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En mi estudio sobre la oda “A Roosevelt”, publicado en El Nuevo Diario del domingo 31 de mayo, el verso 8 sufrió una alteración textual: “hispana” en lugar de “ingenua”, refiriéndose a “la América”. No se trata, pues, de una errata digital, sino de algo peor: la sustitución de un adjetivo por otro que Darío no utilizó. Lo más aproximado a “la América hispana” es “la América española” del verso 40 de la oda.

Asimismo, en el verso 48 se omitió la preposición “por”, quedando cojo el verso completo: “Se necesitaría, Roosevelt, ser por Dios mismo.” Acuso esos descuidos y pido mil excusas al lector.

Agradezco también a Félix Aguirre la obtención de la foto del “Riflero terrible” con un elefante muerto. Ignoraba que Roosevelt fuese exterminador de elefantes. Sólo conocía sus acciones como hipopotamicida y rinoceróctono.

Con estos neologismos calificó Rubén a Roosevelt en su libro Todo el vuelo (1910).

La palabra hipopotamicida está construida seguramente por analogía con fratricida, parricida, etc. y significa “matador de hipopótamos”. El sufijo “ida” ya había sido utilizado ampliamente por Darío. En un poema de juventud, por citar un ejemplo, usó la palabra “muchachicida”, aplicada a su amigo mayor el crítico mexicano Ricardo Contreras, quien le había señalado unas incorrecciones gramaticales.

¿Y rinoceróctono? ¿Se inspira en autóctono? Autóctono quiere decir “el que nació en la tierra”. ¿Pero rinoceróctono sería entonces el que nació entre rinocerontes? Sea como fuere, los adjetivos rubendarianos tienen por blanco a Theodoro Roosevelt, el del gran garrote o big stick.