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El 31 de mayo de 1959, el ex teniente de la Guardia Nacional, Álvaro Galo, dijo al diario La Nación de Costa Rica: “Para escapar de Managua conseguí permiso de volar un avión Cessna de fumigación, abordé el aparato, corrí la nave hasta el extremo del campo donde me esperaban los compañeros Julio Chamorro y César Noguera, quienes permanecían ocultos entre matorrales”. Ellos también “abordaron el aparato que ya casi corría sobre la pista para el despegue. Con mil temores de haber sido vistos, enrumbamos hacia el sureste para salir al Pacífico e internarnos volando sobre el mar, a fin de evadir la vigilancia aérea que es constante sobre la frontera”.

Bergman Zúniga agregó que Alí Salomon y Carlos Ulloa trabajaban en una compañía fumigadora de San José, mientras colaboraban con el movimiento.

Alí tuvo un accidente aéreo que lo dejó inválido.

En esos días se supo que el “Pollo” había tenido un accidente en Punta Llorona, pues, estando la marea alta, se le volteó la avioneta y se le pandeó la hélice.

El expedicionario de Olama y de Los Mollejones, Adán Cantón Wasmer, dice que “el 30 de mayo escucharon el zumbido de una avioneta que volaba a baja altura, queriendo aterrizar. Las ruedas del aparato tocaron la arena y se deslizaron unas veinte varas, hundiéndose después. “Inmediatamente todos corrimos para ayudar al piloto, pero antes de que llegáramos ya aquel había logrado salir de la avioneta, presentando solamente algunos golpes de menor importancia. Este piloto era el ex teniente Carlos Ulloa, colaborador de nosotros”, dice Cantón Wasmer.

Zúniga informa que lo mandaron a él con un mecánico para llevar a reparar las hélices a San José.

Llegó con Frank Marshall, ayudante de José Figueres.

Aparece Manuel Gómez
Cuando estaban en Punta Llorona llegó un avión de Cuba donde venía el ex coronel Manuel Gómez con Mario Alfaro Alvarado. Traían 60 ametralladoras San Cristóbal, dominicanas, y 120 rifles Garand. También traían ametralladoras de trípode 230. El avión se pegó en la arena.

“Finalmente logramos sacarlo, le echamos gasolina con bomba de mano” --dice Zúniga--. “Cuando supimos que la expedición de Olama y Los Mollejones había fracasado, en el avión cubano se fueron a La Habana Carlos Ulloa y Ernesto Guerrero”.

Las armas se las llevó Frank Marshall. El resto las enterraron “Checho” Guerrero y Zúñiga, quien se fue a México y a California.

Rivas Gómez y Ubilla Baca

El domingo 31 de mayo de 1959, el avión piloteado por Víctor Manuel Rivas Gómez apareció en el cielo de Los Mollejones a las 7 de la mañana. Divisaron un potrero de zacate muy irregular y ondulado. El aterrizaje en ese campo sólo pudo lograrse por la enorme pericia del capitán Rivas Gómez.

Luis Cardenal describe así el aterrizaje: “A pesar de las manos de seda de Víctor, el primer contacto del Curtis en tierra fue tremendo. El pobre avión chocó con estrépito, al dar el primer brinco se fue de lado. Yo creí que se le había roto el tren de aterrizaje”. Dio un nuevo tumbo y se ladeó de nuevo, la puerta de un ala pareció que tocó tierra.

“Todos los que íbamos adentro rodamos por el suelo. El avión siguió dando tumbos, subiendo y bajando lomas. Oí los frenos que Víctor daba con fuerza, y luego los quitaba y volvía a brequear, pero el avión seguía con gran velocidad, y estábamos llegando al final de la pista, al cerco de alambre de púas, y detrás de éste a una quebrada de varios metros de profundidad, Víctor hizo algo que nunca había soñado que se pudiera realizar: frenó sólo una de las enormes llantas del avión, y éste, a bastante velocidad, todavía dio vuelta en redondo y siguió corriendo ya en dirección contraria”.

“Los expedicionarios gritaron a voz en cuello: ‘¡Viva Rivas Gómez!’”

El vuelo de Olama
Rivas regresó a San José y ese mismo día volvió a Los Mollejones, pero no pudo aterrizar por el mal tiempo.

Retornaron al día siguiente, pero no vieron las señales convenidas. Decidieron detenerse en el llano de Olama.

Relata el ingeniero Jaime Chamorro, que “desde el aire el Valle de Olama se veía muy apropiado, siendo una extensión muy grande, empastada con la grama verde que crece en invierno”. Lo que no sabía el piloto Rivas Gómez era que la grama verde estaba sobre sonsocuite, pegadero natural bien conocido en Nicaragua.

“Cuando al fin el avión tocó tierra, de inmediato dio un frenazo que nos hizo correr desde donde estábamos sentados hasta la parte delantera del piso del avión, sin sufrir ningún golpe”.

“La importancia estratégica del avión al mantenerlo funcionando era indudable. En ese momento el capitán Napoleón Ubilla Baca conferenció con los demás oficiales. La idea era contratar una yunta de bueyes que desatascara la nave y la pusiera en tierra firme”.

“Con el desembarco del día anterior en Los Mollejones, suponíamos que todas las unidades disponibles de la Guardia Nacional permanecían en estado de alerta. Por tanto, al ver bajar un avión tan grande, deberían de haber avisado a Managua para que mandaran aviones Mustang, como en efecto sucedió”.

“El capitán Rivas Gómez, que se encontraba cerca de mí, dio una orden terminante: Nadie debía disparar a los aviones. Explicó Rivas Gómez que los pilotos de los Mustang no los podían ver por lo rápido del vuelo y por el camuflaje de los uniformes, del color del pasto”.

“Como a las tres de la tarde se aparecieron unos aviones Douglas C-47 con el rótulo de La Nica, con cohetes debajo de las alas. “Después se entabló un combate como de media hora en el que murieron el rebelde José Antonio Gutiérrez y varios guardias”.

“Me coloqué hacia el lado de donde procedían los disparos, hallando a mi lado a Mundo Leal y cerca a Víctor Rivas Gómez. Éste se puso detrás del árbol, y con una ametralladora, de pie, disparaba hacia la patrulla. La mayor parte del tiempo se salía del resguardo que daba el árbol para facilitar su puntería, quedando así totalmente al descubierto. Fue un acto de valentía de Rivas Gómez que me impresionó --nos dice don Jaime Chamorro Cardenal.

Agrega que pasaron así 15 días deambulando por los alrededores.

En la finca San José de Los Encuentros se reunió el capitán Napoleón Ubilla Baca con el capitán Víctor Manuel Rivas Gómez, quien informó a los rebeldes que estaban rodeados. Ubilla Baca habló con firmeza a la desmoralizada tropa: “Nosotros no cometeremos la estupidez de rendirnos. Como somos oficiales nos matarían en el acto, igual cosa sucedería con los costarricenses Sony Boy, Malé y Segura. Todos se entregarán menos nosotros”.

Rivas y Ubilla fueron asesinados en la ribera del río Sábalos, cerca de Costa Rica, junto con los costarricenses miembros de la tripulación, por una patrulla de la Guardia Nacional al mando del oficial Humberto Lagos.

Un año después

De California, Bergman Zúniga viaja de Cayo Hueso a La Habana en el ferry con su carro, en marzo de 1960.

Lo primero que hizo fue ir al hospital a ver a su amigo Alí Salomon.

“El ‘Pollo’ Ulloa, Álvaro Galo y Ernesto Guerrero ya estaban entregados a la Fuerza Aérea Cubana. “Ulloa vivía con su esposa en San Antonio de los Baños; Ernesto Guerrero habitaba en Baracoa, y Álvaro Galo vivía en las covachas de militares de San Antonio de los Baños. Todos tenían su casa, su carro, menos Guerrero que no manejaba” informa Zúniga.

Gran cantidad de pilotos cubanos se habían ido a Miami, de ahí la importancia de los aviadores nicaragüenses en aquellos cruciales momentos del enfrentamiento Cuba-Estados Unidos.

El 15 de abril de 1961, Cuba fue bombardeada por aviones salidos de Puerto Cabezas, Nicaragua.

Los embajadores de Cuba y EU en la ONU, Raúl Roa y Adlai Stevenson, se enfrentaron en un histórico debate. Stevenson leyó la declaración de un piloto desertor que había aterrizado en Miami, quien afirmaba que el piloto nicaragüense Álvaro Galo se había infiltrado entre ellos para denunciar su deserción ante el Ministro del Interior (Pino Machado Quintín, “La batalla de Girón”, 1983).

Los nicaragüenses en la invasión

El destino o la marcha inexorable de la historia, trazarían diferentes rutas para los valientes pilotos que una vez se rebelaran contra el dictador Somoza.

Víctor Manuel Rivas Gámez peleó valientemente y fue asesinado en Olama.

Su compañero, Alí Salomon, piloto de gran maestría, valor y audacia a toda prueba, debe haberse revolcado en su silla de ruedas, al no poder participar en los combates, donde, de seguro, habría actuado con heroísmo.

Ernesto Guerrero estaba ubicado en otros frentes de guerra, no en Playa Girón, y cumplió las misiones encomendadas a satisfacción.

Álvaro Galo merece un capítulo aparte. Había tenido el valor de desafiar a los Somoza, conspirando en el corazón de la Fuerza Aérea Nicaragüense. Luego tuvo la sangre fría y la audacia de robarse un avión en las mismas narices de la Guardia y huir a Costa Rica.

Después se integró a la Fuerza Aérea Cubana y denunció a los pilotos desertores, o sea, que su apoyo a la revolución era indudable.

Sin embargo, en un minuto se puede pasar a la inmortalidad o destruir una trayectoria. Galo, que nunca había estado en una batalla con artillería antiaérea, falló en el momento supremo.

El general Rafael del Pino, héroe de la Revolución Cubana, que después desertó y hoy vive en un lugar secreto de Estados Unidos, dice que “el teniente Álvaro Galo… ante el intenso fuego antiaéreo de los buques se negó a descender sobre Bahía de Cochinos”. (Rafael del Pino, “Proa a la libertad”, Editorial Planeta, Mexicana, 1990).

Por su anterior conducta y fidelidad a Cuba, Galo fue perdonado y asignado para ser instructor de pilotos, luego trabajó en la aviación comercial, volando hacia Canadá, y finalmente se quedó viviendo en Vancouver.

“El Pollo” Ulloa

Carlos “El Pollo” Ulloa, el hombre introvertido, enamorado de su esposa y de sus hijos, por su parte, pasaría a la historia como un héroe internacionalista.

El general Rafael del Pino se refiere así a Carlos Ulloa: “Las continuas guardias en los aviones, y el trabajo diario en las trincheras casi no nos permitían ni ver a nuestros hijos. Ulloa está en peores condiciones que cualquiera de nosotros, pues sus hijos mayores están en Nicaragua y hace más de un año que no los ve”

“’El Pollo’, como le decimos, se ha ganado con su jovialidad y abnegación el cariño de todos. Frecuentemente caemos juntos en guardia, donde hemos tenido la oportunidad de conocernos mejor. Es un gran compañero y un gran revolucionario”.

Del Pino agrega que “los aviones se encontraban listos para el próximo vuelo, y Carreras distribuyó los aviones en la siguiente forma: el capitán Guillermo Figueroa volaría en los T-33 matrícula 711; los capitanes Silva Tablada y Jack Lagos, en los dos B26; Carreras, Bouzac y Carlos Ulloa volarían en los Sea Fury”.

“A las 08:45, hora local, despegó el segundo grupo de pilotos, en dirección a Bahía de Cochinos”. “Los combates se habían tornado cada vez más violentos. El teniente Carlos Ulloa, alcanzado por el fuego antiaéreo de los buques, fue derribado frente a Playa Girón, estrellándose en el mar (Del Pino, 1990).

Cuando murió su padre, Ernesto Guerrero, quien también era instructor de pilotos, pidió permiso y se volvió a Nicaragua, y ahora vive en EU.

Alí Salomon se enamoró de una dama cubana a quien yo conocí en La Habana en 1962. Después se la trajo a Nicaragua y pasó con ella sus últimos días.