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El organismo Diálogo Interamericano considera que la administración de Donald Trump está tratando al Gobierno de Nicaragua de manera diferente al de Venezuela, a la espera de que el presidente Daniel Ortega evite medidas más drásticas mediante el diálogo.

“La diferencia entre Venezuela y Nicaragua es que Estados Unidos está aún ofreciendo una oportunidad a Ortega para negociar al menos cuotas mínimas de concesión del poder político, específicamente reformas electorales consensuadas con la oposición”, dijo Manuel Orozco, director de programas de Diálogo Interamericano, organización con sede en la ciudad de Washington.

El bloqueo que Estados Unidos impuso a Venezuela esta semana podría tener repercusiones en Nicaragua, por la relación cercana del Gobierno de este país con el venezolano.

Orozco explicó a El Nuevo Diario que en Washington han percibido la situación política de Nicaragua como algo diferente a la de Venezuela, “porque el gobierno de Ortega había abierto canales de comunicación con la oposición y había mantenido algún nivel mínimo de comunicación con Estados Unidos”.

Sin embargo, la decisión de Ortega de terminar con el diálogo, en medio de un deterioro económico del país y la posibilidad de nuevas sanciones, le está dejando “su capacidad represiva” como “única arma de gobernabilidad”, porque su impopularidad “está creciendo en la medida que la gente va identificando al Gobierno como responsable de la crisis”, aseguró.

“El presidente Ortega autosaboteó su estrategia de salida al cancelar el diálogo, desconocer la legitimidad del movimiento opositor y desvincularse del compromiso con acuerdos negociados en marzo de 2019”, comentó el también investigador de la Universidad de Harvard.

Según Manuel Orozco, el 75% de los nicaragüenses cree que las reformas electorales y el cambio de magistrados del Consejo Supremo Electoral (CSE) son esenciales, pero también un porcentaje similar de la población está convencido que de haber elecciones, estas no serían transparentes.

“Ya en mayo 2019, más de la mitad de los nicaragüenses decían que esta crisis, la cual la identifican predominantemente en el campo económico, es responsabilidad del Gobierno”, añadió el funcionario de Diálogo Interamericano, un centro de análisis de políticas públicas, intercambio y comunicación en asuntos del Hemisferio Occidental.

Orozco destacó que el presidente Ortega “está cerrando sus espacios contra el cambio democrático y exponiéndose a mayores sanciones”.

El efecto venezuela

Sobre el bloqueo de EE. UU. al régimen de Nicolás Maduro, es un mensaje directo a que la intolerancia a países, como Venezuela es muy alta, opinó Orozco.

“La estrategia no esta orientada a sentar al Gobierno venezolano a dialogar con la oposición, sino a debilitar este frente, a su represión masiva y continuidad ilegitima en el Gobierno”, comentó.

Explicó que el escenario contra Venezuela es de un debilitamiento de las fuentes de ingreso, que van directamente al gobierno de Maduro. “Este Gobierno (Venezuela) depende exclusivamente de las transacciones de petróleo y cualquier disminución reduce su capacidad gobernativa y represiva, por lo que tendrá un efecto directo sobre las arcas del Estado”, puntualizó.

Sobre el bloqueo de EE. UU. al régimen de Nicolás Maduro, es un mensaje directo a que la intolerancia a países, como Venezuela es muy alta, opinó Orozco.Archivo/END

El bloqueo que el presidente Trump impuso al Gobierno venezolano, autoriza sancionar a terceros que hagan negocios con Caracas, advirtió el martes el asesor de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, John Bolton, quien recordó que este tipo de medidas funcionó en Nicaragua en la década de 1980.

Bolton aseguró que el bloqueo “funcionó en Panamá, funcionó en Nicaragua una vez, y va a funcionar allí otra vez, y va a funcionar en Venezuela y Cuba“.

Es el primer bloqueo que EE. UU. ejecuta en los últimos 30 años en el continente americano. Impuso bloqueos a Nicaragua en 1985 y a Panamá en 1988, mientras la medida contra Cuba sigue vigente desde 1962.

Manuel Orozco dijo que las decisiones del Gobierno nicaragüense, en julio pasado, de cancelar el diálogo con la Alianza Cívica por la Justicia y la Democracia; hacer cambios unilaterales a leyes del país sin consulta con la oposición y no aceptar opciones de negociación política, “cierra significativamente los márgenes de maniobra para la conciliación con la oposición y con la comunidad internacional”.

“Tanto para Estados Unidos como para muchos miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), estas acciones tendrán como resultado mayor presión sobre el gobierno de Ortega”, dijo.

El académico de Diálogo Interamericano advirtió que “esta presión incluye sanciones contra el círculo político, restricciones de visas, pero también un reconocimiento internacional de que la voluntad democrática en Nicaragua ha sido secuestrada por el Gobierno”.