIO buscó al ex ministro de Hacienda en el gobierno de doña Violeta Barrios de Chamorro, Emilio Pereira, para confirmar si el monto fue el mencionado por don Rigoberto y si, efectivamente, se había pagado en efectivo, pero no fue posible localizarlo en su casa de habitación.

La sociedad Ranchería tenía propiedades en una extensión de 5 mil 800 manzanas, de las cuales solo 404.6 manzanas, según la documentación en nuestras manos, correspondían a doña Josefa Reyes, ya que el resto era de los otros socios.

Ranchería, desde 1780, había pertenecido a la familia Reyes. Los documentos indican que se trataba de una serie de haciendas, entre ellas Ranchería, El Horcón, El Coyolar, La Garnacha, El Gavilán, La Carlota y San José.

En 1984, cuando falleció en Miami el general J. Rigoberto Reyes, la dejó como herencia a sus 11 hijos, contando entre ellos a doña Josefa Reyes de Rivas. Los herederos fueron: Leticia, Rigoberto, Luz Marina, Armando, Enrique, Horacio, Óscar, Nena, Mauricio, Margarita y Josefa Dolores, todos de apellido Reyes Valenzuela.

Reclamo lo inició doña “Chepita” en 1993

Un documento reconocido como “Informe del caso Josefa Reyes de Rivas” en la OCI, señala que ella misma se presentó el reclamo por inmueble rústico No 19093 en 1993.

La Comisión Nacional de Revisión de Confiscaciones, (CNRC) dependencia adscrita al Ministerio de Hacienda, emitió la certificación No 0585-93 del 8 de julio de 1993, en donde mandó a indemnizar entre otras propiedades, el inmueble reclamado por doña Chepita.

La Garnacha, de acuerdo con este documento, se encontraba inscrito en el tomo 491, folio 215/226, ubicado en Ranchería, jurisdicción de Muy Muy, departamento de Matagalpa, adquirido en asiento 2 por la sociedad Ranchería S.A., Cía. Lmtda., como aporte al capital social hecho por el señor José Rigoberto Reyes Aráuz, según escritura pública No 180 (Promesa de venta) del 25 de abril de 1976, otorgada ante los oficios notariales de Juan José Mairena, con una extensión de 1,618 manzanas en donde prometió vender en su calidad de mandatario generalísimo de la sociedad inmueble No 19093, la que tendría efecto luego de su muerte en cuatro cuartas partes de la siguiente manera:
Una cuarta parte a Rigoberto Reyes Herrera, Mariano Reyes Herrera y Leana Reyes Castro, una cuarta parte a Josefa Reyes de Rivas, quien adquirió el asiento 4, otra cuarta parte a Enrique, María y Eduardo Reyes Iduya, y la última cuarta parte a Danilo Blandón y Julio Blandón Reyes. “De lo anterior se deduce que a cada uno de los grupos anteriormente señalados le corresponde un total de 404.6 manzanas”, señala el informe.

Sin embargo, la documentación de la indemnización señala que a Josefa Reyes Valenzuela le pagaron 730 manzanas de tierra sin que exista explicación de cómo se incrementó el total de terreno que le correspondía.

Rivas se personó

En el expediente del caso “Ranchería”, de la OCI, se encuentra una carta del 30 de octubre de 1996 que el magistrado Roberto Rivas envió a la doctora Auxiliadora Camacho, funcionaria de la OCI, en la que le mandó a decir que le adjuntaba los últimos documentos, para que le pagaran a su madre la indemnización.

“Sí, Roberto ya era magistrado del CSE cuando pidió esa indemnización, y estoy casi seguro de que su madre ni siquiera sabe lo que incluyó en esa petición”, señala don Rigoberto, quien afirma que tiene años de no tener contacto con doña “Chepita”.

En 1996, el director de la OCI era el doctor Ramiro Balladares, pero quien atendía los reclamos de propiedad era María Auxiliadora Camacho, y fue ella quien recibió personalmente a Rivas.

Rivas ha aceptado que doña Josefa Reyes fue indemnizada por el Estado por la finca “La Garnacha”, pero sin decir que esa propiedad formaba parte de Ranchería.

“Nunca ni mi madre ni yo hemos solicitado, ni recibido INDEMNIZACIÓN por el reclamo de la finca “Ranchería”. Reitero que el justo reclamo que mi madre formuló, al igual que miles de nicaragüenses, fue única y exclusivamente por la propiedad denominada “La Garnacha”, y que la indemnización entregada en Bonos del Estado únicamente es sobre esta propiedad, lo cual consta en todos y cada uno de los documentos del expediente que rola en las instituciones correspondientes”, indicó Rivas en 2001.

“Fue en efectivo”, dice Rigoberto

Lo que el presidente del CSE no dijo fue cuánto le pagaron a su progenitora por la propiedad “La Garnacha”, finca de la sociedad “Ranchería & Cía. Ltda.”, y mucho menos dice qué fue lo que pagaron, detalle que brindará EL NUEVO DIARIO en la edición de mañana.

“Fue en efectivo, y yo siempre estuve seguro de que había cosas que se habían pagado en esa indemnización que pertenecían a nosotros y a otros familiares, imaginate, sólo sacalo por el burrito de Kenctuky”, afirma don Rigoberto Reyes, al observar el detalle de lo pagado a Rivas Reyes.

Reyes no había tenido la oportunidad de ver documentos del expediente desde 2001, cuando la entonces intendente de la propiedad en Hacienda y Crédito Público, Yamila Karim, le negó su derecho a obtener copias de los documentos, aun cuando era parte interesada. El director de la OCI, Víctor Gómez Vega, tampoco les permitió acceder a ellos.

Karim, consultada por EL NUEVO DIARIO, dijo vía telefónica que nunca negó ningún expediente a los Reyes Herrera, y que si hubo algún problema fue porque la política de ella era no abrir ni discutir lo que llamó “expedientes fenecidos”.

“Era tanta la demanda y la presión por resolver reclamos de norteamericanos, el asunto del Waiver, que nos impusimos como regla de trabajo no revisar expedientes resueltos en otras administraciones”, dijo Karim.

Añadió que esa política era pareja, y ni ella misma se puso a revisar esa documentación, razón por la cual se excusó de afirmar o negar si el pago de la indemnización fue en efectivo y no en bonos.

“Trataron de callarnos”, aseguró Reyes

Don Rigoberto Reyes dice comprender la negativa cuando ve con detenimiento cada detalle de lo que fue pagado.

“Con razón” --agrega, mientras pierde su vista entre las lomas y llanos verdes de su finca El Zapote-- “cuando llegué donde Guillermo Argüello Poessy (ex directivo de la OCI) tuve un choque con él, porque yo estaba reclamando el pago de lo que nos correspondía y me dijo: Andá pedíselo a tu tía Chepita, y es que Roberto metió como suyas un montón de cosas que no eran”.

Argüello Poessy dice no recordar haber dicho eso a Reyes. “Lo que sí me acuerdo es que a él y sus familiares se les dio una indemnización, sí sé que hubo un malestar con su tía por lo que se le había pagado a ella, pero hasta ahí”, dijo.

Reyes reconoce que le pagaron una indemnización, pero que no fue lo justo ni lo que le correspondía realmente. “Como en ese entonces Roberto y el Cardenal tenían el respeto y el cariño de todos los liberales y de los que trabajaban en el gobierno de (Arnoldo) Alemán, nos dieron algo para callarnos, porque lo que estábamos diciendo públicamente contra él, sonaba feo”, dijo don Rigoberto.

A la madre de Roberto Rivas le correspondían, por las 730 manzanas de tierra que se le reconocieron: 1 millón 460 mil córdobas, y por las 750 cabezas de ganado, pero cobró seis mil cabezas, que nadie sabe cómo podían alcanzar en ese mencionado pedazo de tierra.

END se comunicó con el relacionista público del CSE, Félix Navarrete, en busca de una entrevista con Rivas, pero respondió que era difícil lograrla porque el magistrado se encontraba atendiendo “asuntos familiares”. Indicó que le informaría de que se trataba el asunto, pero no obtuvimos respuesta.

Los burros Kenctuky

España fue uno de los principales países en producir los burros Kentucky, que criaron los catalanes y los andaluces (base de gran parte de la sangre de los burros de Kentucky). Los de las islas Mallorca y Malta también contribuyeron en su formación. En Francia se produjo el Poitou, y en Italia el Italiano.

En 1787, el Rey de España le regaló al presidente George Washington un burro de nombre “Royal Gift” y 2 burras color pardo. El general Lafayette le regaló al presidente Washington, un burro negro (de nombre “Knight of Malta”) y varias burras.

El presidente Washington fue el primer criador reconocido de burros de Kentucky en EU. Le siguió Henry Clay, de Kentucky, quien en 1827 trajo varias importaciones de burros de Europa. Entre los importados le llegó un burro de nombre “Warrior” (que quiere decir guerrero) que fue uno de los mas conocidos y principales fundadores de la raza.

La altura ideal de los burros de Kentucky debe de ser de 15 a 16 manos (siendo una mano 4 pulgadas), o sea, que la talla ideal es de 60 a 64 pulgadas a la cruz. Ya adultos, de 3 años en adelante, su peso aproximado debe ser de 470 a 545 kg.

Estos burros en México son conocidos como manaderos, pues acostumbrándolos a andar con yeguas se cruzan con las mismas, dando excelentes animales para carga, la carreta, el arado manual, la monta y trabajar ganado.

Mañana

* Detalle de los pagado y el sorprendente personaje que avaló el singular reclamo
* Rigoberto Reyes: Un robo descarado