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El reportero de La Nación, de Costa Rica, que fue testigo del júbilo popular del 19 de julio de 1979, comenta que en el exterior nunca esperaron que Nicaragua llegará a los “niveles de autoritarismo, de represión” que hubo en los años ochenta.

La Revolución sandinista se convirtió “en la mayor decepción”, ante la expectativa democrática, afirma Edgar Fonseca Monge en esta entrevista con El Nuevo Diario.

¿Cómo fue su experiencia cuando vino a cubrir el triunfo de la revolución, el 19 de julio de 1979?

Yo había estado cubriendo para el diario La Nación, el conflicto de la zona fronteriza de Peñas Blancas durante aproximadamente 3 meses consecutivos que fue la etapa final cuando se dio la salida de Somoza Debayle. Eso fue a la medianoche del 17 de julio. Se me indicó que me acercara a la frontera para ver si podía cruzar hacia Nicaragua, sin embargo, ese día no fue posible debido a que aún había bolsones de guardias somocistas de la zona limítrofe. La guerrilla que comandaba Edén Pastora logró fijar la posición, sobre todo, del punto de Sapoá para el 18 y fue cuando pudimos cruzar hacia Peñas Blancas, Sapoá y llegar hasta Rivas, donde se veía todavía humeante el cuartel, se veían guardias que iban caminando, iban detenidos y esposados con alambres de púas. Eso, a mí no se me olvida. Cruzamos rápido por Rivas y continuamos hasta Masaya; de Masaya no pudimos pasar esa tarde ni en la noche, porque las condiciones de seguridad eran bien complicadas y se nos advirtió que podíamos pasar hasta el día siguiente, el 19 de julio, que fue el día en que entraron los diferentes frentes a Managua desde el norte, desde el sur y desde las distintas regiones.

¿Cuántos periodistas venían?

Éramos varios periodistas que estábamos en la frontera, cubriendo aquella situación del conflicto, de diferentes agencias, de diferentes medios que nos movilizamos y llegamos la tarde del 18 de julio. Pasamos la noche del 18 en el centro de Masaya, en nuestros carros. De ahí nos alistamos para movilizarnos con la entrada de las tropas guerrilleras la mañana del 19 al centro de Managua.

¿Cuál fue su impresión cuando ingresó a managua, hace 40 años?

Me llamó la atención la cantidad de fuerzas guerrilleras movilizándose de un lado al otro por las calles de la ciudad. ¡Impresionante! Se veían en todos los contornos, de todas las direcciones moviéndose, si mal no recuerdo, con mucha euforia por lo que estaba ocurriendo. Uno de los detalles fue ir a una zona donde estaba una estatua de Somoza y que la guerrilla había derribado en aquellas horas, la estatua de Somoza montado sobre un caballo la derribaron con unas cuerdas y fue parte de las imágenes que más le llamaron a uno la atención en aquellas primeras horas… Un ambiente también de mucha esperanza, respecto al cambio que se estaba dando, después de una prolongadísima guerra, de los últimos 10, 15 años en Nicaragua contra la dictadura de Somoza.

¿Qué más le impactó?

Miles y miles de guerrilleros; miles y miles de personas reunirse en las inmediaciones de la plaza, frente a la vieja catedral destruida por el terremoto del 72. Esa es una imagen que le queda a uno en la retina, que le queda en la memoria; escuchar las ráfagas de disparos de fusiles, que las hacían a cada instante, escuchar las sirenas, ver la llegada de la junta de gobierno nacional compuesta por civiles y comandantes del Frente Sandinista; junta que luego fracasó, al año del inicio de la revolución, al asentarse en el poder la dirección nacional del Frente Sandinista. Gritos, abrazos, emociones, llantos, gente que tenía meses y años de no verse, gente que creía que sus amigos y familiares habían fallecido y se vinieron a encontrar ese día en Managua. Realmente, a uno le paraba los pelos sentir aquello, la esperanza que existía de un gran cambio en el futuro democrático institucional de Nicaragua.

Edgar Fonseca entrevista a Violeta Barrios de Chamorro, el 13 de septiembre de 1983 en Managua. Barrios formó parte de la primera junta de gobierno, instaurada el 19 de julio de 1979, y pronto se retiró por desacuerdos con la conducción del FSLN. Cortesía/END

¿Cuáles han sido sus coberturas más tensas en su trayecto periodístico?

Cuando me preguntan cuáles han sido las coberturas más impactantes en mi carrera, mencionó la entrada de las fuerzas guerrilleras a Managua, porque habíamos vivido de cerca todo el conflicto de la zona limítrofe, y porque queda una gran expectativa en Costa Rica en cuanto al cambio que se podría producir en Nicaragua, sobre todo de orden democrático. Se había dado un cambio radical al salir huyendo el dictador, fue un escenario de enfrentamiento de potencias globales con su epicentro final en la caída de la dictadura aquel 19 de julio de 1979.

¿En qué circunstancias cubrieron ese conflicto de nicaragua?

La cobertura se dio con un tono de inseguridad latente. Andábamos cerca de campamentos guerrilleros, toda la zona limítrofe, sobre todo el área de Peñas Blancas, estaba cubierta por ese ambiente de efervescencia; escuchábamos enfrentamientos, retumbos de morterazos, fuimos testigos de la llegada de heridos y sobrevivientes, también de la llegada de heridos agonizantes, de guerrilleros que no pudieron sobrevivir a algunos de los enfrentamientos que se dieron en Peñas Blancas, Sapoá, Cárdenas. Posteriormente, nos vimos expuestos a una tragedia, como fue el atentado de La Penca, en 1984, en la zona limítrofe de Costa Rica y Nicaragua.

¿Cómo fue eso?

5 años después de la llegada al poder de la guerrilla sandinista, se produce la escisión, el rompimiento de Edén Pastora, a quien habían marginado como viceministro de Defensa en el gobierno de la Revolución; y se da el escenario de creación de fuerzas guerrilleras antisandinistas en las zonas fronterizas de Costa Rica y Nicaragua, lo cual nos llevó a hacer una serie de coberturas que culminaron en 1984 con el atentado de La Penca, del que fuimos sobrevivientes.

¿Qué ocurrió ese día?

La frontera, particularmente la zona del Río San Juan, se convirtió en escenario de grupos guerrilleros antisandinistas comandados por Edén Pastora. De nuevo volví a la zona como reportero del diario La Nación y para abril y mayo de 1984 se intensificaron las incidencias bélicas. Aproximadamente el 29 de mayo fuimos convocados a la conferencia de prensa, para encontrarnos al día siguiente con Edén en ese punto del Río San Juan, La Penca. Viajamos desde San José hasta San Carlos de Costa Rica, luego a Boca Tapada y luego a la boca del río San Juan. Llegamos a ese sitio a las 4:30 o 5:00 de la tarde de aquel miércoles 30 de mayo. La conferencia de prensa estaba citada para el día siguiente, sin embargo, a las 6:15 de la tarde, mientras estamos intercambiando con algunos de los guerrilleros y habíamos intercambiado incluso con Edén, alguien dijo: ‘El comandante va a hablar’. Fue algo improvisado, imprevisto y aproximadamente a las 6:30 se inició esa conferencia de prensa que no duró más de 10 o 12 minutos, porque fue en cuestión de instantes que se produjo la explosión que nos tumbó o lanzó a los periodistas que estábamos rodeando a Edén Pastora en aquel rancho, en un segundo piso. Unos quedamos más heridos que otros, unos agonizaron al lado de nosotros en medio de un ambiente de caos que se prolongó por al menos tres horas, hasta que empezamos a ser evacuados aquella noche para ser movilizados a hospitales de San Carlos de Costa Rica, a medianoche y las primeras horas de la madrugada del jueves.

¿Le dejó secuelas a usted, esa explosión?

Hay unas secuelas básicas, físicas, pero, bendito sea el Señor por la oportunidad de vida que me dio en aquel momento. Las secuelas no fueron mayores, porque no me han impedido continuar ejerciendo el periodismo 35 años después. Una de las periodistas fallecidas es Linda Frazier y fallecieron dos de Canal 6, de Costa Rica, un camarógrafo y un asistente. Murieron al menos cuatro guerrilleros y hubo una treintena de personas lesionadas, unos más graves que otros.

¿Cuál fue la posición del gobierno de costa rica ante el atentado de la penca?

Primero, generar una respuesta a nivel internacional por la acción que se había cometido, fuese quien fuese el supuesto responsable que hasta la fecha sigue impune. Se generó una condena internacional, se generó una investigación local que lamentablemente a estas alturas no ha llegado a sentar en el banquillo de la justicia, ni a los autores directos de la acción, uno de los cuales se supone falleció en un atentado en un comando militar en Argentina, ni a los autores intelectuales de aquella acción, de la cual muchas versiones apuntan hacia el Ministerio del Interior de Managua.

¿De qué manera esos eventos han impactado en su vida profesional?

La Penca pudo haber despedazado parte de mi vida, pero no despedazo mi pasión por el periodismo, y en ese sentido yo me resistí a lo largo de este tiempo a ceder cualquier espacio profesional. Continué ejerciendo; estoy ejerciendo. En lo personal, no permití que La Penca afectara mi carrera profesional, me sobrepuse dichosamente, pude continuar ejerciendo hasta el día de hoy.

Edgar Fonseca Monge dirige hoy su propio medio de comunicación digital.Cortesía/END

¿Cómo comenzó la revolución sandinista y cómo ve que concluyó?

Se lo sintetizó, como periodista, pero, sobre todo, como ciudadano de una nación amante de la institucionalidad democrática: la evolución de la Revolución sandinista muy temprano se convirtió en la mayor decepción para las expectativas que se habían creado.

¿Por qué?

Porque Costa Rica había empeñado todo su compromiso y respaldo a un cambio democrático, institucional, en Nicaragua que pronto, muy temprano, se notó que esa no era la ruta escogida por la dirección nacional del FSLN. De pronto se vio embarcada en una guerra brutal, interna que acabó con la economía de Nicaragua, que generó miles de muertos, que generó represión en todos los niveles hasta culminar con un ambiente autoritario que jamás, en la expectativa de la opinión pública de Costa Rica, con el apoyo que se le había dado a la Revolución sandinista a lo largo del camino en su lucha contra la dictadura de Somoza, jamás se esperaba que llegará a esos niveles de autoritarismo, de represión, envolver a Nicaragua en aquel ambiente antidemocrático que jamás se esperaba.

Sobre las protestas antigubernamentales iniciadas el 18 abril de 2018, ¿Cuál es su punto de vista?

Nos queda la impresión de que el período de terror sembrado desde el 18 de abril de 2018 sobre la población de Nicaragua, condenado por instancias internacionales, condenado por la OEA, condenado por la ONU, condenado por comisiones interamericanas de derechos humanos, con los más de 300 muertos, con los centenares de presos políticos que están siendo liberados aún, con las fuerzas paramilitares, los escuadrones de la muerte denunciados hasta el día de hoy por potentes voces de la disidencia, del periodismo independiente en Nicaragua, al que amenazan, que reprimen, que condicionan la vida institucional del país, pues, muchísimo daño le está causando en este período a la percepción que se tiene del país y de su régimen. Sin duda, una dictadura que evolucionó a niveles peores de los que conocimos hace 40 años, cuando se generó aquella gesta y aquella lucha; aquella revolución que contó con un respaldo multitudinario internacional y que se convirtió en una mayor decepción y que se viene a ratificar con el estado represivo que se ha denunciado, que se está viviendo en Nicaragua en estos tiempos, no se lo merece este país, se merece un mejor sueño.

¿Cómo ve la situación de los periodistas nicaragüenses independientes?

Son decenas de periodistas de Nicaragua los que están en estos momentos refugiados en Costa Rica, en condiciones bastantes terribles para el ejercicio de su labor profesional, pero no solo por las limitaciones de acá en estos momentos, sino por el grado de persecución al que fueron sometidas sus familias, luego del estado de represión que se desató con la rebelión cívica que estalló en Managua el 18 de abril del año pasado.

¿Quién es? Edgar Fonseca Monge

Dio sus primeros pasos en el periodismo en su natal Aserri, Costa Rica, como corresponsal de La Prensa Libre y La Nación. En 1975, se integró al equipo de periodistas de La Nación, en San José, donde llegó a fungir como editor, jefe de información y jefe de redacción. Hoy está dedicado a su propio medio, Puroperiodismo.com.