• Nicaragua |
  • |
  • |
  • Edición Impresa

Los curanderos son personas de la comunidad que tienen conocimientos de las propiedades curativas de las plantas y tienen un don especial para atender casi todo tipo de sufrimiento.

En Sangnilaya, comunidad indígena misquita de unas mil personas, vive Nipsia Escobar Castillo, una joven de 21 años que adquirió el don de la curación durante un sueño que tuvo hace 3 años, según cuenta.

Ella trabajaba en Puerto Cabezas y una noche escuchó que un hombre le habló en sueño y le dijo que en la mañana siguiente un compañero de trabajo se iba a enfermar, y en efecto, cuando llegó al trabajo, un muchacho se le acercó quejándose de un fuerte dolor en el estómago, a lo que ella le sugirió que se fuera a atender al hospital. Esa misma noche, ella volvió a escuchar la voz en sueño, que le dijo: “Ese muchacho tiene un problema que no es de hospital, vos lo vas ayudar”.

¿Y cómo?- Preguntó ella. ¡Levántate y ve donde el muchacho! Y cuando vayas a su casa, solo ora, y él se va a sanar- le ordenó la voz.

Nipsia no sabe por qué obedeció aquella orden, pero muy tempranito oró por el joven enfermo y se fue a buscarlo a su casa, y al llegar, este la sorprendió cuando le dijo: -Nipsia, yo dormí y en el sueño una voz me dijo “va a venir una muchacha y ella te va a curar” y el muchacho ya no tenía dolor, se curó sin tomar nada, ni una pastilla.

“Desde ese tiempo viene en mi sueño esa misma voz de un hombre que yo no miraba su cara, pero un día pude ver frente a mí su rostro; era blanco, tenía en la mano un palo y me dice: “Te escogió Dios, vos sos una mujer que Dios te va a ayudar para curar a la gente, te voy a dar un poder en tu mano y en la vista”, asegura Nipsia.

Cuando la joven despertó, le contó lo que soñó a su tía y se fue al trabajo un poco somnolienta, se sentía rara, con mucho sueño y aunque no quería dormir, sus ojos se le cerraban, hasta que se desmayó.

Su mamá llegó de Sangnilaya y se la llevó a la comunidad aún dormida, hasta que despertó 4 días después.

Nipsia, que ahora vive en su comunidad natal, Sangnilaya, sigue atendiendo a las personas que llegan enfermas, tanto misquitos, como mestizos y mayangnas, de Bluefields, Puerto Cabezas, Siuna, Padua, Itara, Francia Sirpe y otras comunidades indígenas.

La comunidad de Sangnilaya en el Caribe Norte. Orlando Valenzuela/END

La raíz del mal: los colonos invasores

Ella no se considera una curandera, bruja ni sukia, pero logra lo que ni en los hospitales solucionan, dicen los comunitarios.

“Yo no trabajo con hierbas, solo con agua de coco, oración y flores blancas, cuando viene el enfermo yo oro en el agua y lo baño y se cura, ahora también miro en la mano y veo de dónde viene el problema, la enfermedad y la enfermedad viene con las preocupaciones, se les sube la presión, tienen dolor de estómago, los niños con calentura, diarrea, vómitos, dolor de cabeza y voy buscando la manera de cómo sacar los problemas que tienen y ya averigüé de dónde vienen las enfermedades: de las preocupaciones, porque las ancianas, los hombres mayores de la comunidad vienen preocupados porque los españoles (colonos) nos están quitando la tierra, la gente solo piensa en eso, sin tierra, ¿dónde vamos a ir a trabajar?”, revela.

Nipsia no aprobó ni la primaria, pero está clara que toda su etnia enfrenta una grave amenaza con la presencia de miles de colonos que llegaron a invadir sus tierras ancestrales y están a punto de tomar todo el territorio indígena.

“¿Qué va a pasar con nosotros, dónde vamos a vivir y qué tierra vamos a trabajar?”, se pregunta.

“Yo soy grande y tengo una niña, que va a pasar cuando mi niña crezca, dónde vamos a ir a trabajar?, es un problema que tenemos aquí, porque ahorita no podemos trabajar largo porque ellos (los colonos) invadieron todo, solo trabajamos cerquita, pero poquito, no da para todo el año, antes mi papa iba al monte y traía dantos, cusucos, venados, pero ahora no puede porque los españoles están allí, en nuestras tierras, porque la tierra es nuestra, no es de ellos, eso yo miro mal, solo tenemos esperanza que un nuevo gobierno nos apoye para sacar esos colonos, porque si no sacan a ellos, más violencia va a venir aquí, porque cada día están más cerca de nosotros. ¿Qué va a pasar cuando vengan más cerca de nosotras? Soy misquita, pedimos a la gente de allá, que tienen poder, que nos ayuden a sacar a esto invasores para que los niños que vienen creciendo trabajen en paz”, manifiesta.

Sentada junto a su madre en una banca de madera de su casa de tambo en Sangnilaya, Nipsia espera la llegada de un señor que tiene días de estar enfermo, soñó que llegará a buscarla este día y está pendiente que pronto aparezca por el camino para curarlo con sus oraciones, agua de coco y flores blancas.