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Por segundos, el padre Mario Guevara mantuvo su mirada sobre el bolso que una mujer dejó sobre una banca en la catedral de Managua. Luego, desvió los ojos y se concentró en la persona que iba a confesar.

Durante la siguiente hora, bajo una imagen de San Miguel Arcángel, el sacerdote estuvo confesando a varios fieles, dando consejos y reflexionando.

A la última persona que escuchó es la rusa Elis Leonidovna Gonn, quien aquella tarde del 5 de diciembre vestía una camiseta negra y, fuera de confesión, le dijo que quería suicidarse.

Guevara, de 57 años, recuerda que le aconsejó olvidar la idea del suicidio y que viviera con más ganas por su hija.

Al terminar se despidió, dio media vuelta y comenzó a caminar, dando la espalda a la rusa por poquísimos segundos, pero los suficientes para que la mujer tomara aquel bolso que había dejado sobre la banca, sacara un recipiente, lo destapara y le lanzara el ácido al sacerdote.

“Sentí que era como agua hirviendo”, relata seis meses después el padre Guevara, fuera de peligro tras el atentado.

¿En qué momento ve usted a la mujer que lo roció con ácido?

En el momento que estoy confesando al seminarista miré que se apareció una muchacha de frente a donde yo estaba, volviendo a ver para todos lados y después me quedó viendo fijamente, pensé que de seguro esa persona andaba buscando confesión.

Confesé al joven seminarista y luego se me acercó la muchacha (la rusa) y me preguntó que si estaba confesando, le dije que sí. En la misma banca, frente a San Miguel Arcángel, le dije que se sentara para confesarla. Se confesó como toda persona normal, ahí no miré ninguna actitud mala, simplemente que su mirada la tenía fija en el piso, otras veces miré que no parpadeaba, le notaba que no tenía un acento nica. ‘O es portugués o es rusa’, dije.

En el rostro del padre Mario Guevara se ven las secuelas del ataque con ácido. Isidro Hernádez/END

¿Cambió la actitud de la mujer después de la confesión, qué le dijo ella?

Después de la confesión me dijo que quería un consejo, le di el consejo, se levantó y dio la vuelta. Antes de eso, cuando estaba confesando al seminarista, había visto que ella había entrado con un bolso por la puerta lateral y lo había dejado en la esquina de una banca, no le di tanta importancia a ese bolso después.

¿Cuál era ese consejo?

Ella a mí me había dicho, fuera de confesión, que quería quitarse la vida porque su esposo la había dejado, yo le decía que no existía la primer madre soltera, que existían muchísimas que crían a sus hijos, le decía que esa niña esperaba mucho de ella, eso es lo que le iba dar más sentido a su vida, le decía que tenía por quién vivir, por quién trabajar.

Ellis Leonidowna Gonn fue sentenciada a 8 años de prisión. Archivo/END

¿Cómo fue ese momento cuando la rusa le tira el ácido?

Cuando terminé de confesarla a ella, vino un señor de los movimientos de catedral (grupos) a pedirme que también lo confesara, él me pidió que fuera en los confesionarios como habitualmente lo hacía. Caminamos por el centro de catedral y a medida que voy caminando, un muchacho traía una caja en la mano y me dijo ‘padre, quiero que me bendiga esta imagen de la Purísima y unos llaveros’, cuando él saca la imagen y los llaveros, ni siquiera los pude bendecir porque en ese momento sentí algo que me caía en la espalda, como agua hirviendo.

Allí empecé a pegar gritos, porque aquello fue algo terrorífico, me impactó tanto. Cuando vuelvo la mirada hacia atrás para ver quién había hecho eso, miré que era la mujer a la que había confesado, solo pensé en ese momento que por qué ahora pasaba eso. Miré que ella quedó estática, con una botella plástica en sus manos, y se quedó sin decir nada; me caí en ese momento y me agarraron entre dos personas, unas mujeres me rodearon y llevaron a la sacristía para quitarme la ropa y echarme agua helada.

¿Pensó que las quemaduras tendrían todo ese efecto que causaron?

No, pensé que tal vez se iban a curar con facilidad, no sabía yo que había sido ese tipo de líquido que me habían echado, me di cuenta hasta cuando estábamos en el hospital, cuando el médico comenzó a observar las quemaduras.

Simplemente pensaba que por qué había sido (atacado), porque yo no tengo enemigos, eso era terrible, había dolor y había ardor.

Mario Guevara dice que su fe es más fuerte ahora que antes. Isidro Hernádez/ENDMe sentí físicamente mal, pero emocionalmente me sentí bien porque tenía acompañamiento de los demás sacerdotes que se dieron cuenta de lo que había sucedido, de mi familia, sobretodo que se dieron cuenta por medio de las noticias en la televisión, se dejaron ir para el hospital. No sentí que se me desgarrara la piel, porque después me inyectaron para el dolor, no sentí nada más que un pequeño ardor en el ojo izquierdo, donde me había caído una gotita de ácido, si hubiera sido más grande el doctor me dijo que posiblemente hubiera perdido el ojo.

Era complicado lidiar con las quemaduras y sus problemas de diabetes ¿Qué acciones tomaron los médicos?

En ese momento estaba con la presión alta, había ido al hospital antes del incidente para chequearme, porque me estaba afectando los riñones, se estaban mezclando las dos cosas, inmediatamente en el hospital tomaron cartas en el asunto, el cirujano plástico miraba las quemaduras y los otros médicos la parte de la diabetes, controlaban dos cosas a la vez, difícil. El trabajo que hicieron ellos fue excelente, pero sobre todo la gracia de Dios, Él estaba conmigo en ese momento.

¿Cuál era su estado de salud, le aseguraban la vida?

A las 2 semanas, a mis hermanos les dijeron los doctores que yo no tenía muchas probabilidades de vida por la gravedad en que estaba, le dije al Señor que si me iba a morir, pues estaba en las manos de él, no tengo enemigos, no tengo temor ni rencor para esa persona, quizá ella estaba drogada. Sufrí con paciencia, una de las cosas es esa, aunque sufrir con paciencia no es fácil porque normalmente nos llenamos de enojo, de reclamos y de reproches y muchas veces hacia Dios mismo le decimos que por qué nos pasó eso, que por qué quizá Dios no estaba de mi lado en ese momento. Yo no podía reprocharle nada a Dios, no podía cuestionarlo si sucedieron las cosas de esa manera, decía que si realmente me iba a morir, pues estoy listo. Sucedieron las cosas, que no fue nada fácil estar postrado en una cama con dolor y ardor, de tanto medicamento me dolía el estómago, habían carreras de doctores y enfermeras por todos lados.

¿Qué le diría a Elis Leonidovna Gonn si se le diera la oportunidad de verla?

Le preguntaría que si es que estaba enojada al hacer eso. En mi corazón no existe rencor ni odio hacia ella, no la conozco. Solo la vi, pero me gustaría conocerla, cuando fui a la Fiscalía me dijeron, cuando iba a declarar, que a ella la iban a tener detrás de una pared de madera, para que yo no la mirara, aunque en ese momento no me interesaba verla, solo quería dar mi declaración de cómo habían sucedido los hechos.

¿Considera que el incidente hacia su humanidad es parte de los ataques hacia la Iglesia católica en el contexto de la crisis del país?

Todas estas cosas han sido producto de los malestares sociales que se hemos traído al país, todo el problema sociopolítico que estamos viviendo, pero no le doy la culpa ni a uno ni otro, son secuelas de las situaciones conflictivas que vivimos en el país. Aquí, así como han habido muchos muertos inocentes, así como otros que han sufrido cárceles, vejámenes, injurias y calumnias. Yo digo que mejor que nadie, Dios es el que sabe las cosas y Dios es el que hace justicia, esto lo he asumido de una manera muy personal y tranquila, porque no me voy a complicar la vida deseándole el mal a esa persona. El odio es como una polilla en el ser humano, por eso no existe odio en mí.

En medio de la recuperación ¿Qué actividades religiosas está realizando?

Desde ya hace unos meses he estado haciendo confesiones, a personas que vienen y me conocen y que me piden que los confiese lo hago, donde estoy sentado y si alguien viene pues lo confieso. Gracias a la gente que ora me he podido recuperar también en este proceso, gente que está pendiente desde el extranjero, mucha gente, agradezco a todos los sacerdotes y religiosas por acompañarme, aunque falta para estar completamente recuperado. Lenta pero segura mi recuperación, todo es un proceso, aunque sea lento y doloroso. Nunca presentí ese ataque, la gracia de Dios me acompaña, siempre en mis oraciones me encomiendo a San Miguel Arcángel, el intercedió por mi sanación.

Elis Leonidovna fue arrestada en la catedral de Managua.Archivo/END

¿Antes del atentado, qué tipo de amenazas había recibido?

En este tiempo no había recibido amenazas, en otros tiempos sí. Cuando inicié mi ministerio sacerdotal en San Rafael del Sur, algunas personas, que no eran muy aceptadas en aquellos momentos de los años 90, en momentos de transición, recibía amenazas de muerte por telefonía convencional, recibía llamadas diciéndome que al día siguiente no iba a amanecer, que me diera por muerto y eso porque en San Rafael del Sur habían personas somocistas que ponían en algunas intenciones de las misas a la familia Somoza, decían que cómo era posible que yo le hiciera misa a un criminal y asesino; entonces les decía que la hacía para pedir por la salvación de las almas.

¿Qué piensa de la situación que vive Nicaragua?

Es muy difícil y compleja, y a como decía su Eminencia, Cardenal (Leopoldo) Brenes, hay que orar mucho por la paz de Nicaragua, sobre todo para que haya una verdadera conversión, no una conversión de palabras, sino de hechos concretos y de obras donde se vea realmente que hay un cambio que no sea solo de puras estructuras sociales, sino un cambio de mentalidades donde se sienta que hay verdadera paz, donde podamos caminar libremente por la calle, donde podamos expresar el sentir, pero hay que ser prudentes. Creo que cuando comprendemos y meditamos bien, la justicia divina es muy diferente a como cuando queremos impartir la justicia humana, por eso pido mucho que oremos