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  • EFE

Nicaragua cumple un año de su peor crisis sociopolítica en décadas sin encontrar una salida pacífica a través del diálogo que, hasta ahora, más que acuerdos sustantivos, ha develado una marcada diferencia sobre conceptos de justicia y democracia.

Un año después que estallarán las revueltas callejeras por una impopular reforma a la seguridad social, Nicaragua ha tratado de superar la crisis primero a través de un diálogo mediado por los obispos, que fracasó, y ahora mediante una negociación que tiene como testigos al Vaticano y la Secretaría General de la Organización de Estados Americanos (OEA), que tampoco ha dejado consensos en temas clave.

El Gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia han dejado en evidencia sus diferencias, tan extremas que han imposibilitado alcanzar un acuerdo que ponga fin a la crisis que ha dejado cientos de muertos y de detenidos, miles en el exilio y una economía en caída libre.


"Creemos que hay un problema político muy grande porque el país está dividido", valoró el eurodiputado Ramón Jáuregui (PSOE), quien encabezó en enero pasado una delegación del Parlamento Europeo (PE) que evaluó la crisis de Nicaragua.

Explicó que "hay una comunidad sandinista que tiene su época, su memoria, su legítimo derecho a sentirse parte de ese partido. Pero hay otra Nicaragua que quiere más libertad, mejor democracia y que se ha expresado y que está ahí en la calle".


Por tanto, a juicio del eurodiputado, ambas partes tienen que reconocerse, dialogar y encontrar un modo de convivencia, de lo contrario los daños económicos para el país "van a ser muy serios".

La tesis opositora es que para superar la crisis es indispensable la creación de una Comisión de la Verdad creíble y fundar las bases de una justicia transicional, así como adelantar las elecciones.

A un año de la crisis las protestas no cesado en Nicaragua / Nayira Valenzuela
En un análisis compartido con Efe, el jurista y filósofo Alejandro Serrano observó que un aspecto que se ha evidenciado en la historia política de Nicaragua es la concurrencia de tres expresiones diferentes y contradictorias: la concertación, la confrontación y la confabulación.

A su juicio, si se destruye el péndulo que oscila entre la confrontación y la confabulación, aumentan las posibilidades de construir una cultura política de la concertación y la democracia, y que eso debería ser el desafío fundamental en la situación actual que vive Nicaragua.


"La concertación parte de la necesidad de alcanzar un acuerdo en el que estén representados los intereses de los distintos sectores, de forma tal que se construya un consenso en el que todos conservan u obtienen parte de sus aspiraciones y ceden otras de sus expectativas", razonó.

Sin embargo, hasta ahora ha privado más la confrontación y la confabulación en un momento en que la crisis de Nicaragua ha pasado a un segundo plano en el Hemisferio Occidental tras la situación de Venezuela.

La Policía de Nicaragua ha reprimido a los manifestantes / Archivo
Sin señales claras sobre el futuro de su aliado venezolano, Nicolás Maduro, el Gobierno de Nicaragua se ha resistido en el diálogo a aceptar garantes internacionales, discutir el punto del anticipo de las elecciones y el tema de verdad, justicia, reparación y no repetición.

Apuesta, mientras tanto, a que la oposición se desinfle, a que nada cambie en el país, aunque los nicaragüenses sigan sufriendo los embates del desplome de la economía.


También, según los analistas, busca burlar la posible aplicación de la Carta Democrática en la OEA, sanciones de Estados Unidos con la Ley Magnitsky Nica, y la amenaza de la Unión Europea (UE) de otras sanciones.

No existe "voluntad sincera" del Gobierno para superar la crisis, dijo a Efe el secretario del Episcopado nicaragüense, Abelardo Mata, para quien el objetivo del actual Gobierno es mantenerse en el poder hasta el 2021.