•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Un día Ana Cecilia Hooker Bermúdez se plantó junto a un grupo de personas en la ciudad de Somoto para demandar una Navidad sin manifestantes presos y al día siguiente, no solo estaba recluida en una celda, sino que se perdió también la Navidad y hasta Año Nuevo.

Hooker es una reconocida catedrática de esa ciudad y durante las expresiones antigubernamentales registradas en 2018 mostró su apoyo soltando globos  y lanzando confetis.

Cuenta Hooker, que como Somoto es una ciudad pequeña donde todos se conocen, su posición de opositoras fue de conocimiento público y esto le valió a unas personas para que la asediaran durante 5 meses.

“Los que nos acusan de incitar al odio, salían a las calles a gritar nuestros nombres y nos decían que nos enviarían al  Chipote”, explicó Hooker, quien agregó a su vez, que efectivamente así ocurrió.

El 19 de noviembre pasado, 5 meses después de haber estallado la crisis sociopolítica en el país, que aún no se ha resuelto, la apresaron cuando llegó a preguntar por la situación jurídica de José Hernández  Cáceres, el presidente de la Cámara Nacional de Turismo (Canatur), en Madriz.

Según Hooker, ese día hubo un plantón y al terminar la actividad arrestaron a Hernández. Ella, al enterarse de lo ocurrido, llegó al distrito a preguntar y quedó “secuestrada”.

La docente dice que fue secuestrada, porque las autoridades la trasladaron a la capital y la encerraron en la Dirección de Auxilio Judicial El Chipote y jamás la procesaron, pese a que estuvo 121 días en una celda.

“Pasé todo ese tiempo en Auxilio Judicial sin abogado y no lo busqué porque ¿para qué?, si me tenían ahí por capricho. Me daba risa porque es ridículo. Sí, es ridículo que nos digan terroristas por salir con una chimbomba”, indicó.

El 27 de febrero de este año, en la víspera de la reanudación de las negociaciones entre el Gobierno y la Alianza Cívica por la Justicia y Democracia, el Ministerio de Gobernación anunció la excarcelación de cien manifestantes, entre esas personas estaba Hooker, quien ese día se convirtió en la última mujer en haber estado recluida en El Chipote.

Y es también una de las primeras en haber puesto un pie en las nuevas celdas de la Dire-cción de Auxilio Judicial.

“Fui la última mujer que estuvo en El Chipote viejo y luego en el nuevo. Estuve también un día en La Modelo, porque un día antes de salir nos llevaron a ese lugar. En El Chipote viejo lo que hay son ergástulas medievales y en el nuevo hay cárceles normales, que es lo que debería haber en todos lados”, precisó la docente.

Detalló que actualmente está bajo el régimen de convivencia familiar, una figura jurídica que no cabe en su situación, dado que las autoridades ni la procesaron ni presentaron acusación en su contra.

“Después de 121 días salgo en libertad y aparece mi nombre en una lista como excarcelada. Dicen que estoy bajo el régimen de convivencia familiar cuando no debe ser así. Dieron mi dirección y no debieron haberlo hecho, porque la gente continúa asediando, no nos dejan salir de la casa, no nos dejan trabajar y fotografían a las personas que nos visitan”.

La etapa difícil 

Cuenta Hooker que tras ser liberada experimentó una situación difícil. En la algarabía del momento por regresar a casa fue entrevistada por un medio local. En la entrevista, según contó, narró lo difícil que es estar en El Chipote y las nuevas celdas. Al indicar ella que las condiciones carcelarias eran mejor en la nueva prisión, sus declaraciones fueron editadas y la idea completa que expresó no fue difundida. 

Al ser escuchadas en su ciudad, se entendió como si la hubiesen tratado demasiado bien. Fue señalada de ser partidaria del Gobierno y los señalamientos afectaron a su familia.

Los familiares de manifestantes presos también reaccionaron incómodos por sus declaraciones, pero al explicar  que su idea fue editada y no presentada en su totalidad, su declaración, al menos con sus “hermanos” de lucha cambió. En su familia también lo entendieron.  

“Yo me podía morir ahí (en la cárcel), mi situación se les podía salir del control y ellos tenían que responder por mi vida y me dieron atención buena… Di esas declaraciones (pero) fueron manipuladas, no me importa la reacción de otros grupos (partidarios FSLN), sino la reacción de mis hermanos, fue una herida  para mis hermanos, los excarcelados y los familiares de presos que aún siguen encerrados  y que están sufriendo diferentes experiencias. Nunca me insultaron, nunca me golpearon, pero parecía que a nadie se lo habían hecho, pero esa declaración hizo ver que era algo (un trato)  general y eso fue aprovechado por cualquier persona malintencionada”, concluyó.