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Yelsin Pérez y Pedro Gaitán son jóvenes que perdieron uno de sus ojos durante los ataques policiales a los manifestantes antigubernamentales, el año pasado.

Pedro José Gaitán López, de 25 años, originario del barrio indígena Monimbo, Masaya, perdió el ojo derecho el 19 de abril de 2018 a las 2:30 p.m. Yelsin José Pérez Zamora, también de 25 años, perdió el ojo izquierdo el 20 de abril cuando salía de su trabajo poco después de las 5:00 p.m.

Pérez, originario de Tipitapa, es cocinero, especialista en comida china, recuerda que la tarde del 20 de abril había ocurrido un enfrentamiento entre policías y estudiantes en el sector de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli), cerca del restaurante donde él trabajaba.

Su jefa, por seguridad, decidió que todos salieran temprano. Él iba saliendo junto a otros compañeros de trabajo cuando una patrulla de la Policía Nacional pasó disparando frente al restaurante.

“Prácticamente (el ataque) fue en la puerta de mi trabajo cuando salimos. Una patrulla de la Policía pasó rafagueando, lamentablemente en los disparos que ellos hicieron uno me pego a mí. En el momento no sentí dolor, pero inmediatamente dije ‘lo perdí’ porque la vista de mi ojo izquierdo se oscureció”, relata Pérez.

Auxiliando al amigo

Pedro Gaitán salió de la mueblería, donde trabajaba, porque recibió la llamada de unos amigos que le contaron la situación de Monimbo. Era el mediodía del 19 de abril. Decidió ir a almorzar a la casa de su mamá y encontró a su abuela ahogándose por efectos de las bombas lacrimógenas.

“Yo miraba a toda la gente correr, pero cuando llegué a mi casa y vi que mi abuelita no podía ni respirar por el gas de las bombas lacrimógenas y que en mi casa solo estaban mi mamá, mi hermana, solo eran mujeres, me enojé; salí y vi que los chavalos solo tenía piedras, así que me uní a apoyarlos”, relata Gaitán.

Después de las 2:00 p.m., uno de sus amigos fue alcanzado por una bala en uno de los pies y mientras Gaitán trataba de auxiliarlo una bala de goma lo impactó debajo de la ceja derecha.

El joven de ahora 25 años, Yelsin Pérez, el 20 de abril de 2018 recibió un disparo de bala de goma por parte de la policia, al salir de su trabajo en Managua. Óscar Sáchez/END

“Fue en un abrir y cerrar de ojos, yo solo sentí un dolor inmenso y la vista se me puso roja. Por el impacto, el fuerte dolor y la cantidad de sangre que tiraba, yo me imaginé que lo iba a perder (el ojo)”, recuerda.

Estado de shock

Yelsin y Pedro fueron transferidos al Centro Nacional Oftalmológico (Cenao) y allí se dieron cuenta que habían al menos seis jóvenes más que habían perdido uno de sus ojos durante la represión a las protestas.

“Es una gran decepción, entrás en un estado de shock, de no creer y no querer estar en esa parte de la historia. Yo jamás en mi vida, supongo que al igual que los otros chavalos, imaginé que llegaría a este nivel la vida de cada uno”, dice Pérez al recordar su reacción cuando los médicos le confirmaron que había perdido el ojo.

Gaitán recuerda que “automáticamente hubo un alto en mi vida, yo pensé: se acabó todo, no voy a volver a trabajar, no podré ayudar a mi esposa que está embarazada, yo entré en un proceso de depresión”.

Admite que trató de sortear su mal ánimo con licor. “Al inicio llegué a tomar porque me sentía afligido, por lo que me había pasado, pero poco a poco fui aprendiendo a aceptarme; el apoyo de toda mi familia también fue importante, me di cuenta que esto no es un impedimento para salir adelante y lo más importante es que tenemos vida”, reflexiona.

La esperanza

Pedro y Yeslin fueron beneficiados con una prótesis ocular, a través de una campaña lanzada en Facebook por Irela Iglesias, una administradora de empresas que recaudó ayudas para apoyar a más de 30 personas que habían recibido disparos de balas de goma en los ojos.

“Una de las grandes dichas, es que todos tuvimos el apoyo de la prótesis, tengo entendido que una prótesis es cara. A mí me la pusieron a los tres meses, me alegre porque estéticamente me ayudó bastante, verme en el espejo y notar casi el parecido a mi ojo, es como si no me hubiera pasado nada; claro que tengo imperfecciones, pero no es mucho”, dice Pérez.

Gaitán cuenta que se asustó al verse con la prótesis, la primera vez frente al espejo. “Fue una emoción tan grande, yo tenía ganas de llorar, pero no me salían las lágrimas, cualquiera que me viera ni se imaginaría que es una prótesis”.

Los dos jóvenes aseguran que no necesitaron de asistencia psicológica para continuar sus vidas, después de perder un ojo, porque el apoyo de sus familiares, el deseo de ver crecer a sus hijas y la prótesis los impulsó más. 

Pedro Gaitán. Cortesía/END

“Primeramente, yo soy cristiano y fe siempre he tenido, incluso esto reforzó más mi fe hacia Dios. Además, tuve el apoyo de muchas personas, los doctores, mi familia, que siempre me dijeron que no me preocupara, que yo iba a poder hacer todo normal como antes. No necesité de un sicólogo ni nada, porque yo me sentía bastante bien”, explica Pérez, a quien le llevó una semana asimilar emocionalmente lo que le había pasado. 

Los cambios

A los 3 meses Yelsin se reintegró al mismo restaurante, donde trabajaba como cocinero.

Aunque considera tener buena visión, admite que perdió la agilidad con que se desenvolvía antes en la cocina. Por eso, a los dos meses de su reintegro acordó con su jefa que se trasladaría al área de repostería y panadería, porque el trabajo allí es más lento.

“Cada minuto en la cocina cuenta. Al inicio tuve algunos problemas, porque uno pierde la profundidad de la visión, podía golpear a mis compañeros o quemarlos; había cosas que intentaba agarrar, pero se me iban en falso, el calor, como es más fuerte, me afectaba porque la piel la tenía sensible”, confiesa.

“Esto de la repostería y la panadería es algo nuevo para mí, amplía mis conocimientos y lo añadiré en mi currículo. Esta área es un poco más suave y el ambiente es fresco”, explica.

Gaitán perdió su empleo como ayudante en la mueblería, y hasta cinco meses después le dieron la oportunidad de laborar en otra mueblería de Monimbó, donde, afirma, ha aprendido habilidades nuevas.

“Instantáneamente, después de lo que me pasó yo perdí mi trabajo, ni me pagaron porque la mueblería cerró; así pase 5 meses desempleado, pero después que nació mi hija el 13 de agosto de 2018, yo dije: —no puedo seguir así, si estoy bien y puedo trabajar­­­—”, relata.

Ahora “estoy en otra mueblería, me he adaptado rápido al trabajo, tal vez porque era uno de los mejores en la mueblería anterior; antes no pintaba con compresor y pistola, ahora lo hago, he aprendido cosas nuevas”, dice Gaitán. 

Pérez y Gaitán usan motocicletas para ir al trabajo y conducen sin problemas. 

A un año de la tragedia 

Pedro José Gaitán López, quien esta semana cumplirá un año de haber perdido el ojo por la bala de goma, dice que los recuerdos le traen mucha tristeza. “Estoy asustado por cómo ha pasado el tiempo de rápido, ni siquiera entiendo cómo he vivido un año de mi vida sin poder ver por uno de mis ojos; creo que sin mi esposa, sin mi hija, toda mi familia y yo no lo hubiéramos superado. Saber que estoy tan cerca de cumplir un año me llena de tristeza, recordar cómo pasó todo ese 19 de abril”, reflexiona.

Yelsin José Pérez piensa que este 20 de abril no lo va afectar emocionalmente, porque personalmente prefiere olvidar lo sucedido.

Yelsin Pérez. Óscar Sánchez/END

“Sinceramente no siento que me vaya afectar. Fue algo que en su momento me dolió mucho, yo he preferido no pensar en ese día, he seguido mi vida de forma normal y le doy gracias a Dios porque sigo vivo y estoy con mis seres queridos, que es lo que necesito”, expresa Pérez.