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Dueños de pequeños negocios o estudiantes de Medicina han tenido que buscar refugio en Panamá, luego de participar en las protestas sociales antigubernamentales iniciadas en abril de 2018. Sin embargo, el exilio significa pobreza, zozobra ante la posible deportación, la falta de permisos de trabajo y estudios que les permitan mejorar su calidad de vida.

El manifestante de iniciales D.C., de 27 años, conocido en las protestas antigubernamentales de Carazo como “Cosmos”, es un estudiante de último año de Odontología, de una de las universidades públicas de Nicaragua, quien desde el 21 de junio de 2018 está en Panamá.

“Cosmos” tuvo que salir de Nicaragua, luego de participar en las marchas antigubernamentales y curar heridos de los tranques del departamento de Carazo, junto a sus dos hijos y esposa.

“Salí de mi país porque ya no podía estar allá, el asedio y las amenazas ya no eran vida para mí y para mi familia. Estar allá (en Nicaragua) significaba muerte o cárcel, sin embargo, el exilio ha sido bastante complicado, triste a la vez porque no tenemos el respaldo de ningún gobierno, de ninguna institución, de ninguna oenegé, con el documento de solicitud de refugio no tenemos derecho a trabajar. Ya casi tengo el año de estarlo pidiendo (el refugio) y no me lo han dado, no puedo ni trabajar y tampoco terminar mis estudios de Odontología, mis hijos no pueden estudiar, porque si no tenemos papeles para trabajar con lo poco que podemos reunir de dinero para comer, no nos permite costear todo lo que te piden en estas escuelas”, pormenorizó el estudiante.

Aunque en la página del Ministerio de Gobernación de Panamá aparece que todo solicitante de refugio tiene derecho a la salud, educación y vivienda, la realidad que viven los nicaragüenses que han buscado refugio en ese país es que no tienen ni educación y menos vivienda, asegura la coordinadora del Movimiento 19 de Abril Alvarito Conrado de Panamá, Georgina P.

El estudiante de Odontología actualmente duerme en una bodega junto a su esposa y sus dos hijos, vive de la recolección y venta de residuos reciclables.

R.A.A.T. conocido como Repsol . Cortesía/END

“Vivimos en una bodega, ahí nos dan donde dormir, pero tenemos que salir temprano de ahí y entrar noche. Mi esposa y yo somos el sustento de la familia, nos ganamos la vida vendiendo chatarra y limpiando casas. Me convertí de cirujano a chatarrero, porque aquí no puedo trabajar como odontólogo, no me permiten terminar mi carrera, solo me faltaba el último año, pero ellos piden que les dé mis papeles y la universidad jamás me daría los registros porque protesté contra el Gobierno y apoyé con mis conocimientos en Medicina, entonces, te permiten quedarte, pero no hay condiciones para estudiar y trabajar”.

Las historias se repiten, R.A.A.T., de 29 años, conocido como “Repsol” dentro de las protestas sociales en Nicaragua, salió al exilio desde el 28 de julio del año pasado junto a su esposa y sus niños, de 2, 5 y 6 años.

“Repsol” en Nicaragua era dueño de un taller de mecánica y vivía detrás de la Universidad Politécnica (Upoli). Este joven se unió a las protestas sociales el 19 de abril, posteriormente, a finales del mismo mes, cuando los universitarios se atrincheraron en la Upoli, decidió empezar a llevar víveres a los estudiantes.

“El 25 de abril me quedé atrincherado en la Upoli, fue una noche que no pudimos salir, estuve ahí casi hasta el final, eso me permitió ver cosas que se hicieron y dicen que no se hicieron y las que dicen que sí y no se hicieron. En el tercer piso de la Upoli sí hubo armas, pero no las introdujeron los estudiantes, eso lo hicieron las pandillas de los barrios aledaños, cuando vimos eso, muchos nos fuimos. Entonces, eso me permitió estar en otras trincheras, tales como la del barrio San Juan de Masaya, en las protestas de la UNI y en la UNAN-Managua”, explicó R.A.A.T. 

“Repsol” fue baleado el 28 de mayo, durante uno de los ataques en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI). “Me balearon unos policías que nos salieron en lo oscuro, ese día nos fuimos por la noche a reforzar a nuestros compañeros de la UNI, entonces recibí una bala en el brazo izquierdo, después de un año, tres de mis dedos no tienen buena movilidad, no los siento, perdí el tacto”, relató el mecánico de oficio, que para llegar hasta Panamá tuvo que vender su camioneta de trabajo y sus herramientas. 

El manifestante salió de Nicaragua el 19 de julio. A “Repsol”, seudónimo que sus compañeros de protestas le colocaron el nombre del modelo de motocicleta que usaba para trasladar a los heridos, lo motivó irse del país el ataque que sufrieron los estudiantes de la UNAN-Managua, el 13 y 14 de julio del año pasado, además de una persecución que le dieron sujetos armados no identificados.

“Me vine de Nicaragua porque allá me podían apresar o matar. En Costa Rica solo me quedé una semana y me vine a Panamá. Hice la solicitud de refugio desde hace ya casi un año y no me han dado respuestas, solo tengo ese papel de solicitud, mis hijos ni siquiera pueden estudiar y yo no puedo trabajar, por no tener papeles me han explotado laboralmente, le trabajé a un señor que prometió pagarme y no me dio nada, uno tiene que buscar cómo sobrevivir porque no hay ninguna organización que te ayude, ni refugio, nada, solo nos dan consejos, pero no hay vivienda, ni salud y menos educación. Nos reciben, pero si no tenés trabajo cómo te vas a mantener. Sentimos que Panamá no nos está apoyando, más bien sentimos un rechazo”, lamentó “Repsol”.

 

“Repsol” ha tenido que rodar junto con su esposa y sus tres niños en las calles de Panamá. En tres ocasiones lo han corrido de las viviendas que alquila porque el dinero que logra conseguir, de trabajos mal remunerados, solo le alcanza para alimentar a sus hijos. Actualmente, viven en la casa de un hombre al que “Repsol” le hace trabajos, bajo la condición de que cuando tengan dónde irse lo haga.

La coordinadora del Movimiento 19 Abril de Panamá, quien también es solicitante de refugio, explicó que casos como estos en el país canalero hay docenas, pues considera que el Gobierno de Panamá les ha “cerrado las puertas”.

“Nosotros como exilados no tenemos algo que nos haga constar que tenemos condición de refugiados, solo tenemos una hoja de papel que dice ‘solicitante de refugio’, lo cual solo nos sirve para que no nos deporten, sin embargo, siempre hay casos en los que se le presenta el papel a la Policía de Panamá y nos dicen que no tienen conocimiento y se nos lleva a las cárceles, las que ellos les dicen albergues”, apuntó Georgina P.

Recientemente, el joven José Isaac Duarte iba a ser deportado por el Gobierno de Panamá, sin embargo, la presión internacional logró que la orden fuera revocada y se le permitiera aplicar nuevamente a la solicitud de refugio.

En un comunicado de prensa del 21 de mayo de 2019 de la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur) exponen datos de que en Panamá hay más de 16,000 personas refugiadas y solicitantes del estatus de refugiado. Entre la mayoría de las personas refugiadas y solicitantes están los provenientes de países en América Latina, tales como: Colombia, Venezuela, Nicaragua y El Salvador.

Asimismo, refieren que, según las cifras del Instituto Nacional de Estadísticas y Censos de Panamá, en el país canalero hay aproximadamente 422,000 migrantes que, en su mayoría, provienen de países como Colombia, Venezuela y Nicaragua.

La petición de estos solicitantes de refugio es que el Gobierno de Panamá les brinde el refugio o el permiso para laborar, pues consideran que el hecho de que les permitan ingresar al país no es suficiente si no tienen un trabajo con el que puedan conseguir ingresos que les permitan tener vivienda, comida y educación para sus hijos.

“No basta con que nos dejen entrar, necesitamos poder trabajar sin el temor que Migración nos deporte, no solo necesitamos de su voto en la OEA cuando se aborda el tema sobre Nicaragua, queremos trabajar para que nuestras familias puedan comer, puedan estudiar y tener un techo donde vivir mientras podemos regresar a Nicaragua”, solicitó “Repsol”. 

Giorgina P. agregó que también urgen que las instituciones del Gobierno de Panamá hagan su trabajo para apoyar a los solicitantes de refugio y que los organismos internacionales presten atención a la situación de los nicaragüenses que buscan refugio en el país canalero, pues la mayoría vive precariamente con sus familias y están decepcionados ante la desatención internacional.

La sede de Acnur en Panamá, al ser consultado por El Nuevo Diario sobre su trabajo en ese país con los refugiados nicaragüenses, afirmó que su trabajo es dar “orientación a todas las personas que lo solicitan y mantienen contacto directo con la población refugiada y solicitante, así como a través de sus socios que brindan orientación y asistencia”.

Acnur explicó que el Estado de Panamá “no ha adoptado ninguna medida especial con la población nicaragüense en particular. Como el resto de la población solicitante, pueden acceder al procedimiento de asilo y que su caso sea evaluado, así como tener acceso a los derechos que la ley les confiere”.