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Al llegar al punto más alto del paso a desnivel en Rubenia, Managua, la piel de Esaú Téllez Ramos se eriza. Piensa que caerá sobre el caserío en esa zona.

Es la primera vez que viaje en un bus después de dos años. El 28 de febrerode 2017 viajaba en el bus de la ruta 164 que se estrelló contra las paredes de concreto de un contenedor de basura junto al cauce del sector El Dorado, en Managua.

Probablemente recuerda ese hecho, que el conductor de esa unidad Danny Ramírez iba a exceso de velocidad y fue condenado por homicidio imprudente a cuatro años de cárcel, así como cinco más por las lesiones contra tres pasajeros, entre ellos Téllez.

El bus circulaba en sentido de este a oeste y al llegar al semáforo de El Dorado, la luz cambió a roja. Ramírez no detuvo la marcha e irrespetó la señal, instantes después impactó contra un vehículo y luego terminó incrustado en la pared del cauce.

Las labores de rescate fueron transmitidas en vivo por un canal de televisión y se supo luego que la pasajera Ana Fabiola Vargas Tapia, de 28 años, falleció.

Para Téllez, de 39 años, recordar el accidente significa dolor, angustia, depresión y muchas horas en salas de cirugía.

A Téllez lo rescataron entre la chatarra donde quedó atrapado. Lo que no se supo después, es que su recuperación fue difícil. En el hospital público donde lo atendieron primero, recomendaron amputarle las piernas de inmediato.

“Como conozco mis derechos, pedí que me trasladaran al hospital privado porque mi accidente era de riesgo laboral. Me dijeron que no había ambulancias. Mi esposa fue al hospital privado y le dijeron lo mismo, pero un taxista llamó a un periodista y en minutos ya había una ambulancia, y así fue como me trasladaron”, explicó Téllez.

Esaú Téllez, de 39 años de edad, volvió a tomar un bus después de dos años. Bismarck Picado/END

Al llegar al hospital se presentó otra situación. Como sus piernas presentaban fracturas expuestas y eran graves, los médicos le indicaron que sería sometido a una cirugía y que le harían una transfusión de sangre, pero es testigo de Jehová y según su religión, esto no es permitido.

“No estamos en contra de los tratamientos médicos, creemos en los profesionales de la salud, pero sí ponemos en primer lugar los principios bíblicos. No hubo transfusión, me operaron y luego quedaron sorprendidos de los resultados”, detalló.

Historia de un accidente por el que cobran C$22 millones

Desde esa primera cirugía a la fecha ha pasado en 33 ocasiones por el quirófano. Prácticamente le reconstruyeron ambas piernas con parte de huesos de sus costillas, injertos de piel y “varillas”.

DOS CENTÍMETROS MÁS PEQUEÑO

La reconstrucción de sus piernas lo hace dos centímetros más pequeño. Ya puede caminar con la ayuda de un andarivel aunque sufre dolores.

La cama ya la usa para lo que es, dormir y descansar. Antes pasaba todo el día postrado y apenas lograba moverse.

Pese al avance, aún le quedan por superar el estrés, la depresión clínica y la ansiedad. “He quedado con lesiones irreversibles, no camino como antes y sufro dolores. El que ha sufrido este tipo de accidentes sabe que no miento; el estrés y la depresión clínica que padezco se acumulan, a veces me pregunto por qué me pasó esto, por qué no soy como los demás, ya no puedo correr ni bailar. Para mí el 28 de febrero marcó un antes y un después”, precisó.

PRIMER VIAJE EN BUS EN DOS AÑOS

Además del trauma, se suma la afectación económica. Al dejar de laborar, no recibe los mismos ingresos y el gasto ha aumentado porque debe utilizar taxis. El miércoles de esta semana, tras más de dos años después de no abordar un bus, tomó uno al salir del hospital.

Téllez cuenta que lo hizo por dos razones: falta de dinero y superar el trauma. Al terminar el recorrido concluyó que su accidente no provocó ningún cambió entre el sector del transporte interurbano de la capital.

Cuando lo vieron en el hospital, le recomendaron amputar las piernas. Bismarck Picado/END“El 23 de abril decidí montarme, lo hice como terapia para eliminar el miedo. Al inicio fue satisfactorio pero al llegar a Altamira todo cambió, el conductor invadió carril, no respetó los semáforos y conducía a exceso de velocidad. La gente no dijo nada, así como hice yo el día del accidente”.

Detalló que el conductor incurría en infracciones de tránsito pero aun así continuaba, incluso al llegar al puente  a desnivel en Rubenia aceleró y fue tanto, que la velocidad podía sentirla en el pecho.

“Creí que caeríamos al caserío y volvería a vivir lo mismo. Recordé ese 28 de febrero segundo a segundo. Ese día las luces se encendían y se apagaban. La gente gritaba buscando a sus seres queridos, parecía una escena terror. La muchacha que murió iba a mi lado y quedó prensada, como yo…. los conductores siguen haciendo lo mismo, recordé que por la imprudencia de un chofer que se tiró la roja casi muero. Sentí que volvería a pasar por lo mismo”, exclamó.