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Santa Julia está rodeada de tres tipos de bosques: húmedo, premontano y seco. Nadie se imagina que en la capital exista un espacio tan natural y preservado. Es la cuenca donde se infiltra el agua hacia las reservas subterráneas de Managua, pero irónicamente la gente de la zona no tiene agua.

Este bosque ubicado arriba de los 900 metros sobre el nivel del mar. Aquí viven un poco más de 100 familias que aunque tiene tuberías de agua potable, solo reciben el líquido dos veces a la semana.

Fundación Apapachoa trabaja en un proyecto para preservar los bosques y explota el ecoturismo y el desarrollo sostenible con la comunidad.

Dicha fundación es el perfil social de empresas industriales productoras de café y que quieren preservar la naturaleza de la zona. Durante años los pobladores no destruyeron los tres tipos bosque, lo que permite que Managua tenga tan cerca una importante área natural.

La reserva El Bajo, de un poco más de 1,000 manzanas, se creó a partir de la compra de remanentes de fincas en El Crucero, afirmó Octavio Guerrero, coordinador del programa ambiental de la fundación.

Los propietarios son la familia Baltodano, empresarios nicaragüenses dueños de industrias relacionadas a la producción de café.

Hace seis años, esta familia construyó una casa para uno de sus miembros que iba a casarse, pero la idea trascendió a crear un hotel exclusivo seis estrellas que ofrecería productos únicos a turistas internacionales con poder adquisitivo. No obstante, la crisis que estalló en abril de 2018 ha atrasado el despegue de la obra.

Guerrero indicó que están trabajando con universidades públicas y privadas para que estudiantes puedan realizar prácticas en pequeñas estaciones biológicas que se construirán en los bosques.

Precisó que hidrogeólogos de la Dirección de Posgrado y Doctorado de la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI), llegaron a la conclusión de que el bosque produce 24 metros cúbicos de agua por hora.

Estas aguas nutren el río Xitalapa, que baja por el municipio de Villa El Carmen y desemboca en el océano Pacífico.

“Productores de piña, limón y otras frutas, se abastecen del cuido de esta área, prácticamente este es el último pedazo de bosque que queda”, afirmó Guerrero.

Guerrero reconoció que la reserva existe porque la gente de la comunidad Santa Julia la ha cuidado, aunque los pobladores no tienen agua potable.

Mario Castro, un joven de la comunidad y voluntario en la fundación, aseguró que el agua potable cuesta que llegue a los hogares.

“Las bombas allá arriba (en El Crucero) a veces se dañan y te dicen cualquier cosa y realmente cuesta que venga el agua aquí”, declaró.

Afirmó que para suplir la demanda, las familias utilizan el agua que se acumula en una pileta. Esa agua la utilizan para lavar ropa o bañarse, pero no para tomar, explicó el joven.

La pileta se recarga a través de la lluvia, precisó el comunitario. Guerrero afirmó que pretenden desarrollar un centro de educación ambiental, un mariposario, cafetería y mejorar los senderos.

“La idea es traer a los colegios y gente que quiera conocer”, apuntó Castro.

Del bosque nuboso hasta el bosque seco hay 22 kilómetros de senderos, aproximadamente, indicó.

BELLEZA NATURAL

Arnulfo Medina, mastozoólogo, quien ha escrito libros sobre especies de murciélagos y ardillas en el país, realizó un muestreo de mamíferos en la reserva. Encontró murciélagos omnívoros que solo viven en el bosque y no se encuentra en potreros o zonas alteradas. Se caracterizan por dormir en cavidades de árboles grandes que solo pueden encontrarse en bosques conservados.

Durante un recorrido por un de los senderos de la reserva, el experto notó importantes parches de bosque muy bien preservados y desde su punto de vista, interesantes para investigar más sobre los mamíferos.

En el trayecto identificó huellas de animales como venados, difícil de encontrar en los remanentes de bosque que quedan en el Pacífico. También encontró dos raros puercoespines, uno de ellos estaba escondido es una pequeña cueva y otro en un árbol.

Sobre el recorrido, también encontró impresionantes farallones en cuyas paredes se forman cuevas. Medina exploró tres de ellas, sin embargo, solo encontró pequeñas colonias de murciélagos con algunas hembras con crías que aún lactaban. 

Los farallones tienen potencial para practicar el deporte extremo de rapel o bien para instalar un canopy.

Interesante también es la flora de estos bosques, al estar conformado por tres tipos de bosques, la variedad de plantas es muy rica. Por ejemplo, en este lugar se pueden ver imponentes arboles de guayabo, una especie que puede medir más 40 metros. El guayabo crece en bosques húmedos.

RESERVA ABRIRÁ SUS PUERTAS

De las raíces de este y otros árboles nacen ojos de agua, pequeñas fuentes de donde el agua que condensa las plantas, se almacena.

RESERVA ABRIRÁ SUS PUERTAS

Marcela Piuzzi Valle, directora ejecutiva de la fundación, aseguró que su objetivo es preservar el bosque de la reserva e impulsar el desarrollo de las comunidades aledañas. 

En abril la fundación cumplió un año de haber reabierto. Facilitan cursos técnicos de Guía de Ecoturismo y Técnico en Manejo de Mariposario para los jóvenes y adultos de la comunidad Santa Julia y otras comunidades aledañas a la reserva, aseguró. 

Actualmente tienen un plan de gestión ambiental en conjunto con voluntarios de diferentes carreras como biología, ingeniera forestal y personas con conocimientos empíricos sobre la preservación del medioambiente. El trabajo es monitorear el suelo, el bosque y la fauna que permanece en este lugar.

Piuzzi Valle prometió que la fundación abrirá sus puertas a las personas que quieran conocer está importante masa boscosa.

“Nuestro trabajo inmediato es muy comunitario, pero en septiembre queremos abrir nuestra puerta al ecoturismo y poder ofrecer una opción turística para que conozcan la comunidad y a conocer la reserva”, declaró.