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La estudiante belga-nicaragüense Amaya Coppens, una de las dirigentes liberadas este martes bajo una ley de amnistía, afirmó al llegar a su casa en la ciudad de Estelí que no cometió ningún delito y rechazó el perdón de las autoridades.

"No aceptamos la amnistía porque no estamos pidiendo perdón por nada. Nosotros no cometimos ningún delito. Al contrario, son ellos (el Gobierno) los que han cometido crímenes de lesa humanidad y los que deberían estar preocupados", declaró Coppens.

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"Seguimos pidiendo justicia y democracia, no olvidamos a todos y cada uno de los muertos, a Eddy Montes (muerto por disparo en la prisión el 16 de mayo) y vamos a seguir luchando para que haya realmente justicia en Nicaragua", sostuvo visiblemente emocionada.

Coppens llegó a la ciudad de Estelí de donde es originaria, horas después de que fue liberada en la cárcel La Esperanza, localizada al norte de Managua, junto a otros 55 opositores al Gobierno.

Decenas de vecinos y amigos le dieron la bienvenida. También la esperaban su madre Tamara Zamora y su padre de nacionalidad belga, Federico Coppens.

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"No tenemos miedo", "Sí se pudo" y "Justicia" coreaban decenas de amigos, mientras conductores de vehículos sonaban bocinas al pasar frente a la casa, donde espontáneamente se realizó un mitin.

La joven de 24 años, uno de los rostros visibles de las protestas antigubernamentales de 2018, fue apresada el 10 de septiembre en la ciudad de León, donde realizaba sus estudios de medicina en la Universidad Nacional Autónoma (UNAN-León), y fue acusada de terrorismo.

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La crisis política, desatada por protestas contra una reforma a la seguridad social, derivó en una demanda de renuncia del Gobierno.

Organismos humanitarios estiman que 325 personas murieron por la represión a las protestas, 2,000 resultaron heridas y 62,500 salieron al exilio.