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Abordar un taxi en algunos países es cuestión de hacer clic en el dispositivo móvil, pero en Nicaragua esta práctica de momento no es una norma, pero ya están dándose los primeros pasos.  

Uber, la plataforma digital que permite convertir en taxista a cualquiera que tenga carro y teléfono, anunció en noviembre pasado una vez más su intención de operar en el país.

El año anterior, funcionarios de la transnacional visitaron Nicaragua en una “fase exploratoria”, pero encontraron un fuerte rechazo del sector taxi, que a la fecha continúa igual. 

Reynaldo Bermúdez Zelaya, de la Federación Nicaragüense de Cooperativas de Taxis (Fenicootaxi), afirmó que Uber no puede operar porque de entrada, la Ley 524 (Ley General de Transporte Terrestre) no se lo permite.

Según Bermúdez, la ley establece claramente cuáles son los requisitos y compromisos que deben cumplirse para prestar el servicio, como contar con una concesión aprobada por las autoridades, ya sea del Ministerio de Transporte e Infraestructura o bien de las municipalidades.

En este sentido, dijo Bermúdez, Uber no venía a trabajar con los taxistas, sino a invitar a las personas que tienen vehículos particulares a operar con ellos.

“Lo que hace es solo invitar a personas que tienen vehículos con placas particulares para que brinden un servicio de taxi entre comillas, porque no están autorizados. Para eso está la Ley 524, que regula el transporte”, apuntó. 

El transportista explicó que al conocer las intenciones de Uber, se opusieron y pidieron a las autoridades que esa aplicación, desarrollada por un extranjero, no se le permitiera operar y así ocurrió. Recibieron también la promesa que así permanecerá.

Otra razón del por qué se oponen, según Bermúdez, es que los propietarios de la plataforma se quedan con un porcentaje alto de cada recorrido efectuado por el taxista.

“Ellos se embolsan el 15 % del valor de la carrera, pero con el 85% restante, el taxista debe asumir reparaciones y pago de  seguro”, dijo.

Y aunque Uber no ha llegado más de allá de “una fase exploratoria” y reuniones con dirigentes del sector empresarial, el representante de los taxistas aseguró que en este país esa empresa no tendría futuro y para graficarlo mencionó lo que sucedió con Efytaxi en 2015. 

Efytaxi era una aplicación similar a Uber, pero desarrollada con capital colombiano, que se adaptó a las reglas y leyes del país, es decir, trabajaba con taxistas adscritos a una asociación. Al arrancar el proyecto, se invirtió medio millón de dólares.

La empresa por dos meses proporcionó planes de datos a los taxistas y estos se emocionaron, pero el problema surgió cuando a ellos les correspondió pagar por el Internet. 

“Se instaló y nosotros los apoyamos e impulsamos, pero solo 300 cooperativistas se inscribieron. Les dieron Internet y la aceptación de los usuarios fue baja, al igual que los taxistas, porque esto debe ser recíproco. Solo obtuvo 1,600 descargas y después de seis meses, la empresa decidió que no continuaría porque no era rentable. Desde ahí venimos observando que el país en sí, no es para desarrollo masivo de este tipo de aplicación.”

Bermúdez considera que  otro elemento a tomar en cuenta es la poca prevalencia y uso de tarjetas de créditos entre los nicaragüenses. Comenta que el uso del dinero plástico en este servicio es fundamental. 

Servicio de Uber. Archivo/END

“Ellos pasan la tarjeta y el dinero cae en una cuenta y después llegan a traer su dinero, pero el plástico no está al alcance de la gente. Yo diría que a corto plazo no puede lograrse, en otros países sí, porque tienen otro desarrollo económico”, dijo.

A poso lento

Pese al fracaso de Efeytaxi, dos plataformas actualmente dan pasos para cambiar el modo en que nos transportamos, de modo que esa imagen del nicaragüense saliendo de casa, caminar hasta una esquina y alzar una mano para hacerle parada a un taxi, sea cosa del pasado.

Las dos empresas apuestan por un usuario que tome su dispositivo y haga clic, espere poco tiempo y se transporte mejor. 

Transportarse mejor es viajar con aire acondicionado y pagar el costo del traslado en efectivo o plástico.

También un grupo de amigos puede abordar el vehículo y dividirse el pago del traslado. En el trayecto no suben a más personas, el viaje es exclusivo. Y aunque hay beneficios, el servicio todavía no es masivo, pero Walter Brown, de la aplicación Ray confía que solo es cuestión de tiempo para que lo sea.

Uber, la plataforma digital. Archivo/END

“Es cuestión de romper una cultura, el nicaragüense está acostumbrado a salir a la calle bajo el sol o la lluvia y tomar un taxi. Nosotros queremos cambiar eso para que la gente desde la comodidad de su casa, escuela y universidad pida un taxi, conozca la tarifa y el nombre y datos de quien lo irá a traer”, expresó Brown. 

Ray cumple este julio un año de operar y según Brown, su visión no es competencia de los taxistas, sino una herramienta para que aumenten sus ingresos, sobre todo en estos “tiempos difíciles”.

“Lo puede usar gente que tiene 20 años (taxeando) y los que están empezando. Tenemos también requerimientos de algunas empresas, porque a veces hay solicitudes de vehículos de otro tipo”, señaló.

Brown aseguró que ellos no buscan cambiar la forma de trabajar, sino actualizar el tipo de trabajo.

Efytaxi era una aplicación similar a Uber, pero desarrollada con capital colombiano. Isidro Hernández/END

Aseguró que antes se trabajaba de una manera, ahora se hace de otra, porque en estos tiempos la gente por seguridad no usa efectivo, sino tarjeta, pero se puede pagar el servicio con efectivo y tarjeta.

Aventón es otra aplicación móvil que permite conectar con una red de taxis. Oscar Molina es su creador, dice que crecen, pero a paso lento. No obstante, reconoce que de a poco los taxistas están notando los beneficios. 

“Los conductores poco a poco ven que es algo que funciona, es algo que para ellos es a futuro. En Nicaragua no es presente (la utilización masiva de las aplicaciones), pero a futuro será una norma y no una excepción”, indicó.

Para Molina, hay varios factores a tomar en cuenta para entender el lento crecimiento. Uno de ellos es el desconocimiento del servicio, ya que no se cuenta con grandes presupuestos para publicidad.

Lo otro es que en la medida que crezca, habrá más taxistas siendo parte de la red y habrá mayor disponibilidad en los tiempos de respuesta. Es decir, al solicitar un cliente el servicio, tendrá una respuesta cada vez más rápida.

“El tiempo es un factor y debo decir que los beneficios son gigantescos, entre más vehículos hayan  (trabajado con la asociación) el precio será más accesible. Habrán más viajes y el precio se mejora, solo es cuestión de que esto explote (servicio masivo).

Transportarse mejor es viajar con aire acondicionado y pagar el costo del traslado en efectivo o plástico.. Archivo/END

Acostumbrarse

Rafael Gutiérrez, quien tiene 15 años trabajando como cadete, ha escuchado hablar de Uber y la fracasada aplicación Efytaxi, y asegura que cada vez es más difícil recoger para el turno y que cualquier opción para aumentar ingresos es válida.

Pero la idea de usar servicios con aplicaciones de momento no le hace clic, según Gutiérrez, porque trabajar con Internet le supondría aumentar sus gastos de operación, lujo que no podría costearse, además que le robaría tiempo al frente del volante.

“Me quitaría tiempo por estar revisando el celular, además debo estar pagando cuotas por cada viaje. Uno sube al cliente y a veces con suerte en el camino encuentra a otro y así vas sumando. Si la economía estuviera mejor, podría bajar el ritmo y adecuarme a esperar a que llegue el tiempo, pero a como están las cosas, no creo”, indicó Gutiérrez.

Para Gutiérrez, incluirse en este tipo de servicio le requeriría buscar otro vehículo.

Según explicó, lo que entiende de esto es que sus clientes serán selectos y demandarán mucho. 

“Es que no es solo cambiar de vehículos, pero si por casualidad me sale un cliente que hable inglés, me sentiría mal a no entenderle. Además, aquí la costumbre es que te hagan parada y uno acomoda la tarifa”, puntualizó.

Recuadro:¿Cómo funciona el servicio? 

Descargada la aplicación, se llena un formulario. El usuario utilizando Google Maps, indica el sitio donde está y a qué sitio se dirige. 

 El taxista más cercano a su ubicación responde e indica el tiempo que tardará en buscarlo. Establece también, tomando en cuenta la distancia y el tiempo en cuánto tiempo lo lleva a su destino, un estimado del costo del traslado.

El usuario al aceptar, indica el modo de pago, ya sea efectivo o tarjeta. El cliente recibe información del nombre del taxista que llegará a traerlo, así como el modelo y número de placa.

El costo es por el traslado, no por el número de personas que lleva. El viaje es directo y en el trayecto no es abordado por otro usuario.