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Entre las buenas obras del sandinismo, en el período de 1979 a 1990, están “haber derrocado a Somoza y haber bajado el nivel de analfabetismo”, dice Carlos Castro Jo, quien fue miembro del Comité Regional del Frente Sandinista (FSLN) en Bluefields y salió a estudiar a EE.UU. en 1988.

Sobre los problemas del FSLN en la década de 1980, señala “la corrupción y la falta de libertad y democracia”, concluyendo que “todos estos errores al final destruyeron la revolución”.

Castro, quien tiene un doctorado en Sociología por la Universidad de Oregón y es catedrático en el Clark College en Vancouver, Washington, acaba de publicar el libro “La democracia en el pensamiento de Sandino, Chamorro y Fonseca”.

Cuatro décadas después del triunfo de la revolución sandinista, Castro ha estudiado el pensamiento de Sandino y asegura que este “era un liberal social” y creía en la separación de poderes, la libertad de expresión y el Estado de derecho.

Castro, quien tiene un doctorado en Sociología por la Universidad de Oregón y es catedrático en el Clark College en Vancouver, Washington. Cortesía/END

Entre 1979 y 2019, ¿Cuáles han sido las posiciones o definiciones ideológicas más visibles del frente sandinista (FSLN)?

El FSLN, antes del segundo congreso de 1994, era un híbrido, casi como una coalición. Se decía que en los años 80 había un feudalismo burocrático porque cada dirigente hacía en su institución lo que creía conveniente. Unos dirigentes eran autoritarios y otros demócratas. Unos estaban a favor del mercado y otros de la estatización de la economía. Hay un libro sobre esa época que se titula justamente Nicaragua: la revolución enredada. A pesar de eso, había tendencias generales en los 80. La Dirección Nacional era el máximo órgano de dirección y sus decisiones se tenían que acatar. La mayoría de los miembros de la Dirección quería implementar el modelo cubano, un sistema marxista-leninista, el modelo que Stalin instaló en la Unión Soviética, que era estatista y autoritario. También habían sido influenciados por Carlos Fonseca, que no era dogmático, y algunos eran más pragmáticos que otros y tomaban en cuenta la realidad y la cultura del pueblo nicaragüense, que es anárquico y bien religioso. Otros eran más dogmáticos y querían ponerle una camisa de fuerza a la realidad y usaban su poder para poner en práctica sus ideas. Entonces, queríamos avanzar hacia el socialismo pero dábamos un paso adelante y después uno para atrás. Con la caída del muro de Berlín y la pérdida de las elecciones en 1990, algunos sandinistas que antes se quedaban callados comenzaron a decir que el sistema soviético no funcionaba y había que refundar el socialismo. Argumentaban que el estatismo y el autoritarismo no funcionaban; también propusieron que el FSLN se convirtiera en un partido moderno, democrático. Hubo un debate y se formaron facciones en el FSLN con distintos matices. En 1995 hubo una ruptura cuando un grupo de sandinistas se va a formar el Movimiento Renovador Sandinista (MRS). El FSLN se quedó en la línea autoritaria; el MRS apostó a la democracia y ya tuvo un relevo generacional, compite con el FSLN por la misma base social, pero no ha logrado crear un perfil capaz de atraerla, o de atraer a la mayoría de los nicaragüenses. Le llega a algunos sectores de la clase media pero esta es una minoría en Nicaragua. No tiene un discurso específico ni un programa claro para la pobretería, para el campesinado, para los obreros, para las comunidades étnicas e indígenas de la costa Caribe.

El FSLN se ha proclamado heredero de Augusto C Sandino. ¿Cómo definirías a Sandino en lo ideológico?

Las ideologías políticas o religiosas que lo influenciaron son todas libertarias. Lo influenciaron el constitucionalismo, el liberalismo, el anarquismo y la Escuela Magnético-Espiritual de Joaquín Trincado. La ideología que más lo influenció fue el liberalismo, la idea de que el individuo tiene derechos inalienables como el derecho a la vida, a la propiedad, a la libertad de manifestación, asociación, de prensa, etc. Sandino puso su lucha contra la intervención estadounidense en términos compatibles con el liberalismo. Dijo: “mientras exista intervención extranjera en Nicaragua, no existirán garantías de vidas ni de intereses”. Además, su concepción de cómo se debería estructurar el Estado nicaragüense para asegurar que se respetaran esos derechos era liberal. Él creía que debería existir separación de poderes, libertad de expresión y prensa, Estado de derecho. Estas instituciones vienen de John Locke y Montesquieu, no de Marx ni de Lenin. Creía en el contrato social y que el pueblo es el soberano. Él no luchó para imponer un caudillo en el poder; creía que las elecciones libres y honestas son las que expresan la voluntad del soberano. En una carta del 24 de mayo de 1927 llegó a decir: “Si Estados Unidos con buena fe ha intervenido en el país, proponemos como condición sine qua non para deponer nuestras armas, que asuma el poder un gobernante militar de los Estados Unidos, mientras se realicen las elecciones presidenciales, supervigiladas por ellos mismos”. Ahí se ve cuánta importancia le daba a las elecciones que hasta dijo, bueno, si Estados Unidos asegura elecciones libres, está bien que se quede hasta que se realicen. Pero él no era ni liberal clásico ni lo que se llama hoy un neoliberal, sino que era un liberal social, como se denomina hoy en el mundo angloparlante al liberalismo que usa al gobierno para corregir las fallas del mercado. Dado que en su lucha contra la intervención se sintió traicionado por las élites dominantes, él se alió con los sectores populares, el campesinado, los artesanos, los estudiantes. Para atraerlos tuvo que abandonar el discurso del individuo abstracto del liberalismo e incorporar en su discurso y praxis al individuo histórico y social. El manifiesto de San Albino es un ejemplo de eso, en él habla de liberalismo pero incorpora elementos de clase y raza, al decir que es pobre y de que pertenece a la raza indohispana. Sandino simpatizaba con ideas radicales pero no hizo propuestas específicas en ese sentido. “Eso tendremos que irlo estudiando más despacio”, le dijo a Ramón de Belausteguigoitia. No se sabe con certeza qué iba a hacer una vez que llegara la paz a Nicaragua, si iba a organizar un partido para participar en elecciones en el sistema democrático liberal que existía en el país o si iba a dedicarse a organizar cooperativas para esperar a que la gran explosión proletaria creara una comuna universal.

El FSLN también enarbola los ideales de Carlos Fonseca, su fundador. ¿Qué tipo de izquierdista era Fonseca?

A comienzo de los años 60, Carlos Fonseca dijo que no era marxista-leninista. A finales de los 60 ya se identificaba con el marxismo-leninismo. Su estadía en Cuba lo influenció y lo acercó al marxismo-leninismo. Pero Fonseca no era dogmático. Eso se puede ver en El programa histórico del FSLN que se elaboró en los años 60 y se publicó en 1969. En ese programa el FSLN no se propuso instalar un sistema marxista-leninista en Nicaragua. O sea, dijo que iba a respetar la propiedad privada y las libertades del individuo, pero con un poco más de control estatal. Cuando llegó al poder, el FSLN abandonó ese programa histórico. Es cierto que Carlos Fonseca era marxista, pero el marxismo para él era una teoría que debía cambiarse si no se ajustaba a la realidad. En sus escritos da a entender que creía que Nicaragua tenía que pasar por una etapa democrático-burguesa, que sería una etapa de transición al socialismo. También hay que recordar que murió tratando de democratizar al FSLN. Vino a escuchar a todos los militantes y dijo en sus últimos escritos que en el seno de una organización deben existir varios puntos de vista, debe haber debate. El militante no debe ser un borrego, que repite lo que le dicen los jefes, sino un ser pensante, debe tener criterio propio y debe tener la libertad para expresarlo.

El FSLN aprovechó el alzamiento popular tras el asesinato de Pedro Joaquín chamorro cardenal, para botar a Anastasio Somoza. ¿Quién era pedro Joaquín en lo político e ideológico?

El asesinato de Pedro Joaquín demostró a los nicaragüenses de esa época que Somoza Debayle no estaba dispuesto a entregar el poder pacíficamente, es decir, no estaba dispuesto a someterse a elecciones libres y honestas. El asesinato de Pedro Joaquín vino a confirmar la tesis del FSLN de que Somoza se iba a ir solo por la fuerza. Ahora, sobre la ideología de Pedro Joaquín, primero hay que decir que era bien religioso. El catolicismo fue su mayor influencia; y su concepción de lo que debería ser una revolución era diferente a la concepción de algunos marxistas de esa época que creían que la revolución eran solo los cambios estructurales. Pedro Joaquín creía que el individuo debía cambiar primero para que se eliminaran la corrupción, y la falta de empatía que puede llevar a la violación de los derechos humanos. Las dos ideologías que lo influencieron fueron la democracia cristiana y el republicanismo. La democracia cristiana está inspirada en la doctrina social de la Iglesia católica; estaba en contra del liberalismo y del marxismo porque decían que eran ideologías ateas y autoritarias. El republicanismo es una teoría de la libertad anterior al liberalismo. El republicanismo no cree que el individuo tiene derecho a todo, como, por ejemplo, a una total libertad de empresa, sino que los individuos y las empresas tienen una responsabilidad social. Aquí no puedo explicar todas las diferencias entre estas ideologías, pero, para un republicano el Estado es del pueblo, el Estado debe estar al servicio del pueblo. Algo interesante es que Pedro Joaquín predijo lo que pasó en los80. Él decía que las dictaduras capitalistas son las que producen dictaduras comunistas, que la democracia es la mejor cura contra el comunismo. Él sostenía la tesis de que si Somoza no hacía elecciones libres y honestas, los comunistas iban a salir ganando e iban a instalar una dictadura atea.

Cuarenta años después hay un alzamiento cívico en Nicaragua. ¿Qué diferencias ves entre los ideales de la revolución de 1979 y la insurrección de abril de 2018?

Hay dos fundamentales. Una, que este levantamiento es para construir un sistema democrático en Nicaragua. Ese no era el objetivo de la revolución de 1979. El FSLN no derrotó a Somoza para hacer una república democrática capitalista. En las palabras de Carlos Fonseca, que se citaban siempre en los años ochenta, se trataba “no de lograr un simple cambio de hombres en el poder, sino un cambio de sistema: el derrocamiento de las clases explotadoras y la victoria de las clases explotadas”. Ahora, si lo que dice la cita se logró o no, esa es otra pregunta. Pero, este levantamiento es para democratizar a Nicaragua. Dos, el levantamiento de abril no fue una insurrección armada como el de 1979, y hasta ahora se mantiene como una lucha pacífica. Aunque, hay que decir que la violencia que se dio durante el levantamiento debe ser investigada por un organismo independiente, para que se haga justicia. Como en Nicaragua ni la policía ni las cortes son independientes, no se puede esperar justicia de ellas. La mayoría de los casos de violencia ya han sido documentados por organismos internacionales, pero si se quiere hacer justicia, esos casos se pueden volver a investigar por un organismo independiente, eso es, independiente de la influencia de Estados Unidos, de la oposición y del FSLN.

La revolución sandinista inició el 19 de julio de 1979. ¿Cuándo concluyó?

Creo que hay que comenzar problematizando el nombre: revolución sandinista. ¿Hubo revolución? ¿Fue sandinista? Contestando la pregunta específicamente, eso nunca se va a resolver; unos dirán que hubo cambios fundamentales, es decir, revolución, y otros dirán que no. Todavía se debate, por ejemplo, la república conservadora de los años treinta o la revolución liberal de Zelaya. Yo creo que la revolución sandinista tuvo sus cosas buenas y sus cosas malas. Los proyectos de educación y salud, por ejemplo, son cosas buenas. En 1979, el nivel de analfabetismo era del 52%. No hay peor mal que se le puede hacer a un pueblo que mantenerlo en la ignorancia. De ahí, en parte, vienen los problemas de la década de los ochenta. Haber derrocado a Somoza y haber bajado el nivel de analfabetismo son buenas obras del sandinismo. Incluso, la resistencia a la dictadura de Daniel Ortega ha contado con la participación de muchos sandinistas, y se nota la influencia del sandinismo en las consignas (“Que se rinda tu madre”), en la música (“Que vivan los estudiantes”), en las tácticas, en la conciencia social. Esa es prueba de que la revolución tuvo una influencia positiva, lo cual no quiere decir que el movimiento de hoy quiera volver a los ochenta. En parte es una reacción contra los aspectos negativos del sandinismo de esa década. A veces algunos dirigentes de los ochenta no reconocen la parte negativa del gobierno de esa década. La dictadura de Daniel no es un legado de esa década, ese es un síntoma de algo más profundo, del autoritarismo del marxismo-leninismo, pero también viene del somocismo. Así funcionaba el somocismo. Tacho Somoza García tenía la política de “plata para los amigos, palo para los indiferentes, plomo para los enemigos”. Es la misma política del FSLN de hoy, ¿no? Hasta el carnet del FSLN sirve como “la Magnífica”, la tarjetita que probaba que alguien había votado por Somoza y que le servía a esa persona para recibir favores del gobierno somocista. “El comandante se queda” es un eco del “Somoza forever”. Los que no conocen su historia están condenados a repetirla. Te voy a contar. Cuando yo entré a trabajar con el FSLN en 1979, lo primero que vi es que quienes habían sido somocistas se organizaron en los CDS (Comités de Defensa Sandinista), en los sindicatos, en las cooperativas. Hasta eran los más activos, ya tenían experiencia. Algunos se quedaron en las fuerzas armadas. No los reconocidos somocistas, por supuesto. La gente cambia de bando fácilmente pero no cambia de mentalidad. En los noventa, un 11 de julio me encontré con alguien que había trabajado con el Comité Regional del FSLN en Bluefields; él andaba bien borracho y cuando me vio, me dijo: “Don Carlitos, ando celebrando porque, sabe, yo soy liberal pero sigo siendo sandinista”. Sonreí, pero dijo algo serio: es la misma gente, por eso las cosas no cambian. Algo negativo de los 80 fue que se violaron los derechos humanos. La revolución no necesitaba eso. Cuando el pueblo es el soberano no se le puede decir, les voy a construir una carretera o un centro de salud, pero ustedes no tienen derecho a sacarme del poder; yo voy a controlar las elecciones y se me pueden oponer pero tienen que ser zancudos; ustedes no pueden manifestarse contra mí porque yo estoy haciendo cosas buenas, y si salen a la calle para protestar los voy a reprimir. Hacer la carretera es un deber del gobierno, cuyos funcionarios, incluyendo el presidente, son servidores del pueblo. Hacer oposición es un derecho inalienable de un ciudadano. Vale recordar también que la Resistencia (Contra) en los 80 cometió violaciones a los derechos humanos de los nicaragüenses, y en eso contó con la complicidad de la administración de Reagan. Otros problemas del sandinismo de los años ochenta fueron la corrupción y la falta de libertad y democracia. Todos estos errores al final destruyeron la revolución.

¿Qué era el FSLN cuando retoma el poder por la vía electoral, en enero de 2007?

Ya no era un partido, sino que una empresa familiar. En los 80, por lo menos había una Dirección Nacional y se tomaban decisiones colectivas. Pero en el 2007 ya la familia de Daniel es dueña del FSLN. Los militantes de ahora son empleados. Algunos creen en la visión de Daniel pero otros están por interés, porque la calle está dura y el dueño del gobierno les asegura empleo o contratos, o los compran mandándolos a curar cuando tienen cáncer o cuando alguien muy cercano de la familia tiene cáncer. Carlos Fonseca pensaba que en un partido debían haber debates, varias propuestas de táctica y estrategia, de políticas públicas, elecciones, etc. En el FSLN no hay nada de eso. Este no es el FSLN de Carlos Fonseca. Él era un intelectual y quería que todos los militantes lo fueran.

¿Qué modelo sociopolítico puede surgir en Nicaragua, con lo que hoy llaman “revolución de abril”?

El levantamiento de abril fue una verdadera rebelión y contó con la participación de amplios sectores del pueblo nicaragüense. Hubo movilizaciones en varias ciudades, los tranques en muchas partes del país no se hicieron solos, la movilización del día de las madres fue multitudinaria. Esas son pruebas de que no es una minoría la que se levantó y está en pie de lucha. Si eso no es cierto, ¿por qué el gobierno prohíbe las manifestaciones? ¿Por qué no hace elecciones libres y honestas? Porque la gente de arriba sabe que no cuenta con el apoyo de la mayoría de los nicaragüenses. Sería bueno que esta rebelión produjera una república democrática, en la que existan libertades, como la de expresión, de manifestación, etc., y justicia y Estado de derecho. Esto sí se puede hacer y se sabe cómo construir instituciones democráticas. Hay que recordar que la república democrática es solo un mecanismo para resolver los problemas pacíficamente. Ella en sí no resuelve los conflictos de la sociedad, solo trata de asegurar de que los grupos sociales se confronten en un nuevo marco institucional. Lo mejor sería que la democracia fuera inclusiva, no solo formal, y que incluyera sujetos sociales que han sido marginados, como las mujeres, los campesinos, los pobres de las zonas urbanas, las comunidades indígenas y étnicas, los estudiantes, y sujetos sociales nuevos como la comunidad LGBTIQ e incluso la diáspora que usa el Estado nacional donde reside para hacer cambios en el Estado nacional de origen. Ya no vivimos en el tiempo de Sandino, ni siquiera en el de los años 80. La verdad es que hay que repensar y democratizar el Estado nacional, los partidos políticos, todas las instituciones, a la luz de esos sujetos sociales, pero también porque vivimos en un mundo interconectado por las nuevas tecnologías de la comunicación, las redes sociales, las cadenas internacionales de producción, la diáspora. Nos tenemos que adaptar a la “modernidad líquida”. Ahora, es difícil saber qué resultados va a tener el levantamiento de abril; hay muchos intereses en juego y yo no sé cuál es el estado de las fuerzas en conflicto. En cualquier momento de este proceso algo puede fallar y puede que no se llegue a democratizar Nicaragua, especialmente porque quienes se oponen a la democracia van a seguir oponiéndose activamente. Daniel no cree en la democracia y va a hacer lo posible para derrotar a este movimiento. Pero, hay esperanzas porque, según la mayoría de las encuestas, no las que el gobierno inventa, algunas huelgas que se han hecho, el Repliegue que no pudo entrar a Monimbó, parece que la mayoría de los nicaragüenses quiere que en Nicaragua se instituya un sistema democrático. La presión internacional también va a seguir. Si Nicaragua estuviera cerca de Rusia o China, un régimen dictatorial sería viable. Pero está en el mundo occidental y las clases dominantes de los países occidentales creen que solo una república democrática puede traer la prosperidad y la paz a un país. Y como Nicaragua depende de la ayuda internacional y de los préstamos de organismos multilaterales de Occidente, entonces, para no echar más dinero a un barril sin fondo, los políticos de Estados Unidos y Europa están presionando a Nicaragua para que instituya una república democrática.

¿Quién es?

Carlos Castro Jo (Bluefields, 1960). Tiene un doctorado en Sociología por la Universidad de Oregón. Es catedrático de Sociología en el Clark College en Vancouver, Washington, EEUU. Ha publicado ensayos sociológicos en Organization & Environment and The Monthly Review, y artículos de opinión en El Nuevo Diario y Confidencial. También ha publicado el libro de relatos El Pirata Morgan y otros cuentos (2015); los libros de poesía: Al margen de lo visible (2001), Insomnios y soliloquios (2009), Tambor de pueblo (2013) y Entre memes y selfis (2018); y el libro de ensayos La democracia en el pensamiento de Sandino, Chamorro y Fonseca (2019).