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Madrid  / El País  

El número de personas que viven en chabolas en el extrarradio de las ciudades está creciendo de forma alarmante en todo el mundo. Más de 1,000 millones de los 6,800 millones de habitantes del mundo viven en estos barrios precarios, según informó ayer la ONG Amnistía Internacional (AI) en la presentación de su informe anual sobre el estado de los derechos humanos en el mundo.

Algunas previsiones estiman que en 2030 habrá más de 2.000 millones de chabolistas.

Entre las causas de tan rápido aumento se encuentra el precio elevado de la vivienda en las ciudades, tanto en los países ricos como en los pobres, que deja a los emigrantes sin otra alternativa que engrosar los cinturones de pobreza que rodean los núcleos urbanos.

AI anunció que va a lanzar una campaña, Exige Dignidad, para pedir el fin de los desalojos forzosos, aquellos que se llevan a cabo sin avisar con la suficiente antelación y sin ofrecer un alojamiento alternativo. “Al menos 24 países han ejecutado desalojos forzosos en nombre del desarrollo económico en 2008”, aseguró Eva Suárez, la presidenta de la sección española de AI.

Numerosos asentamientos son demolidos en “proyectos de embellecimiento de las ciudades” o con motivo de eventos internacionales, como los que se ejecutaron con ocasión de los Juegos Olímpicos de Pekín.

Sin documentos y narcos en escena

Se calcula que entre el 30 y el 50 por ciento de los residentes en áreas urbanas de los países en desarrollo carecen de documentos que garanticen su seguridad de tenencia, según un informe de ONU-Hábitat de 2007. “Esta ausencia de documentación y de reconocimiento formal de domicilio no sólo incrementa el riesgo de ser víctimas de un desalojo forzoso, sino que también restringe el acceso a créditos, servicios públicos y empleo formal”, advierte AI.

La violencia y el narcotráfico impiden prosperar a los habitantes de estos barrios. En la presentación de su campaña, AI cita el testimonio de la residente de un asentamiento chabolista de Kingston, la capital de Jamaica, que da cuenta del drama en que se ven atrapadas las personas que atestan estos arrabales: “Si tienes pistola no estás seguro, porque los hombres malos atacan a las personas que saben que están armadas. Si no tienes pistola tampoco estás seguro, porque cualquiera puede venir y matarte, incluida la Policía. Y aunque no hagas nada tampoco estás seguro, porque si alguien cercano a ti le hizo algo a las bandas y no pueden encontrarlo, entonces irán por ti”.