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A pasos apresurados, Helmut Bustos logra llegar a tiempo a la cita con la propietaria de la casa que pretende rentar.

El joven escultor está feliz de haber encontrado el lugar apropiado para instalar su taller por algunas semanas. Hay un encargo del colegio Loyola que se debe hacer contrarreloj, se trata del monumento en homenaje a Álvaro Conrado, el niño mártir de las protestas de abril. 

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Pero el rostro de Bustos es familiar para la dueña del local. Tras reconocerlo, entre ruegos le pide que se retire inmediatamente del lugar.

“Ella tenía miedo y me dijo ‘Dios mío, aquí van a venir los policías. Me van a venir a traer a mí y a mi hijo’”, repite el escultor las palabras de la mujer. 

Además, señala que no se dio por vencido hasta encontrar otro sitio donde debía tomar fibra de vidrio y con sus manos darle forma al rostro del niño héroe.

La imagen plasmada es la que realizó el ilustrador Juan “Juancho” Tijerino, conocido también como “Vagancio”. Es una versión anime de Conrado.

El monumento creado por Bustos, de 1.60 metros de altura, permanece en el patio del colegio Loyola desde octubre del 2018. 

El joven escultor asegura que a raíz de ser conocido públicamente por su arte de protesta ha perdido algunas propuestas laborales, pero no se arrepiente.

Una de las principales razones para no obtener las plazas laborales es el temor que sienten los empleadores a posibles represalias.

Bustos recuerda que, hasta antes de abril de 2018, ofrecía sus servicios a algunas dependencias gubernamentales para elaborar personajes heroicos o los altares que levanta el Gobierno cada diciembre. 

Modesto taller

Cuatro pilares de madera forrados con plástico negro y láminas de zinc oxidado en el fondo del patio de una humilde vivienda en el barrio Camilo Ortega, de Managua, cobijan el taller del joven artista.

Él considera que la escultura es un arte tridimensional, donde todo debe estar simétrico. A pesar de que su trabajo ha sido prácticamente empírico, Bustos se ha dado a conocer. 

Asegura que ha buscado becas para estudiar y afinar su talento, pero considera que las puertas se le han cerrado.

“He salido adelante porque Dios tiene una clemencia muy grande y mi Virgen también. No he encontrado un mecenas o patrocinador y muchas personas a las que les he trabajado solamente utilizan mi talento y necesidad. La mayoría de mi trabajo casi lo he regalado”, señala. 

El escultor Helmut Bustos junto a su obra del líder campesino Medardo Mairena, elaborado con plastilina. Óscar Sánchez/END

Asimismo, manifestó que ingresó a la Escuela Nacional de Artes Plásticas en el 2001, pero no logró culminar sus estudios porque tenía que trabajar para ayudar económicamente a su familia. Para sobrevivir se ha desempeñado como albañil, guarda de seguridad, operario de zona franca, entre otros. 

Sus inicios

El joven escultor manifiesta que es el único artista en su familia y sus parientes han reconocido su talento desde temprana edad, cuando acompañaba a su madre a laborar en una panadería.

Mientras su progenitora estaba en plena faena, él agarraba la masa y empezaba a elaborar figuras que representaban a los miembros de la familia. Luego su mamá las horneaba para que él se las comiera. 

A los 10 años comenzó a utilizar otros materiales como plastilina y cera y al manipular esta última considera que entró a otro nivel.

“La cera es dura y cuando la empecé a usar hice un tiranosaurio. Había una caricatura que se llama ‘El último dinosaurio’, lo ilustré en mi mente. No sé cómo, pero lo hice. Me quedé asombrado. Después empecé a evolucionar y a elaborar los barcos, porque los miraba en las películas de piratas. Luego vi la película ‘Tiburón’ y empecé a hacerlo también. Mi mente empezó a reproducir todo lo que veía, era como impresora 3D en mis manitos”, apunta Bustos.

La crisis

En cuanto a la elaboración del arte de protesta explica que todo empezó cuando miró el video de Álvaro Conrado agonizando y desde ese día asumió su rol.

“Solo quien no tiene sentimientos no pudo haber llorado, haberse sentido impotente. Quise hacerle un tributo al niño y elaboré el primer busto”, dice el escultor.

Además de “Conradito”, a quien llama así de cariño, el joven escultor recuerda con dolor e impotencia a Teyler Lorío, el niño que tenía apenas 14 meses de vida y mataron de un disparo en la cabeza; Matías y Daryelis Pavón Raudez, los niños de 2 años y 5 meses incinerados en el barrio Carlos Marx; Abraham Castro, de 12 años, asesinado en Jinotega; Orlando Córdoba, el menor de 15 años que era baterista de su iglesia y falleció a sus 15 años en la manifestación del Día de las Madres.

También llegan a su memoria las imágenes de Sándor Dolmus, el niño de la catedral de León, a quien solamente por asomarse le dispararon en el pecho, asimismo a Junior Gaitán, quien pidió de rodillas que no lo mataran, pero un policía le dio un balazo en el pecho.

“Sé lo que estoy haciendo y asumo la responsabilidad. No soy ningún terrorista. No soy alguien que esté interesado en algún puesto gubernamental. Me interesa la justicia. Tachan a los niños de terroristas y golpistas, es injusto hacer eso. Los niños son inocentes de todo, y yo solamente sigo mi causa”, destacó. 

El artista también ha elaborado esculturas de algunos manifestantes presos, como el “comandante Edwin Carcache”.

“Así lo he catalogado, él tiene lo que ponen las gallinas, al igual que Medardo Mairena”, apuntó.

“Me estoy exponiendo y a mi familia, pero estoy demostrando en qué lugar de la acera estoy. No voy a ser neutral. Mi lucha es por los niños, prácticamente, porque ellos son el futuro. Nosotros ya somos viejos. Yo quería ser un maestro de arte, pero a quién le voy a enseñar si prácticamente mucha gente está muriendo”, analiza Bustos. 

Algunas obras

Antes del 19 abril de 2018 a Bustos lo inspiraban los héroes nacionales como Augusto C. Sandino, pues nació un 18 de mayo, igual que él; además su familia es originaria de Niquinohomo.

También “El Príncipe de las Letras Castellanas”, Rubén Darío, cuyo rostro ha tenido el honor de plasmar en dos ocasiones.

El escultor Helmut Bustos junto a su obra del líder campesino Medardo Mairena, elaborado con plastilina. Óscar Sánchez/END

El artista asegura que él no solamente elabora bustos, sino esculturas completas, una de ellas es la imagen de la Virgen de Guadalupe, de 18 metros de altura, ubicada en el cerro Apante, Matagalpa.

Otro de sus trabajos es un monumento a José Santos Zelaya, ubicado en el parque del reparto San Antonio. También la llamada Ecuestre Somoza que está en la Fundación Ortiz Gurdián, en León; un busto de Rubén Darío en la Universidad Americana (UAM) y en el Paseo Xolotlán una réplica de la Casa Hacienda San Jacinto.