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“Lo que necesito es justicia… me arruinaron la vida”, demanda llorando Iris Lagos González, de 39 años, al recordar que hace un año, hombres encapuchados “interceptaron, torturaron y balearon” a su hijo Noel Calderón Lagos y a su esposo Humberto Antonio Parrales Reyes.

“Exijo justicia, sin impunidad, ni perdono, ni olvido”, insiste Lagos, tras un año sin respuestas.

Aproximadamente a las 10:00 p.m. del 15 de mayo de 2018, Humberto Parrales, de 40 años, salió de la Universidad Politécnica de Nicaragua (Upoli) junto a su hijastro Noel Calderón, de 19 años, y un sobrino de 16 años, a bordo de una motocicleta en busca de una farmacia para comprar un medicamento, según relata Lagos.

Cuando circulaban por la iglesia Pio X, de Bello Horizonte, fueron interceptados e impactados por un taxi, luego se acercó una camioneta Hilux repleta de hombres encapuchados y armados, quienes golpearon e hirieron con balas a quienes después fallecieron, según relató en su momento el único sobreviviente, el sobrino de 16 años.

“Yo me encontraba en la Upoli esa noche porque mi hijo estaba atrincherado apoyando a los universitarios, pero como se sentía mal del estómago, mi esposo se fue con él a comprar una pastilla. Mi susto es cuando veo que llega mi sobrino como a las 11:40 p.m. y nervioso decía que los habían matado”, relató Lagos.

El sobrino de Lagos iba también en la moto, y al ser esta impactada por el taxi, cayó al pavimento, pero logró huir porque los vigilantes de los negocios que hay en los alrededores le gritaban que se fuera, que venían hombres armados y lo podían matar.

“Yo no lo podía creer, si yo los vi salir bien, yo le preguntaba a mi sobrino por qué, cómo había sido, si ellos no andaban haciendo nada malo”, recuerda Lagos.

Iris Lagos González muestra un retrato de su hijo. Archivo/END

Los parapolicías liberaron a sus víctimas que de algún modo lograron regresar a la Upoli, donde los atrincherados salieron a auxiliarlos.

Lagos recuerda que el primero que ingresó al recinto universitario fue su hijo. “Los muchachos salieron a buscarlos, yo me iba a montar en una moto, cuando entró un grupo con mi hijo, él venía golpeado, pero estaba vivo, yo lo vi respirar, lo llevaron como a eso de las 12:00 a.m. , le dieron los primeros auxilios y después lo trasladaron al hospital Vivan Pellas, pero murió llegando al hospital”, recordó.

“Después que trajeron a mi hijo y lo estaban atendiendo en un cuarto, trajeron a mi esposo, él sí venía más golpeado, su cara desbaratada y traía un hoyo en su pecho de un balazo; también tenía la pelvis fracturada, pero no aguantó y murió cuando los médicos en la Upoli le estaban dando los primeros auxilios”, relató.

Ambos murieron en la madrugada del 16 de mayo de 2018.

“Mi familia era bien unida. Mi hijo decidió apoyar a los universitarios atrincherados, yo en un inicio le decía que no, qué para qué iba andar ahí si él no era universitario, pero él me decía que no estaba de acuerdo con lo de la reforma al seguro social y de cómo reprimían a los estudiantes, entonces, yo también me metía a apoyar a mi hijo”, destacó Lagos.

En la Upoli, a Noel le llamaban “el flaco”, era quien avisaba cuando llegaba algún herido y ayudaba, cuenta su mamá. “Todas las noches cuando salía del trabajo, yo me iba con mi esposo a ver a mi hijo a la Upoli, a asegurarme que estuviera bien. Tres días antes de su muerte yo le dije que se viniera para la casa y él me dijo: no, si voy a morir que sea por ver a Nicaragua libre”, recuerda Lagos.

FISCALÍA NO DA RESPUESTA

Lagos presentó denuncias ante organismos de derechos humanos nacionales internacionales y ante el Ministerio Público, donde hasta la fecha no le han presentado una respuesta.

“Yo fui a la Fiscalía, les pedí que investigaran el caso y me preguntaron qué era lo que sabía yo y les relate lo mismo que mi sobrino me dijo; que los paramilitares los habían torturado y golpeado salvajemente hasta matarlos, me dijeron que llevara a mi sobrino y no seguí yendo por temor a que le hicieran algo al chavalo, porque era el único testigo y sobreviviente”, afirma Lagos.

Al sobrino de Lagos, sus padres tuvieron que sacarlo del barrio y llevarlo a vivir a otro lugar por seguridad, porque toda la familia estaba bajo asedio y también temían por sus vidas.

“Yo lo miré, yo lo viví en carne propia cuando las camionetas Hilux llegaban a rafaguear las trincheras y herían a uno y otro. Cómo se atreven a decir que eso es mentira, que nunca existió nada de eso y decían que los universitaritos se estaban matando entre ellos mismos para justificar esos ataques”, indicó Lagos.

Lagos todavía no se explica cómo pudieron golpear a su esposo y a su hijo con tanta saña, después que le sirvieron años al Gobierno. En su barrio, Noel era quien se encargaba de reunir a jóvenes para ir a la plaza cada vez que el Gobierno tenía una actividad o de recoger a las personas en sus casas cada vez que celebraban las elecciones municipales o presidenciales. Lagos y su esposo Humberto también eran coordinadores del barrio.

Protestas en Nicaragua 2018. Archivo/END

“Yo lo que quiero es justicia y aunque sé que no me lo van regresar, tienen que pagar los culpables. Ellos no eran delincuentes, eran hombres de casa, que no le hacían daño a nadie”, insistió.

“Mi esposo iba desbaratado, a mi hijo le dieron choques eléctricos en sus pies y manos. No me explico por qué les hicieron tanto daño, por qué ensañarse así con ellos, no era justo que les pagaran así, después de tantos años que le sirvieron”, lamentó Lagos.

“Lo único que me hace sentir bien es acordarme de las palabras de una joven que lo atendió; ella me decía: siéntase orgullosa, tiene un hijo valiente que luchó por vivir y por su patria. La muerte de ellos no puede ser en vano”, reitera.