• |
  • |
  • AFP

Durante 24 años, el costeño nicaragüense John Pondler ha trabajado en cruceros. Ha recorrido el mundo y ha conocido a mucha gente, pero el 80% de ese tiempo ha estado separado de su familia.

Cuando empezó, Pondler planeó que se dedicaría al oficio de trabajar en cruceros solo por dos años.

288 meses después, este hombre originario de Bluefields, Caribe Sur de Nicaragua, tiene el cargo de Administrador Camarero y bajo su responsabilidad hay 17 cabinas que debe dejar impecables dos veces al día en el crucero Norwegian Gem, que en verano zarpa en Boston y viaja a la paradisiaca isla de Bermuda.

“Cuando empecé a trabajar en crucero, mi meta era trabajar solo dos años, pero la situación de Nicaragua nunca cambió, entonces para estar de indocumentado en los Estados Unidos sin poder ver a mi familia, preferí seguir trabajando en cruceros. Yo sé que después de 8 meses sin ver a mi gente, tendré 2 meses de vacaciones para estar con ellos”, explica.

Pondler es uno de cinco nicaragüenses que esta temporada labora en el Norwegian Gem, quienes pasarán 8 meses consecutivos dentro del enorme mastodonte que se desliza sobre las aguas del Caribe, repleto de turistas.

John Pondler, un nicaragüense que tiene 24 años de trabajar en cruceros. Carlos Solís/END

Estos nicaragüenses admiten que muchas personas podrían pensar que trabajar en un crucero es un sueño hecho realidad, porque recorren el mundo, conocen a personas de muchos países, permanecen en una estructura de lujo y saben que el dinero que ganan (entre US$800 y US$1,000 al mes) prácticamente les queda completo.

Todo eso es cierto, admiten, pero agregan que detrás hay un enorme sacrificio, que pocos están dispuestos a pagar: pasar tantos meses lejos de casa y sin ningún familiar al lado.

Largas jornadas

Pondler afirma que el día de desembarque y embarque de los turistas trabaja hasta 13 horas seguidas.

Y cada vez que él sube al crucero, tiene claro que durante 8 meses estará sobre las aguas, lejos de la familia, perdiéndose los cumpleaños de sus seres queridos, así como las fiestas de Navidad y Año Nuevo.

El Norwegian Gem viaja con más de 3,000 personas. El hotel flotante cuenta con 14 pisos y con todo tipo de actividades para chicos y grandes.

En su actual travesía, sale de Boston, Estados Unidos, y llega a la paradisiaca isla de Bermuda. El viaje dura, ida y vuelta, 7 días, de los cuales pasa cuatro en altamar y tres en tierra firme.

En uno de los pasillos del crucero está el costeño de Laguna de Perlas, Bryan Bobadilla, quien es mayordomo de la cubierta en el piso 12, donde la mayoría de la gente se da cita para disfrutar de la piscina, la música en vivo y de la parrillada.

Bryan Bobadilla. Carlos Solís/END

Bobadilla lleva más de 10 años trabajando en cruceros y cumple 7 meses de no ver a su familia.

El costeño tiene una contextura de jugador de Grandes Ligas.

“Muchas veces me han dicho que qué hago trabajando acá, que yo debería estar jugando béisbol en las Ligas Mayores, ganando mucho más dinero que en el crucero”, dice riendo, mientras le pasa una toalla a uno de los turistas que atiende.

Para este costeño, lo mejor de trabajar en crucero ha sido viajar por todo el mundo.

Afirma que en cada puerto, a los empleados los turnan para darles tres horas libres para explorar la ciudad.

Luego, regresan al crucero para continuar con sus labores cotidianas.

Su contrato con la empresa Norwegian Gem es de 8 meses, con 2 meses de vacaciones.

El acuerdo se renueva de forma inmediata y así empiezan otros 8 meses laborales.

Los dos meses de vacaciones, Bobadilla los disfruta con su familia en Nicaragua. En el crucero no tiene que preocuparse por la alimentación ni el pago del hospedaje, porque todo va incluido en su contrato.

Bryan Bobadilla por Carlos Solís/END

Pero estar tanto tiempo lejos de su familia lo ha llevado a pensar en la renuncia.

“Es un trabajo muy agotador, creo que voy a estar un par de años más y luego me retiro para ir a ponerme un negocio a Nicaragua, quiero estar más cerca de mi esposa y mi hija”, señala Bobadilla, quien estudió Administración Turística y Hotelera en el American College.

Momentos duros

Warnar Martin Hannsack trabaja como camarero en el piso 4 del crucero. Toda su vida ha laborado en barcos.

Se trata de un costeño nicaragüense, originario de El Bluff, quien afirma que trabajar en un crucero no es nada fácil.

“Cuando te enfermás, te dan un día para que te recuperés; si no lo hacés, te aíslan para que no enfermés a tus compañeros. Si en ese tiempo no te recuperás, cuando llegamos a puerto te mandan de regreso a tu país y regresás hasta que estés completamente sano”, explicó.

Martin Hannsack, quien ha tenido su residencia en Managua por los últimos 20 años, dice que los momentos más angustiantes de trabajar en los cruceros es cuando llega Navidad.

“Es muy triste pasar Navidad en un crucero cuando eres empleado, porque uno trabaja más. Uno quisiera estar con su familia, pero no podemos, porque firmamos un contrato de trabajo”, relata.

Vista del piso 12 donde trabaja el Nica Bryan Bobadilla. Archivo/END

“Muchas veces, para Navidad, uno termina su trabajo cotidiano y después te llaman para ir a servir champaña a los huéspedes. Yo no soy mesero, no tengo experiencia como tal, pero tengo que ir. Muchas veces he tenido que presenciar el conteo regresivo del Año Nuevo, al finalizar el conteo la gente se felicita, se abraza, se besa, y lo único que pienso en ese momento es estar con mi familia para abrazarlos y besarlos”, cuenta Martin Hannsack.

Por su trabajo, este hombre se perderá la fiesta de los 15 años de su hija.

El idioma

Para trabajar en estos cruceros es clave hablar perfecto inglés. Lo sabe Omar Urrutia, un joven que usa ese nombre tras irse de Nicaragua, donde dice que participó como protestante opositor.

Oriundo de Matagalpa, Urrutia lleva 7 meses trabajando en el crucero, en el departamento de Duty Free, en el séptimo piso, como asistente de ventas.

El proceso para entrar a trabajar al crucero no es nada fácil, relata.

Warnar Martin Hannsack. Carlos Solís/END

Para eso, tuvo que pasar por un proceso riguroso durante un periodo de 6 meses, hasta que lo aceptaron.

Saber el idioma inglés le ayudó en su contratación.

“Cuando me informaron que me habían aceptado, me puse muy contento, no tuve mucho tiempo para despedirme de mi familia, todo fue muy rápido. Recuerdo que mi vuelo salió por la noche y llegué a Nueva York a la 3 de la madrugada, al día siguiente tenía que estar a la 8 de la mañana en el crucero, estaba súper cansado. Mi primer viaje fue al Caribe, los primeros días fue bien difícil, me dio mucho mareo y vómito, pero después me acostumbré a estar mucho tiempo de pie y al movimiento del barco”, explica.

Todos estos nicaragüenses, en el hotel flotante de 14 pisos, han ido recorriendo el mundo.

Pondler, durante sus 24 años de servicio, ha viajado como empleado de crucero por Europa, Asia, África, Alaska, Hawái, el Caribe y Centroamérica. Lo que más le ha gustado son los países nórdicos (al norte de Europa), por “ser bien ordenados”.

Las visitas a Nicaragua

En algunas ocasiones, los trabajadores de los cruceros tienen la suerte de que el viaje pase por su país de origen.

A Pondler le ha tocado disfrutar de momentos así, cuando el crucero llegó al Puerto de Corinto, en Chinandega.

“Lo primero que hice cuando me bajé del barco fue ir a comer comida nicaragüense con mi familia y recorrer Corinto. En el crucero nos dan prioridad para ver a nuestras familias cuando anclamos en nuestros países. La familia puede subir al crucero para que lo conozcan por dentro”, apunta.

Este costeño dice que tras 24 años de trabajo en los cruceros percibe que en Nicaragua las cosas no llegan a una solución definitiva.

Por eso cree que, como él cuando era joven, miles de nicaragüenses analizan la oportunidad de trabajar fuera del país.

Dice que para quienes buscan laborar en los cruceros, pueden aplicar en www.dufry.com, y aconseja que de ser aceptados, pongan mucho empeño en el trabajo para no ser despedidos.