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“Oramos por nuestros perseguidores”, afirma el padre Raúl Zamora. “Siempre hay una capacidad de cambiar y de reconocer las culpas y de volver a empezar la vida… Sería algo maravilloso que se reconocieran los errores, que hubiera auténtica justicia”.

El sacerdote comparte con El Nuevo Diario sus reflexiones sobre la experiencia difícil que vivió hace un año, los días 13 y 14 de julio de 2018, cuando su parroquia fue atacada a balazos por civiles armados y encapuchados. Confiesa su deseo de que “las personas que han cometido cosas graves, ellos mismos recapacitaran y ellos mismos vieran cómo reparar la situación, aunque es muy difícil reparar una vida humana, pero, por lo menos reconocer y empezar un proceso de sanación en la sociedad nicaragüense”.

¿Por qué usted se arriesgó para ir a rescatar a los estudiantes bajo ataque en la unan, la tarde del 13 de julio?

De hecho, yo había estado con ellos mucho atrás en pastoral, porque ahí había una comunidad bastante grande de muchachos católicos y creyentes. También, yo había tenido un contacto muy cercano con la universidad y con los universitarios, entonces conocía un poco de ellos. Además, me unía como sacerdote que se acercaba a ellos y, por supuesto, está el elemento de fe y lo que nosotros hemos decidido es estar al lado de los que sufren; en este caso, de los que son víctimas, si fuesen de un lado o del otro, nosotros siempre estaríamos del lado del que sufre. Sentí un llamado también, del mismo señor, y me fortaleció para ir. Ahora, viendo atrás, es algo que no se puede explicar, sentí muy cerca al señor y la convicción de querer ayudar.

¿Cómo describiría la agresión armada a la Iglesia Divina Misericordia?

Estábamos esperando que sucediera algo, pero no de esas dimensiones, porque yo pensé que no iba a ser un ataque así grande contra una iglesia, pensé que quizás llamando a los muchachos para acá se iba a prevenir un ataque. Para mí, fue sorpresivo y muy triste que atacaran directamente a un templo, porque me imagino que dentro de los que estaban atacando habrá muchos que tenían un poquito de fe y de creencia, por lo menos desde sus abuelitos, sus mamás que le inculcaron eso; y disparar contra un signo de fe y precisamente el sagrario que recibió balazos y otras imágenes religiosas, me imagino que ha de haber causado algún tipo de reacción interna.

“Oramos por nuestros perseguidores”, afirma el padre Raúl Zamora. Isidro Hernández/END

¿Cómo interpreta ese ataque, tomando en cuenta que los templos son sagrados y que una mayoría de nicaragüenses son católicos?

Vecinos me han dicho que había voces de personas que no eran nicaragüenses, que estaban dirigiendo muchas de estas cosas. Yo pienso que el nicaragüense en sí, en general somos muy creyentes, incluso dentro de ellos mismos, de los que estaban atacando, hay algunos que no lo hicieron, no me atacaron. Por ejemplo, en la UNAN, cuando yo anduve ahí había un paramilitar que lo vi cara a cara y yo pensé que me iba a matar, sin embargo, no llamó a nadie, estuve cerca de él, me pudo haber atacado o hubiera llamado a otros paramilitares para atacarme, pero solo me quedó viendo, supo que era sacerdote. Otro de los paramilitares que estaba escondido por la barricada que estaba en la esquina de la iglesia, me dijo “¡Buenas noches, padre!”, cuando yo fui caminando hacia la ambulancia. Pienso que, dentro de ellos, no de todos, pero algunos no estaban muy convencidos de atacar una iglesia, creo yo que Dios les tocó el corazón y eso ayudó a que no hubiera una fatalidad mucho más grande.

¿Recibió alguna explicación de parte de las autoridades?

Es muy triste que no. Realmente, nosotros tenemos que asumir las responsabilidades. Yo pensé que iba a haber algún tipo de explicación de lo que sucedió, pero no fue así. Más bien se trató de minimizar y de ocultar, que no se pudo hacer porque era algo muy visible que dio la vuelta al mundo, prácticamente. Aquí estuvo con nosotros un periodista estadounidense, Joshua Partlow, y esa noche vivió todo eso entre las balas. Entonces, estas noticias agarraron bastante proporción a nivel internacional. Sin embargo, esperamos que más adelante tal vez exista alguna explicación, a veces la situación de la vida nos va cambiando, a veces estamos en un lugar, luego en otro, la vida da vueltas, uno hoy está arriba, después abajo. Esperamos que la misma vida haga recapacitar a las personas que hicieron estas cosas, también oramos para que haya esa conversión porque nosotros no queremos la muerte del pecador, dice la Biblia, sino que se arrepienta y pues nadie puede tirar la primera piedra, pero sí esperamos esos cambios.

Los jóvenes han dicho que vivieron momentos desesperantes, lloraban y pensaban que morirían. ¿Cómo fue eso? ¿Qué hizo usted para ayudarles?

Con algunos de ellos me fui en la camioneta y ahí pasamos momentos muy angustiantes. Recuerdo que uno fue Jonathan López, ese muchacho arriesgó su vida también para ir a salvar a muchos. Te lo menciono a él, porque con él fui a buscar al último que quedaba en la universidad y estaba herido en un pie. Cuando entramos, fue muy angustiante, nos emocionamos mucho tanto él como yo, y entre sollozos me dijo que tal vez ya no salíamos de ahí vivos, fueron momentos bien duros, pero logramos encontrar al muchacho a unos cuantos metros y pudimos salir gracias a Dios. También, cuando yo estuve con los muchachos en el piso en la casa cural, fue un momento bien angustiante, yo trataba de animarlos con palabras de fe; cuando nos cortaron la luz pensábamos que íbamos a morir, porque imaginamos que iban a entrar, a llevarnos presos. Los muchachos empezaron a llamar a sus familias despidiéndose, otros no podían porque la señal estaba caída. Sin embargo, hubo momentos de mucha fe, de mucha unión, confiamos mucho en Dios.

¿En qué momento usted sintió miedo?

El temor estaba ahí siempre presente, pensaba que podría perder la vida o que cualquiera podría perder la vida en ese momento. Lo que sí te puedo decir es que además de que había ese temor, había como un impulso de hacer eso. Un padre, Pedro Núñez, de Nueva Orleans, me dijo que eso que sentí era el Espíritu Santo y es cierto, hay algo que no se explica y ahora lo veo, y lo pongo como una obra de Dios.

¿Por qué cree que gente afín al gobierno ha agredido a sacerdotes, obispos y templos, desde Abril de 2018?

Creo que esto fue un movimiento que se levantó, un movimiento social que iba a suceder tarde o temprano, porque muchas personas no estaban siendo escuchadas, muchos sectores, más bien estaban siendo callados, entonces, era como una bomba de tiempo, pero gracias a Dios explotó de una forma que no era guerra, sino como un movimiento cívico. Sin embargo, cuando hay estos movimientos sociales uno trata de encontrar quien es el culpable, pero en realidad no hay, simplemente es un movimiento desordenado, social; en este caso no había una organización, simplemente las personas empezaron a reclamar sus derechos y se tenía que encontrar un chivo expiatorio, me imagino, y cayó sobre nosotros, sobre la Iglesia porque en un momento ellos mismos (el Gobierno) nos llamaron para ayudarles, cuando sintieron que no podían hacer más. Los obispos tomaron una decisión difícil porque ellos mismos sabían que esto podría perjudicar de alguna forma, no solo sus labores pastorales, sino, muchos aspectos de la Iglesia, pero lo hicieron por amor a la Iglesia y a Nicaragua. En ese momento (primer diálogo nacional) los obispos, quisieron que hubiese una escucha auténtica de todos los sectores y cuando los obispos plantearon una ruta, después, las cosas cambiaron cuando el Gobierno retomó el control y descartaron a la Iglesia. Como te decía al inicio, nosotros no estamos ni de un lado ni del otro. Ahorita, el que está de control puede ser víctima mañana y ahí estaremos nosotros también, para ayudar al que esté en peligro, ahí estaremos como Iglesia. Es lamentable que se lancen contra la Iglesia siendo ellos personas cristianas y de fe, y segundo viendo que nosotros como Iglesia hemos estado al lado de ellos.

¿Cuál es la posición de la iglesia ante este tipo de situaciones?

La situación de la Iglesia es la que ya veíamos nosotros en el Nuevo Testamento, en la que Jesús nos decía: ‘Van a sufrir persecuciones, van a estar detrás de ustedes’. Ya es algo que nosotros asumimos desde la fe, ya sabemos que por estar al lado del que sufre, por seguir al Señor, vamos a ser perseguidos, criticados, calumniados; todo esto ya lo dijo Jesús y nosotros estamos muy claros, sabemos que esto podría haber sucedido y puede suceder en cualquier momento y bajo cualquier situación, no solamente en este contexto político social, sino en otros contextos nos puede pasar lo mismo.

Si usted tuviera la oportunidad de hablar con uno de los armados que esa noche disparó contra la Iglesia, ¿Qué le diría?

Como pastores, lo que tenemos que hacer siempre es un llamado al cambio, a la conversión; entonces, oramos por nuestros perseguidores, dice el evangelio y nosotros sabemos que, aunque pueda haber mucha oscuridad y mucha violencia en el corazón del ser humano, siempre hay una capacidad de cambiar y de reconocer las culpas y de volver a empezar la vida. Eso es lo que nosotros creemos, nos pasa a todos y creo que en ese sentido sería algo maravilloso que se reconocieran los errores, que hubiera auténtica justicia, que las personas que han cometido cosas graves, ellos mismos recapacitaran y ellos mismos vieran cómo reparar la situación, aunque es muy difícil reparar una vida humana, pero, por lo menos reconocer y empezar un proceso de sanación en la sociedad nicaragüense. Lamentablemente, lo que se ha tratado de hacer es ocultar esas heridas, que no se hagan públicas, no reconocer las cosas malas que se han cometido, todo se parcializa a un lado o al otro, tenemos que aprender a dialogar entre nosotros mismos y e
ncontrar caminos de auténtica paz y justicia.

El gobierno dijo después que los estudiantes tenían fusiles y otras armas de fuego. ¿Qué armas recuerda haber visto en manos de los manifestantes?

La mayoría de ellos, incluso en la iglesia, andaban morteros, pero también se agregaron otros que yo no sabía de dónde vinieron, eran otras personas que incluso en esta parte de la barricada que habían levantado en la esquina de la iglesia estuvo bajo el control de los estudiantes y estuvo todo tranquilo y eran muy obedientes cuando yo les decía que bajaran sus morteros; pero después otras personas tomaron el control y había gente armada que no sé de donde vinieron, ni los muchachos sabían de dónde venían esas personas que se veían bastante violentos. Aquí hubo una mezcla de cosas así, obviamente, eso es lo oscuro del ser humano y debemos de ver en sí que la violencia genera más violencia, a pesar de que estos jóvenes era lo que no querían, más violencia.

¿Qué le gustaría que cambiara en Nicaragua?

Que cambiemos nosotros, porque Nicaragua es una tierra linda, nuestra tierra es maravillosa, es abundante, Dios nos ha bendecido con una tierra fértil, lástima que nosotros sus hijos a veces somos muy malos. No estoy apuntando a uno u otro, todos nosotros debemos tener un cambio de actitud. Por eso, los cambios no son rápidos, los cambios son lentos y yo lo que estoy viendo es algo muy positivo en el nicaragüense, muchos se me han acercado y han dicho que están buscando más a Dios porque hasta los no creyentes estuvieron muy cerca de nosotros. El mal histórico ha sido que siempre nos centramos en el poder, en las riquezas y cada quien quiere más bien llevar agua para su molino y se olvida del resto, pero lo que debemos tener es un cambio de mentalidad, en el cual ya no estén las riquezas en el centro, sino el ser humano.