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Auxiliadora del Socorro Cardoze, de 35 años, llegó a recoger el cuerpo de su marido tirado en una calle de Masaya, víctima de un balazo disparado por parapolicías durante un ataque a las barricadas de los manifestantes, el 19 de junio de 2018.

La mujer afirma que 6 meses después de la muerte de su esposo, recibió una citación de la Policía porque supuestamente querían investigar.

En la estación la atendió una teniente de la Policía. Le preguntó si quería que la muerte de su esposo fuera investigada y Auxiliadora respondió que sí, pero también les dijo que a Mayorga lo mataron parapolicías y policías. Entonces, la teniente le preguntó con sarcasmo si ella era investigadora.

La oficial le explicó después que había dos hipótesis sobre la muerte de Marcelo Mayorga, una que alguien lo mató por viejas rencillas y la otra que un enamorado de ella lo asesinó por despecho.

¿Qué ha sido lo más difícil?

Ser escuchada o esconderme para poder ser escuchada.

¿Cómo así?

Porque no voy a ir a la Fiscalía.

Cardoze muestra la gorra con el orificio de la bala que mató a su esposo, un protestante que solo portaba una tiradora. Óscar Sánchez/END

¿Intentó ir?

Sí. De hecho ellos vinieron a mí. Como a los 2 meses de su asesinato. Se presentaron con la desfachatez que ellos querían apoyarme, escuchar mi versión, pero trataban de tapar lo que había sucedido. Vinieron muy amablemente dos personas. Ellos me preguntaron que si yo quería poner una acusación y les dije que sí y que estaba muy consciente de acusar a la Policía, paramilitares y directamente al Gobierno. Ellos me dijeron que no tenía pruebas, que cómo sabía eso y entonces les mostré las fotos (del asesinato). Me empezaron a juzgar, a criticar; por qué decís esto y aquello. Les mostré la foto donde está tirado el cuerpo de mi marido, les mostré videos, que gracias a Dios los chavalos grabaron todo, el momento en que él cae y lo arrastran. La visita duró como media hora.

¿Qué le dijeron de las pruebas?

La expresión de las dos personas que vinieron fue que, ‘no podemos continuar juzgándola’. Quedaron asombradas de todas las pruebas que existían, pero dieron la vuelta y se fueron. Yo firmé la denuncia, pero desde ese momento les dije que iba a seguir exigiendo justicia.

¿Le dijeron que iban a regresar?

No, solamente se despidieron con un adiós, nos vemos, gracias. Es hasta la fecha y no han vuelto.

¿Fue después a la fiscalía?

No, porque ya estaba el precedente (la visita de los fiscales). Sé muy bien que el Gobierno jamás va a hacer nada en contra de ellos mismos. No miré necesario tener que ir a la Fiscalía. Incluso, la Policía me citó en dos ocasiones y fui. La primer vez como algo investigativo, querían saber quién era yo y otros detalles. En una segunda ocasión me dijeron que querían abrir una investigación sobre el asesinato de mi marido.

¿Eso ocurrió cuántos meses después del crimen?

La segunda cita fue como el 7 de diciembre y la primera en octubre. En la segunda cita ellos querían ampliar las circunstancias de la muerte de mi marido, a lo cual yo les pregunté quién lo había solicitado y me dijeron que una persona había puesto una denuncia. Entonces, les dije por qué esa persona, si su esposa era yo. Me alegaron que pueden poner una denuncia de cualquier cosa y que tienen que investigarla. Entonces me preguntaron que si iban a seguir con la investigación y les dije que ellos como institución podían hacerlo, sin necesidad de preguntarme, pero también les dije que estaba muy clara de lo que había visto y quiénes andaban las armas.

¿Qué más le preguntaron?

Que fuera con ellos al lugar donde lo mataron para hacer el croquis y les dije que no y que yo sabía muy bien quién lo había matado y de dónde venían los disparos. Entonces, una mujer policía me dijo que si yo era investigadora, a lo que contesté que no, que por lógica y por la posición en que mi marido murió, saqué la cuenta. Me cuestionó mucho.

Supongo que usted le dijo que fueron los mismos civiles armados junto con la policía quienes lo mataron.

Sí, y me preguntaron cómo yo tenía pruebas. Les respondí que llegué a recoger el cadáver de mi esposo y quienes a mí me apuntaban con un arma eran paramilitares y policías. Porque en una de sus hipótesis ellos hablan que alguien en venganza por un pleito viejo le disparó a mi marido. Había otras hipótesis, entre ellas una muy ofensiva, al decir que un enamorado mío, en venganza porque no pudo estar conmigo, le disparó y lo mató. Yo le dije que me disculpara pero era muy ofensiva su hipótesis porque para yo haber tenido un querido, lo hago en mi casa y no lo mando a matar. Eso me lo dijo una policía mujer, una teniente. Al final me dijo que iba a firmarle un papel redacto por mí, donde yo no quiero una investigación. Le respondí que yo no dije que no quiero una investigación, yo te dije que estoy muy clara de lo que vi. Les escribí: —Yo Auxiliadora Cardoze le permito a la Policía hacer cualquier investigación que vean necesaria sobre el caso de mi marido, pero haciéndole contar que tengo plena claridad quienes dispararon y por qué lo hicieron—. Hasta el día de hoy no han vuelto.

¿Cómo se enteró que Marcelo fue asesinado?

Por las redes, alguien publicó la foto del cuerpo. En ese momento lo que más te servían eran las redes. Aquí en Masaya había grupos en redes sociales. Alguien publicó una foto de mi marido en el suelo. Esa foto decía Marcelo Cailagua. Nosotros vivimos en un reparto que llaman El Cailagua y tenía que buscar algo para identificar a la persona y el que lo publicó se acordó que lo había conocido aquí y le puso Marcelo Cailagua. Cuando miré el cuerpo supe que era mi esposo. Yo lo vi salir de mi casa, sabía que ropa llevaba, la mochila que llevaba.

¿Qué fue lo último que hizo Marcelo antes de irse a las barricadas?

Le dio un beso a su hijo mayor y dijo que le dejaba hecho el desayuno. Al chiquito le dijo que lo amaba y a mí que ya vuelvo, pero días antes hablamos y me dijo que si le tocaba morir antes que a mí, que lo enterrara con su madre, que le echará una botella de guaro y que le tocara “La Bajada” (música que se toca durante las fiestas de San Jerónimo). Y eso se hizo, el día del entierro se llevaron chicheros, se le echó su botella de guaro y se enterró al lado de su madre.

¿Qué ha hecho en todo un año?

La vida me cambió totalmente. No he dejado de exigir justicia. Ahora tengo que ser madre y padre. Al aprender a usar el rol de padre, empiezas a escuchar cosas que como hijos varones solo se la decían a él. Mi hijo mayor ha tomado el rol de una persona adulta, no trabaja, pero el simple hecho de hacerse cargo del hermanito e irlo a dejar a traer al colegio, cosas que hacía su papá, cuyo rol como padre fue bueno.