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Relata que intentó ser sacerdote, coqueteó por varios años con el periodismo, pero sentó cabeza en las salas de los juzgados. Julio Ariel Montenegro tiene 56 años y en la búsqueda por cumplir sus metas, dice que se ha caracterizado por mantener siempre sus principios.

A este matagalpino le ha tocado enfrentar a jueces radicales durante la defensa de casos emblemáticos de presos acusados por protestar contra el gobierno; se recuerda como un niño introvertido, reservado y nervioso que con la idea de hacer un cambio en su vida en la década de los ochenta, se unió a los seminaristas.

¿CUÁL ES LA VIDA DE JULIO MONTENEGRO?

Julio Montenegro no está casado, sin hijos, muy ligado a su mamá que se acerca a los 100 años y orgullosamente puedo decir que ella es la mujer que me hizo salir adelante. No puedo cuestionar al padre, pero ella es quien se sacrificó más. Ahora soy quien mira por ella. En mi vida soy reservado, tímido y a veces orgulloso, pero saliendo a flote los principios de la ética, la moral y sobre todo la dignidad. Soy el cumiche de cinco hermanos. Una hermana que falleció siendo niña y nosotros cada uno dedicado a cosas totalmente diferentes. Uno es cantante fuera del país, otro en la metalurgia y el tercero en su negocio de transporte

¿DE DÓNDE NACE ES PRIMER AMOR POR LA VIDA ECLESIÁSTICA?

Fue en los ochenta que, por objeción de conciencia, abracé la vida sacerdotal, aunque no la concluí. Me eduqué en una familia religiosa, con una madre muy católica, quien me inculcó que siempre debo hacer las cosas de manera correcta. Así que, en determinado momento, sentí que si no iba a ser un buen cura, era mejor ser solo un buen laico. Luego de sacar mi bachillerato en Teología, pedí un año de permiso al rector de entonces (del Seminario Nacional de Nicaragua), Anselmo Salamero.

¿CÓMO LLEGA A CONOCER A ENCARIÑARSE CON EL PERIODISMO?

De niño era muy introvertido y esperaba a cambiar de actitud y el seminario fue la primera puerta para ese cambio, y después tomé como un reto la Comunicación Social. Entré a la Universidad Centroamericana en 1990, en un período marcado por la transición. Terminé la carrera de periodismo con los primeros lugares en notas, cuando el decano era Guillermo Rothschuh Villanueva.
Julio Montenegro. Isidro Hernández/END

¿ALGUNA VEZ PENSÓ QUE LE TOCARÍA REPRESENTAR LEGALMENTE A MIGUEL MORA, QUIEN FUE COMPAÑERO DE ESTUDIOS?

No. En ese momento no pesaba en optar por una segunda carrerea universitaria y menos pensar que ocurriría algo así. Tuve muchos compañeros de clase que después se desempeñaron prestigiosamente como comunicadores sociales. Además de Mora (100% Noticias), compartí aula de clases con Fabián Medina
(Magazine), Félix Cisneros, María Lily Delgado (corresponsal de Univisión), Christian Somarriba (cantante) y Sabrina Quezada Ardila (comunicadora del PMA), entre otros. Tuve la oportunidad de hacer prácticas en diferentes lugares, desde la Página Universitaria a programas de radio en 90 Minutos con Xavier Reyes Alba, en Radio Nicaragua y la televisión en Canal 6, incluso en medios escritos, entre estos La Tribuna, una revista de FAGANIC y la SAT de Dinamarca. Incluso hice de relacionista público.

¿EL PERIODISMO NO CALMÓ SU INQUIETUD PROFESIONAL?

Me gustaba mucho la Comunicación Social, pero sentí que aún faltaba algo y decidí estudiar una tercera opción tomando el turno nocturno en la carrera de Derecho.

¿Y EL DERECHO ES SU META DE VIDA? ¿CON ESTA PROFESIÓN SENTÓ CABEZA?

Mis proyecciones han sido mis metas de vida y las marco porque me gusta lo que hago. Como periodista y cuasi cura, y ahora como abogado en pro de los derechos humanos, pienso que tengo que hacer lo que tengo que hacer. Esto pasa por valores, mística, dignidad y sentir lo que se hace.

¿CÓMO FUERON SUS INICIOS EN LA CARRERA?

Termine la carrera con dificultad, entre el trabajo y el estudio. Hice pasantías en el bufete de la Universidad Centroamericana (UCA), después me contrataron como instructor legal, terminé mi maestría en Derecho Penal y Derecho Procesal Penal y presenté mi tesis “Apelación, Casación y Revisión”. Luego fui invitado por el Ministerio Público para asistir a algunos seminarios y me dije “qué interesante es hacer justicia”.

¿CÓMO ENTRA AL MINISTERIO PÚBLICO?

Les llamó la atención mi interés y dedicación, hice concurso e ingresé en 2004 al Ministerio Público formando parte de la unidad de Apelación, Casación, Revisión y Extradición del Ministerio Público. Un año después ascendí a la Unidad Nacional Especializada de Apelación, Casación, Revisión y Extradición y pasé a ser fiscal director a nivel nacional y en mi desempeño siempre traté de hacer lo correcto. Para 2008 pase a ser docente en la Escuela Judicial y coordinador de equipo docente, por lo cual entre mis alumnos estaba la doctora Ileana Pérez, siendo ella miembro del Tribunal de Apelaciones, así también algunos fiscales, jueces de distrito, locales y magistrados en los departamentos.

¿A QUÉ SE DEBIÓ SU SALIDA DEL MINISTERIO PÚBICO?

Cuando el fiscal general de la República Julio Centeno Gómez sale del cargo y queda Ana Julia Guido, yo era el fiscal de casación y fiscal en algunas audiencias de apelaciones, pero se me solicitó realizar acciones que consideraba se reñían con la ley. Demostrar mi inconformidad hizo que me trasladaran de la sede central a nivel nacional, a la circunscripción de centro de atención fiscal en Ciudad Sandino. Ahí también recibí orientaciones, entre estas sobre el accidente de tránsito de dos familias sandinistas. Una de estas aparentemente tenía más influencias que la otra y no favorecerla me costó una queja. Si algo sostengo es que no haré algo que esté en contra de lo que pienso y los principios que me han regido. En menos de dos meses me trasladan al centro de atención fiscal de Tipitapa, al otro lado de Managua, y no como director del centro de atención fiscal, sino como auxiliar de Tipitapa. Así, lo que había construido en más de 11 años, en cuestión de dos meses fue demeritado. Al día siguiente que fui notificado, renuncié. Eso fue en enero del 2015.

¿EN QUÉ OTRO ÁMBITO SE DESEMPEÑÓ FUERA DE LA FISCALÍA?

Estuve dos años con el bufete jurídico de José Ramón Rojas Méndez, pero luego de dos años consideré el momento de hacer mi propio bufete y me desempeñé satisfactoriamente. Lo hice sin hacer algo a hurtadillas, sin acciones amañadas, ni compra de conciencia, tal como otros han hecho. Me ceñí buscando los argumentos legales de acuerdo al caso.

¿CÓMO FORMA PARTE DE LA COMISIÓN PERMANENTE DE DERECHOS HUMANOS (CPDH)?

Con el doctor Marcos Carmona (secretario ejecutivo de la CPDH) ya me conocía y con Denis Darce (secretario adjunto de esa organización). Con ellos me conocí desde 1979 como estudiantes de Secundaria en el colegio Primero de Mayo. Luego cada uno se desempañaba en diferentes cosas: Carmona como contador, Denis en fotografía y yo como radiotécnico, una parte de la historia y el resto fue de lucha permanente de esfuerzos propios. En abril del 2018 se generan los conflictos y por no contar con un equipo especializado, pidió mi participación. Así pasé a tiempo completo a trabajar en los casos. Nos trasladamos a Matagalpa y Diriamba, entre otros sitios, en al menos dos ocasiones fuimos interceptados por los civiles armados (simpatizantes del Gobierno) y estuvimos durante la agresión en la basílica de San Sebastián, donde el obispo Báez fue herido.

¿CÓMO OBSERVA EL DESARROLLO DE LA REPRESIÓN?

Después de la caída de los tranques se da una situación inesperada: los que habían participado en las marchas o habían apoyado a los protestantes con alimentos, agua e incluso ataúdes para los que habían perdido a sus familiares, comenzaron a ser perseguidos y procesados. Tuvimos que readecuarnos y se creó la comisión especializada de casos judicializados en el nuevo contexto. Para esto era necesario ampliar el equipo, ya que la cantidad de casos creció. En todo momento tocó trabajar a tiempo completo para acompañar en los procesos penales.

El reconocido abogado fue seminarista, periodista y fiscal. Archivo/END

¿ALGUNA VEZ VIVIÓ UNA EXPERIENCIA SIMILAR, DESDE EL PUNTO DE VISTA PROFESIONAL, COMO LA VIVIDA A PARTIR DE LOS PROCESOS EN EL CONTEXTO DE LAS PROTESTAS?

No tuve una experiencia parecida. El equipo estaba a cargo de 200 casos, que era el 50% de todos los procesados. En mi caso me tocaron 80. Pero no se trataba solo de la cantidad de casos, sino de la lucha constante por seguir los procesos, porque en los juzgados no se notificaba o se había en el último momento, las audiencia cambiaban de salas. Tuvimos que golpear puertas y pelee con jueces y se dio el incidente con la jueza Adela Cardoza, con quien intercambie frases fuertes, también enfrentar a los guardias del Sistema Penitenciario. Toda una lucha para ingresar a las salas de juicio, en casos como el de los líderes campesinos Medardo Mairena, Pedro Mena, Lenert Fonseca y Fredy Navas. Teníamos que estar atentos de quién llevaban a los juzgados, haciendo turnos incluso sábados y domingos.

LUEGO DE UN AÑO QUE TRABAJARON CON GRAN IMPACTO DESDE LA DEFENSA DE LOS DERECHOS DE LAS VÍCTIMAS DE LA REPRESIÓN ¿POR QUÉ SU SEPARACIÓN DEL EQUIPO DE CPDH?

Mi trabajo fue permanente, pero luego Carmona habló de contrato por servicios profesionales. Esas situaciones me generaron inquietudes que me hicieron tomar decisiones, junto a esto algo más que se estaba generando y es que coordinaba con el equipo de prensa las conferencias sobre la temática, pero aconteció que no me daban la autorización y para mí denunciar los casos es importante.

CON SU SALIDA DE CPDH ¿EL PROYECTO DE DEFENSORÍA DEL PUEBLO CON UN GRUPO DE ABOGADOS ES SU NUEVA META?

Esa vivencia personal es lo que hace diferente el trabajo y mis valores como la ética y la dignidad, esa es mi pasión. Esta se cimentó durante mis estudios en el Seminario, donde entre mis docentes estuvo monseñor Abelardo Mata, que me impartía Sagradas Escrituras. Él es una persona que transmite principios, es de esa gente que no tiene miedo de decir lo que siente ym busco seguir ese ejemplo. Otro profesor fue Oswaldo Mondragón, que a sus alumnos inculcó los sentimientos de vocación, esfuerzo y servicio. La lucha en la búsqueda de la justicia no tiene que ver con siglas de organizaciones, sino con la dedicación del funcionario, prescindiendo de los interese materiales o personales.