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A Álvaro Conrado lo atendieron debajo de una caseta para guardas de seguridad, cerca de un árbol de ceibo. “Decía: no puedo respirar y un grupo de chavalos, al parecer médicos, dijeron que si no lo llevaban a un hospital, se moría”, relató un joven estudiante que vivió la violencia desatada por fuerzas policiales contra estudiantes en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) a raíz de las protestas antigubernamentales iniciadas en abril de 2018.

Afirmó que no podía creer lo que miraba. El niño tenía dos balazos, uno en la boca y otro en el cuello.  Unos palos que servían como portón fueron utilizados para hacer una camilla improvisada y llevar a Conrado hacia un camión que después lo llevó al hospital.

Pensó que era lo peor que podía ver en ese momento, pero se equivocó. Vio a otro joven con un disparo en el abdomen, también a uno que llevaba el brazo destruido de un disparo y a muchos que se asfixiaban de tanto gas lacrimógeno que arrojaban los antimotines.

Según el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), cinco personas murieron en la UNI por la represión: Álvaro Conrado, Erick Cubillo Solís, Moroni Jacob López García, Marlon Manases Martínez Ramírez y Harlinton Raúl López.

A través del relato de dos jóvenes que estuvieron en la UNI el 20 de abril y basados en el informe del GIEI, El Nuevo Diario recuerda esa fecha en la que inicia una crisis que se ha extendido hasta la actualidad.

Según el relato de estudiantes al GIEI, la universidad estaba cerrada y se saltaron los muros y después organizaron centros de acopio de medicina y comida.

A las 10 a.m., la policía estaba rodeando a los estudiantes y estos comenzaron a recoger piedras y armar las barricadas en el sector de los semáforos.

Era un desorden, recordó una joven que afirmó estar en la UNI el 20 de abril, a quien llamaremos “Gitana”.

“Hombres en las calles enfrentándose con los policías y las mujeres adentro organizando los medicamentos y demás cosas que llevó la gente para los manifestantes”, apuntó.

Según el informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI), cinco personas murieron en la UNI por la represión. Archivo/END

A ella le tocó pasar víveres desde la catedral a la UNI, en medio de disparos y morteros.

“Cuando la cosa se calmaba, me regresaba a traer más en la catedral”, relató.

Aseguró que siempre había sido sandinista, pero el 18 abril cuando se entera del ataque a los manifestantes frente a la entrada principal de la UCA, se decepcionó de su partido.

“El 19 yo quería hacer algo, porque me sentía culpable de darle mi voto al Frente (Sandinista), quería compensar eso”, aseguró “Gitana”.

Afirma que tuvo que salir contra la voluntad de su mamá. Intentó entrar a la UNI, pero no lo consiguió. A ella y a un grupo de amigos los recibieron un grupo de  jóvenes con mortero en mano, creyendo que eran del Gobierno.

“Incluso, hasta nos pusieron los morteros en la cabeza, pero solo llegamos a entregar víveres”, recordó.

En ese momento dominaba la incertidumbre, había un recelo entre las universidades públicas, ya que en ese momento los estudiantes de la UNAN-Managua no se habían unido a las protestas.

El 20 de abril, con un grupo de amigos deciden recoger dinero para comprar medicamentos, agua y alimentos.

"Solo queríamos dejarlos e irnos, pero había un alboroto en la UNI y nos dio ganas de quedarnos”, aseguró.

Dijo que cuando ella llegó, los antimotines comenzaron a rodear la UNI y la catedral. El enfrentamiento entre jóvenes y policías había comenzado alrededor de las 10:30 a.m.

Comenzaron a quitar las bancas para dar espacios y dejaron algunas para atender heridos. Media hora después vio entrar a los primeros muchachos heridos.

“No eran de gravedad los heridos, algunos con impactos de bala de goma o afectados por el gas lacrimógeno”, dijo.

No obstante, luego empezaron a llegar jóvenes con heridas serias, heridas de bala en el abdomen, piernas y la espalda y a veces eran atendidos en el piso o en el suelo por falta de espacio, relató.

“Unas 10 veces escuché decir que habían matado a alguien”, afirmó “Gitana”.

Balas de plomo

El joven que quiso ser identificado como “El Chamán” aseguró que él estuvo también en la UNI. Al llegar cerca de la universidad, notó el apoyo de la gente, principalmente de personas que habitan en Villa Tiscapa, un residencial ubicado cerca.

Afirma que la gente se ofreció a cuidar los vehículos de las personas que llegaban, les ofrecieron cuidar sus cosas. Incluso, la gente tenía agua, bicarbonato y mascarillas listas para repartir entre los jóvenes.

Era viernes, desconocidos que jamás se habían visto luchaban juntos. Las mujeres enjuagaban con bicarbonato el rostro de los que eran afectados por los gases lacrimógenos, describió el estudiante.

Las calles adoquinadas quedaron convertidas en trochas. Los adoquines eran barricadas donde se resguardaban y lo único con lo que se defendían eran piedras, tiradoras, morteros caseros y unas cuantas bombas molotov, afirmó.

Los enfrentamientos estaban en la entrada principal de la UNI, en el costado este frente a catedral y frente al estadio de beisbol. Según “El Chamán”, para poder abastecerse de morteros, un grupo de jóvenes buscaba a otros que estuvieran con mochilas para ir a buscarlos. Mientras otro equipo se encargaba de pedir dinero entre los presentes para poder comprarlos.

Recordó que en la mañana los policías los atacaron con balas de gomas, sin embargo, en la tarde empezaron a tirar plomo.

“Cuando miré los primeros heridos, me di cuenta que estaban disparando balas”, afirmó.

Al primero que vio herido fue a Álvaro Conrado.  Según el GIEI, entre las 12:30 p.m. y 1:00 p.m., Conrado recibió dos balazos, uno en el cuello y otro en la boca. El menor estaba en el lado este, frente a un predio baldío frente a la UNI. También miró a otro joven con el brazo herido por una bala y varios asfixiándose por el gas lacrimógeno.

La caída de la UNI

De acuerdo con el informe del GIEI, fue en la tarde cuando ocurrieron las cinco muertes de los manifestantes, precisamente, a unas horas de que la policía en conjunto con turbas entrara a la UNI.  

Moroni estaba resistiendo junto con centenares de jóvenes en la entrada norte, frente al estadio nacional. Ahí recibió dos disparos, uno en el cuello y otro en el brazo, que lo mató, según el informe del GIEI.

Erick Cubillo Solís también murió en este punto. Según el informe, un disparo en el pecho acabó con su vida.

Este sector fue uno de los principales puntos de los enfrentamientos. Los manifestantes resistieron de forma valiente con piedras y morteros. Pero la policía y las turbas tenían armas con las que alrededor de las 4:30 p.m. pudieron entrar al recinto.

En su embestida, las turbas y la policía mataron a Marlon Manases Martínez Ramírez. Según el GIEI, basado en un dictamen médico, el joven fue asesinado de un disparo en la cabeza, pero antes fue golpeado.

Los jóvenes que estaban en esa zona se replegaron hacia el sur. Otros se quedaron resguardados en aulas de clases. El GIEI también mete en este grupo al joven Harlinton Raúl López, quien murió por dos impactos de bala, uno en el tórax y otro en la tibia derecha. No obstante, el occiso no falleció en la UNI.  Fue herido en el barrio Jonathan González, sobre la Avenida Bolívar, donde un grupo de estudiantes que estaban en la universidad se replegaron. 

Angustia en la catedral

Al entrar las turbas y la policía, otro grupo de manifestantes se replegó hacia la catedral. “Gitana” estaba en ese grupo.  Eran las 5:00 p.m. y la luz eléctrica es interrumpida en la catedral. “A esa hora los ánimos se caen, no teníamos luz, estábamos acorralados y sin Internet”.

Después de horas de ataque contra los jóvenes que quedaron atrapados en la catedral, en donde incluso arrojaron una bomba lacrimógena dentro del templo, las monjas salieron a hablar con los policías para que dejaran en paz a los manifestantes, recordó. 

La desesperación era tal, que los jóvenes encerrados luchaban por un lugar en cualquier vehículo que entrara a catedral y los pudiera sacar.

“Valió la pena, no se fue (Daniel Ortega) tampoco era la intención sacarlo, pero despertó a la gente y motivó a que más gente hiciera más cosas, sobre todo cuando vieron que fue capaz de atacar a jóvenes en la catedral”, dijo “Gitana”.

Damaris de Jesús Martínez Hernández fue una de las policías que resultó herida por un morterazo durante el ataque a la UNI, según el GIEI.