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El mantenerse con la luz apagada por las noches, no poder obtener un mejor trabajo por falta de documentos y evitar salir a las calles en días libres, es parte del relato dramático que brindó la nicaragüense Herminia (nombre ficticio) al periodista Michael Barbaro, del diario The New York Times, ante el anuncio de las redadas contra indocumentados que anunció el gobierno de Estados Unidos.

Herminia dijo que cuando le negaron la petición de asilo, su abogado le explicó que tenía orden de deportación, por lo que vendieron el carro, pues considera que no puede tener licencia de conducir y ningún documento por estar ilegal en EE. UU.

Posteriormente, solicitó asilo y mientras estaba en trámite, le otorgaron un permiso de trabajo, pero cuando se lo negaron, sintió que perdió todo y tuvo que buscar empleo como ama de llaves y niñera.

PROBLEMAS ECONÓMICOS

Herminia cuenta que su esposo trabaja en una línea de cruceros y que perdió su trabajo, pero al regresar a Nicaragua tuvo que pasar por Miami y le dijo que tenía que quedarse allí y ella se iría después en busca de un futuro mejor para su hija, y así lo hicieron, aunque al principio la niña (entonces de seis años) se quedó en su país.

La nicaragüense contó que cuando les rechazaron el asilo, en el 2006, decidió apelar, pero el juez lo rechazó de nuevo y ella y su pareja tomaron la decisión de quedarse ilegalmente en Estados Unidos, porque consideraron que no podían regresar a Nicaragua. Era el tiempo en el que el entonces presidente George Bush estaba hablando de la reforma migratoria.

Agregó que lo que hizo entonces fue llevarse a su hija y logró hacerlo a través del aeropuerto, como una turista.

"No quise - y dije que no, no. Este no es un lugar para criar a mi hija. Así que, 2006 - apelo, pero el juez lo niega nuevamente. Recuerdo a Bush: el presidente Bush estaba hablando sobre la reforma migratoria y mi familia solía decirme que no me fuera. No planee volver a Nicaragua, porque las cosas van a mejorar aquí. Vas a tener tu oportunidad de arreglar tus papeles. Pero me quedo y digo, ok, ok, mientras no tenga una orden de deportación, estoy bien. Lo que hice, en medio de mi intento de obtener mi asilo, tuve la oportunidad de traer a mi hija. A través del aeropuerto, también", relató.

“Y yo le dije (a la niña) te vas a quedar, te vas a quedar, no vas a volver, estamos aquí, e intentaremos hacer todo lo posible para que podamos quedarnos aquí en este país”, dijo Herminia.

Agregó que después de la negativa del asilo, ella no sabía que eso significaba que tenía orden de deportación automática, algo que supo cuando visitó al abogado en el 2010.

“El abogado llamó a este teléfono gratuito de Seguridad Nacional, donde colocó su número de extranjero. Y puso mi número de extranjera y escuché el mensaje que dice que el juez negó el caso de esta persona (ya sabe, diga mi nombre) y emita la orden de remoción. Y él dice, ya ves, tienes una orden de deportación. Oh, Dios mío, cuando me dice eso, todo se desmorona. Mi cara estaba tan caliente. Y yo digo, Dios mío, no puedo creer esto. ¿Qué? No no. Es imposible. Yo digo, ¿por qué tengo una orden de deportación y nadie me dice nada? Nadie me dice nada. Entonces, él dijo, no, no siempre hacen eso, pero usted tiene una orden de deportación. Así que ten cuidado. Trate de no quedarse en un lugar durante muchos años. Él me dio un consejo”, relató Herminia.

Recordó que tras salir de la oficina del abogado le dijo a su esposo: "necesitamos hablar". Y le explicó lo que le pasó y que si a ella le pasó, igual podría pasarle a él.

“Entonces le dije ¿qué vamos a hacer? En ese momento él estaba trabajando en la construcción, y comienzo a trabajar como ama de llaves, porque ya no tenía mi permiso de trabajo”, afirmó.

NO ERAN LOS ÚNICOS

Herminia dijo al periodista que al principio pensó que eran los únicos con el problema de estar como ilegales en Estados Unidos, pero luego supo de personas que llevaban hasta 15 y 17 años sin papeles en Estados Unidos.

El presidente de EE. UU. Donald Trump, ha endurecido las legislación para los migrantes. AFP/END“Y yo estaba como, oh, bueno, bueno, es algo que, lo creas o no, te ayuda mucho, porque está bien, no estoy sola en esto. No estoy sola. Así que digo, está bien, ¿Sabes qué? Me voy a quedar aquí. Voy a tratar de vivir mi vida. Intentaré trabajar, alimentar a mi familia e intentar mantener la calma hasta que un día veamos la luz”, manifestó Herminia.

La mujer, en su relato, dijo que pese a estar indocumentada, nunca sintió miedo hasta ahora.

"Siento ahora que el miedo está allí todos los días, porque el presidente Donald Trump se asegura de recordarme que vienen por mí, que me van a atrapar, que me van a devolver a casa y que si tuviera una enfermedad mental, ya estaría loca", dijo.

“A veces lloro, porque no es agradable escuchar a alguien que te dice todos los días, tú eres esto, tú eres esto, tú, tú eres como, oh, Dios mío, ¿Qué hice mal? ¿Solo quedarme en un país donde quiero sentirme segura? No lo sé. No lo sé. En este momento, estoy en mi auto hablando con usted, y lo sé, cuando cruce esa puerta, tengo que apagar esa luz y quedarme en mi habitación. ¿Por qué?”, expresó.

Afirmó que desde que se anunció el plan de las redadas de inmigrantes, comenzó a recibir llamadas de amistades que le preguntan si está bien, si está preparada y le piden que no se asuste, que tenga cuidado, porque están buscando personas que tengan una orden de deportación.

Además de los peligros para llegar a Estados Unidos que enfrentan los migrantes, tienen que enfrentarse a la búsqueda de empleo sin papeles. ARCHIVO/END

“Decidimos quedarnos en casa, pero nosotros, ya sabes, con reglas. Nadie va a abrir la puerta. Nadie. Tengo una nota, una nota grande delante de mis puertas que dice, no abra la puerta. No respondas entonces cuando alguien viene a tocar a mi puerta, tenemos que ir a la habitación de mi hija para revisar a través de la ventana de su habitación para ver quién está llamando a la puerta antes de abrirla. La ventana está abajo. Está cerrada”, añadió.

Dijo que la luz de la sala la mantienen apagada, la televisión con el volumen muy bajo y solo una pequeña lámpara que evita que se pueda ver adentro.

Agregó que su vecina, que es ciudadana estadounidense, le ofreció su apoyo y antes de salir a trabajar, la llama a ella para saber si hay alguien afuera.

Herminia afirma que el Gobierno dice que tienen que hacerse las cosas legales, pero ella pregunta, “¿Cuál es el camino legal? Si estuviera en mi país en este momento, ¿cuál es la forma legal de venir aquí y quedarse aquí?”.

“¿Sabes por qué amo este país? Porque tengo mis tres veces de comida, porque ahora puedo salir y decir lo que quiera, porque tengo libertad para hablar. No puedo hacer eso en mi país”, apuntó.