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Cada día los habitantes de diferentes municipios de Carazo despiertan con una curiosidad: Cuál de las casas amaneció con pintas amenazantes y la palabra “PLOMO”, que suponen significa “Patria libre o morir”, la consigna principal del Frente Sandinista (FSLN), el partido en el gobierno.

A un año del inicio de la crisis sociopolítica en el país, en las poblaciones caraceñas se percibe el temor a la represión. En Jinotepe y Diriamba mucha gente se sumó a las protestas antigubernamentales en abril de 2018 y cercaron las ciudades con barricadas, pero el 8 de julio el Gobierno ejecutó una “Operación limpieza” en esas ciudades; entraron policías y civiles armados encapuchados y saldo fatal fue de 22 muertos.

“Ernesto”, nombre ficticio para proteger su identidad, es una de las personas que ese 8 de julio escapó de ser apresado. “Ese domingo, cuando entraron a quitar los tranques me quisieron botar la casa, porque amarraron con cadenas los portones y los jalaban con las camionetas que andaban. Gracias a Dios no pudieron abrir porque después me di cuenta que la intención era matarme”, afirma.

Las casas de opositores en Diriamba son marcadas con mensajes de amenazas. Óscar Sánchez/END

Ahora, en el exterior de su vivienda, simpatizantes del Gobierno han escrito amenazas contra él. “Financiador del terrorismo, PLOMO”, se lee en las paredes.

“Ellos me señalan de apoyar los tranques, pero la verdad nunca he actuado de forma violenta, lo que pasa es que siempre he sido un opositor histórico”, dice “Ernesto”.

Relata que en varias ocasiones patrullas policiales se han ubicado al frente de su casa y “también drones han sobrevolado mi propiedad; me quitaron armas, aunque tenía portación legal”.

Más delincuencia

En la ciudad de Diriamba, algunos pobladores afirman que en las calles es común ver a policías bien armados caminando, pero la delincuencia se ha incrementado.

“En las noches la cosa se complica, a eso de las 8:30 p.m.  muy pocas personas circulan en las calles porque la inseguridad es mayor”, asegura Alfonso Salinas, comerciante de la ciudad.

Luis Carlos Rocha, propietario de otro negocio, comenta que este año han bajado los arrestos de protestantes, pero ha aumentado la inseguridad.

El domingo 8 de julio del año 2018 será difícil olvidarlo en Carazo, por la violencia con que se ejecutó la  “Operación limpieza”, con armas de grueso calibre.  

Después de la “Operación limpieza” del 8 de julio, centenares de ciudadanos de Diriamba huyeron a otros departamentos y fuera del país, por temor a ser detenidos por los civiles armados pro-Gobierno, cuentan hoy familiares de algunas personas que se exiliaron en países vecinos.

El Centro Nicaragüense de Derechos Humanos (Cenidh), al que después el Gobierno le quitó la personería jurídica, hizo un informe sobre la represión desatada a partir del 8 de julio destacando que había verificado “la brutalidad de la operación de policías y parapolicías (civiles armados)” quienes empezaron los ataques en los municipios de Diriamba, Dolores y Jinotepe.

En el operativo habrían participado cerca de 1,200 hombres entre efectivos policiales y fuerzas parapoliciales, con armas de alto calibre, como ametralladoras PKM, lanzacohetes RPG-7 y fusiles Dragunov con miras electrónicas.

“Ese mismo día por la noche los parapolicías y policías comenzaron con las detenciones de manifestantes y los allanamientos de las viviendas en busca de jóvenes, procediendo a detener a más de un centenar de personas”, señala el reporte del Cenidh divulgado días después.

Desde entonces, el miedo sigue latente entre los habitantes del departamento de Carazo, mientras gente afín al FSLN se encarga de marcar por las noches las casas de quienes consideran “golpistas” por oponerse al Gobierno.

Un día después de la Operación limpieza en Carazo, el 9 de julio de 2018, grupos violentos afines al Gobierno agredieron en Diriamba al cardenal Leopoldo Brenes, arzobispo de Managua; al obispo auxiliar, Silvio Báez; a monseñor Miguel Mántica y al sacerdote Edwin Román, quienes llegaron a auxiliar a ciudadanos que se refugiaron en las iglesias. En la comitiva iba también el nuncio apostólico, Waldemar Stanislaw Sommertag.