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La reserva biológica Indio Maíz, de la cual los creoles y los indígenas ramas son dueños en un 70% del área, vive una crisis producto de la falta de gobernabilidad, según representantes del Gobierno Comunal Creol de Greytown.

Los creoles son afrodescendientes y con la comunidad indígena rama intentan administrar sus propiedades. Sin embargo, varios factores, como las diferencias que existen entre ellos y la falta de apoyo del Gobierno central para sanear de colonos su territorio, está abonando a más invasiones.

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Princess Barberena, secretaria del Gobierno Comunal Creo de Greytown, aseguró que la invasión de colonos es una de las actividades ilegales más fuertes dentro de la reserva y que trae más deforestación para utilizar las tierras para agricultura.

Detrás de la colonización hay una ambición de más tierras, denuncia.

“No viene un mestizo, sino que viene el papá con sus hijos, esposa, nuera y desplazan principalmente a los comunitarios indígenas, quienes se asientan dentro de la reserva”, explicó.

Barberena afirmó que los pretextos de los colonos son que necesitan espacios. Los creoles se sienten impotentes, ya que no tienen la capacidad de controlar la invasión de sus tierras.

Apenas cuentan con un grupo de guardabosques que solamente se encargan de hacer trabajo de monitoreo.

Barberena aseguró que están cansados de pedir al Gobierno central y el regional en Bluefields, que los ayude a controlar este problema.

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En San Juan de Nicaragua, pueblo en el que se asientan los creoles y ramas, y ahora un creciente número de mestizos, operan las oficinas de la alcaldía municipal y el Ministerio del Ambiente y los Recursos Naturales (Marena).

Sin embargo, para los creoles, ambas instituciones no ayudan en mucho para detener las tomas de tierras.

Según Barberena, los guardabosques del Marena no hacen inspecciones dentro de la reserva y hasta rechazan trabajar junto con los guardabosques comunitarios.

“Desconozco por qué se rehúsan a patrullar con nuestros guardabosques comunales”, expresó Barberena.

Los creoles denunciaron que algunos colonos están recibiendo permisos de aprovechamiento de árboles sin el consentimiento de los gobiernos comunales.

Prueba de eso es que durante una visita al área afectada por el incendio en abril de 2018, los guardabosques comunitarios encontraron árboles de cativo que fueron aserrados.

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Barberena afirmó que desconocen quién puede estar aprovechando este recurso sin el consentimiento de ellos o los indígenas ramas.

LA IMPUNIDAD DE LOS COLONOS

Paty Beckford recordó que otro ejemplo de que no tienen la gobernanza completa sobre su territorio es que después del incendio de abril del 2018, el Gobierno central mandó a reforestar el área quemada.

Según la líder creol, no estuvieron de acuerdo con ese plan, ya que consideraban que la naturaleza por si sola podría regenerarse, sin embargo, las autoridades pasaron por alto su postura e igual mandaron a un grupo de personas a reforestar.

“Como dueños del territorio creemos que debemos estar inmersos en ese plan, pero nos sentimos excluidos totalmente”, aseveró.

Indicó que han pedido al Marena que los ayude a regular la pesca dentro de los caños, lagunas y ríos de la reserva, ya que hay personas que están acopiando peces para el comercio, lo que es ilegal.

“Vemos cómo poco a poco estamos quedando sin nada”, subrayó.

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De acuerdo con Beckford, actualmente la comunidad creol de San Juan de Nicaragua es de 120 afrodescendientes y los ramas son aproximadamente 210.

Sin embargo, en todo el pueblo ya viven alrededor de 2,000 personas, debido al crecimiento de la población mestiza que viene con los colonos.

A pesar de que por reglamento las tierras de la reserva no pueden ser vendidas ni alquiladas, los mestizos están creciendo.

Actualmente la comunidad creol de San Juan de Nicaragua es de 120 afrodescendientes y los ramas son aproximadamente 210. Foto: Mauricio González/END

Beckford afirmó que se han acostumbrado a los que viven en el pueblo, pero no toleran a los que se toman las tierras dentro de la reserva.

Precisamente fue este crecimiento es el que provocó el incendio de abril de 2018.

A seis kilómetros de San Juan de Nicaragua está la comunidad Siempre Viva, donde inició el incendio.

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En ese punto viven unos colonos que tienen unas cuantas casas y de donde Miguel Ángel Díaz inició un fuego, el que se regó por la selva.

Díaz fue presentado el 18 de abril por la policía como el responsable de provocar la quema de Indio-Maíz.

No obstante, luego del estallido de las protestas antigubernamentales por las reformas al sistema de Seguridad Social, su caso quedó olvidado.

Un año después se buscó su caso en el sistema judicial mediante el sitio web Nicarao de la Corte Suprema de Justicia (CSJ), pero no se encontró. Los comunitarios de San Juan se preguntan si estará libre.

Hasta el momento, los creoles no han sabido de más tala y quema cerca de San Juan, sin embargo están preocupados por el avance de colonos por el lado oeste, por el municipio de El Castillo y algunos puntos del sector norte.

ZOZOBRA EN COMUNIDADES

Lorenzo Martínez, presidente del Gobierno Comunal Rama de India River (GCRIR) se negó a hablar sobre la situación que viven en relación con la administración de su territorio.

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Barberena afirmó que desde hace tiempo tienen dificultades para ponerse de acuerdo con los líderes ramas y aseguró que el origen de las diferencias es que los ramas quieren acaparar el Gobierno Comunal de Indian River, Corn River y Greytown.

San Juan de Nicaragua fue refundada en 1991. Antes era conocida como Greytown.

En 1981 la guerra entre contrarrevolucionarios al mando de Edén Pastora y el ejército sandinista, obligó a los pobladores a desplazarse, unos lo hicieron a Costa Rica y otros a San Carlos o Bluefields.

Actualmente la comunidad creol de San Juan de Nicaragua es de 120 afrodescendientes y los ramas son aproximadamente 210. Foto: Mauricio González/END

Beckford, quien vivió y nació en la vieja Greytown, afirmó que el regreso a estas tierras se dio cuando la oficina de las Naciones Unidas para los refugiados comenzó un plan de repatriación.

Precisó que no quisieron establecerse en el viejo pueblo, ya que este sitio quedó minado.

Poca gente regresó al lugar donde se construyó San Juan de Nicaragua, sin embargo, con el tiempo se ha ido poblando.

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A pesar de que es un paraíso natural donde no hay vehículos, la seguridad es total y tiene infraestructura para el turismo, la llegada de visitantes es mínima.

Beckford afirmó que los comunitarios están con ansias de poder explotar este potencial, sin embargo se enfrentan a la realidad de que están en una zona activa del narcotráfico, por la lejanía y esto provoca que en ocasiones la vigilancia que lleva a cabo el Ejército de Nicaragua atemorice a algunos turistas.

“No vamos a poder autosostenernos de la pesca, el turismo es la solución. Lo que está pasando es que nos obligan a presionar el bosque”, puntualizó Beckford.